¿Quién saca la cara por la Nación?

El único remedio para tantos males es el monopolio de la fuerza legítima del Estado, lo cual significa ejército y policía eficientes y bien dotados.

Después de experimentar por 30 años la Constitución Política de 1991, muchos son los grupos sociales minoritarios que pueden darse por satisfechos: sus intereses privados han sido recompensados de muchas maneras, según su capacidad de invención de “deudas históricas”, antiguos “agravios”, “estructuras patriarcales” y “olvidos estatales”. Que les aproveche.

La estrategia de discriminación positiva ad aeternum les funcionó muy bien, con lo cual los ciudadanos comunes y corrientes tenemos que soportar que los funcionarios públicos nos interroguen por atributos que nunca tuvimos ni poseemos: etnia, perspectiva de género, tribunal especial de justicia, privilegios y preeminencias. Que les aproveche, y démonos por bien servidos porque no nos tocan los azotes sentenciados por los indios del Cauca, ni los acosos sexuales de los gobernadores indígenas de la Guajira.

Lea también: Los fabricantes de la mala memoria colombiana

Pero, hay que comenzar a preguntar: ¿Quién saca la cara por la Nación? ¿Quién representa hoy los intereses estratégicos nacionales, si es que hay ese alguien? El relato de la conmemoración de los 100 años del Partido Comunista Chino puso en escena pública la cara de Xi Jinping, recordándonos que ese partido único es el que saca la cara por el destino estratégico de la Nación china, cuyo formidable ejército e ingresos fiscales derivados de sus multinacionales le permitieron, en los 30 años de vigencia de nuestra Constitución, dar un salto que a las otras potencias les tomó siglos. Como aquí no se oyen sino facciones políticas cada vez más atomizadas, una cacofonía estruendosa de voces defendiendo intereses privados y un olvido de los intereses comunes de la nación, comencemos examinando una de esas opiniones perversas para ejemplificar la necesidad de formular cada día la pregunta del título.

Expresó una columnista que lleva la voz de las nuevas feministas un argumento que en China le hubiera costado algo. Preguntaba ella: ¿para qué me sirve una mujer de vicepresidenta y una joven mujer de presidenta de la Cámara de Representantes, si ellas no se oponen a la guerra? Como las guerras no serían más que resultados de un supuesto “machismo estructural”, las mujeres colombianas no deberían ni participar en guerras ni menos parir hijos para las guerras.

Puede leer: ‘La sociedad secreta más grande del mundo’: entre críticas y una historia oscura, el Partido Comunista Chino celebra su centenario

Esta convocatoria a no parir hijos para la guerra es, en el fondo, el viejo reclamo Gólgota que en 1854 intentó abolir el ejército permanente y la carrera militar, obligando al general José María Melo, un militar de honor y profesión, a cerrar el Congreso en la madrugada del día en que esta ley se iba a aprobar. Pagaría con su vida en un ejército mexicano al servicio de Benito Juárez su atrevimiento, pero la disolución del ejército nacional durante la nefasta Guerra de los Mil Días, mientras perseguía a las guerrillas liberales, hizo que el general Rafael Reyes y Rafael Uribe Uribe pusieran empeño conjunto para crear la Escuela Militar que los intereses estratégicos de la Nación reclamaban.

Las mujeres de casi todas las naciones hacen parte hoy de sus ejércitos, pero eso es algo que todos los observadores extranjeros registraron ya durante las guerras de nuestra independencia. Ejemplifiquemos con Richard Bache, un oficial del Ejército de los Estados Unidos que recorrió el país en 1823: al encontrarse en el camino con el ejército del general Rafael Urdaneta vio que muchas mujeres cerraban la retaguardia, muchas a pie y otras en equinos. Incluso una de esas amazonas criollas le había prestado su burro a su marido enfermo, “y marchaba alegremente a su lado, llevando el morral, el correaje y el fusil”.

El nuevo ejército de China, dotado de los mejores recursos tecnológicos y con miles de mujeres en sus filas, sirve a los intereses estratégicos de esa nación. Que les aproveche. Pero aquí tenemos que un senador de la República, el lugar donde idealmente se debaten los intereses estratégicos de la Nación colombiana, hace una colecta de 300 millones para dotar a un grupo juvenil de combate callejero contra los policías antimotines, mientras sus partidarios piden la extinción de ese cuerpo policial. Es como si las bandas de maras de El Salvador pidieran la eliminación de los nuevos cuerpos armados organizados por el presidente Nayib Bukele para controlar sus acciones.

Allí donde se crea un nuevo Estado nacional, sus estadistas solo piensan en su seguridad, y eso significa un monopolio de la fuerza armada, no compartida con nadie más. Recuerden a Israel, un Estado proclamado el 14 de mayo de 1948, que un día después fue invadido por los ejércitos de cinco naciones vecinas. Tuvo que sacrificar el uno por ciento de su población de ese entonces para defender su territorio nacional, y desde entonces el servicio militar de las mujeres es obligatorio por 24 meses. Una enmienda de igualdad aprobada en 2000 para la ley de servicio militar estableció que “el derecho de las mujeres a servir en cualquier rol en las fuerzas militares es igual al derecho de los hombres”.

Más de Armando Martínez: Presidente, por los wayuu, tumbe la ley de los apellidos

Y nosotros, con 200 años de existencia como Estado nacional, ¿todavía debatiendo si necesitamos un cuerpo de policía profesional? ¿Senadores apátridas dotando a las pandillas de la “primera línea” para que enfrenten a la policía de su nación? ¿Un bárbaro cayéndole por la espalda a una mujer policía con una patada voladora? Podemos sufrir a algunos varones que opinarán que no van a preñar a mujer alguna para no darle hijos a la guerra, pero serán una exigua minoría, y esto puede ocurrir en un país que no es serio.

Desde la década de 1960 nos hemos tenido que aguantar los daños de quince grupos guerrilleros que cualquier desocupado organizó con cualquier pretexto ideológico. ¿Cuál es el único remedio inventado en la historia? Se llama monopolio de la fuerza legítima del Estado, lo cual significa ejército y policía eficientes y bien dotados. No tiene mayor importancia a cuál ministerio público se adscriban los cuerpos policiales, pues como diría Deng Xiaping, “no importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato”.

Monopolio de la fuerza

En una nación moderna, al monopolio de la fuerza corresponde un monopolio de los recaudos fiscales sobre todos los ciudadanos. Pero aquí tenemos que muchos dirigentes políticos se atribuyen como triunfo político impedir alguna reforma fiscal para aumentar los ingresos públicos. Normalmente son los mismos que inventan nuevos gastos públicos y exenciones fiscales para sus seguidores, configurando una lógica absurda: que la Hacienda Nacional gaste más y cobre menos.

Un ministro de Hacienda que se ideó una reforma completa para resolver un grave déficit fiscal es presentado como un malvado. ¿No era acaso su trabajo? ¿No debían los legisladores atemperar los excesos de su proyecto en determinadas circunstancias? Pero no, aquí cualquiera sale a bloquear las carreteras y a destruir riqueza ajena, sin representarse más que a sí mismo, para venir a decir que un paquete de reformas fiscales es su obra. ¿Acaso los “honorables” congresistas no están obligados a hacerse respetar por su sabiduría en asuntos de Estado y de Nación?

Cada día es más urgente, en esta cacofonía de voces de intereses particulares, bien sea de grupos minoritarios o de regiones, que alguien saque la cara por la Nación colombiana, es decir por sus intereses estratégicos. La lucha contra el formalismo y el burocratismo ha sido el propósito de la más reciente acción política de Xi Jinping. ¿No necesitamos algo de esa receta milagrosa?

Le puede interesar: Y, ¿dónde están los sociólogos?

1 Comentarios

Deja un comentario

Diario Criterio