Raizal es Mar. Letanías de emancipación

Mar con “erre” de raizal, con “a” de arraigo y con “eme” de madre.

Alguna vez un sabio abuelo raizal y reconocido capitán de navío me dijo: “Tú tienes que entender el mar, tienes que tener sentimientos por él. Porque entre más cosas bonitas sientas por el mar, más fácil y rápido aprendes de él. El mar es hermoso, solo tienes que aprender a hablarle y a escucharlo. Porque tú dependes de él para vivir y necesitas sobrevivir” (Antonio Archbold, 2003).

El mar es alguien. Un ser viviente. Y no cualquiera, el más sagrado y adorado. Es la madre, el origen. Desde hace milenios los raizales, y también la cosmología del pueblo indígena kogui, lo declaman: “Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No había sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas. El mar estaba en todas partes. El mar era la madre. La madre no era gente, ni nada ni cosa alguna. Ella era el espíritu de lo que iba a venir. Era pensamiento y memoria“.

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Todos conocemos el mar desde el vientre, pero solo ellos, los raizales, han estado siempre allí, mar adentro. Ellos saben de derechos bioculturales antes que nosotros. No han necesitado siglos ni tecnicismos rimbombantes para entender que el mar no les pertenece a los humanos, sino que los humanos le pertenecen al mar. Sin privilegios, como cualquiera de las demás especies. Razón por la cual la Corte Constitucional y la Corte Suprema, al igual que declararon al río Atrato y a la selva amazónica como sujetos de derechos siguiendo un enfoque ecocéntrico (sentencias T-622 de 2016 y 4360 de 2018, respectivamente), deberían proclamar ese mar como sujeto de derechos, por ser en sí misma una existencia merecedora de protección. No en vano en el año 2000 se declararon las islas y su amplio mar como Reserva Mundial de la Biósfera Seaflower.

Un enfoque relativamente “novedoso” (al menos en la jurisprudencia nacional), que no es otra cosa que lo que hace décadas vienen diciendo varios raizales, aunque no sea en ese lenguaje frígido de los estamentos judiciales, como lo es la Corte Constitucional, que dice: “se concibe a la naturaleza como un auténtico sujeto de derechos que deben ser reconocidos por los estados y ejercidos bajo la tutela de sus representantes legales, verbigracia, por las comunidades que habitan o que tienen una especial relación con ella” (T-622 de 2016).

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No han sido pocas las veces que les he oído decir a los pescadores raizales “hoy el mar tenía rabia”; “el mar estaba contento y fue una gran faena”; “ojalá el mar no amanezca aullando”; “el mar estaba cansado y la pesca estuvo mala”. Sin romanticismos ni exotismos del buen salvaje, simplemente la mirada de hombres y mujeres de agua salada que, como decía Tonny Archbold, escuchan y entienden su mar, como quien habla con el más veterano de los sujetos.

“Todos conocemos el mar desde el vientre, pero solo ellos, los raizales, han estado siempre allí, mar adentro. Ellos saben de derechos bioculturales antes que nosotros”.

Yo me pregunto si el Estado colombiano o el nicaragüense, o incluso la Corte Internacional de Justicia (CIJ), han escuchado a ese mar. Fantaseo esa conversación. La imploro. No imagino las preguntas que le harían o lo que entenderían de sus respuestas. Porque no han comprendido nada.

Tres actores que llevan dos décadas en un tablado sobre ese mar, en el que montaron una escenografía de tribunal, se dividieron los papeles entre los que juegan a ser dueños y los que hacen de jueces todopoderosos, y van a la deriva balbuceando libretos con disfraces sombríos y peluquines ensortijados de algodón. Ese minúsculo planchón flota sobre la inmensidad del mar: esa matrona aguamarina que los sostiene a salvo. Pero ellos no la ven, no la escuchan, no la determinan, así ella sea capaz de definir su destino o su naufragio.

Igual sucede con los raizales. Ellos, los pobladores originarios de ese maritorio (porque el mar también es su territorio), durante quince años le rogaron al Estado colombiano que los escuchara y los dejara participar en el litigio. Quién mejor que ellos para defender lo que es suyo.

Pero no, esa configuración estatal que se dice “moderna”, en la que unas élites siguiendo el manual de otro continente trazaron un mapa arbitrario y se inventaron la soberanía para nombrar como suyos los territorios tradicionales de otros, no lo permitiría. Sería reconocer que todos esos artificios y tecnicismos jurídicos sobre los que se fundó el estado, no son más que trucos de magia con los que aquello que por derecho ancestral es de otros pueblos, en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en “propiedad” de una nación que nació herida de muerte.

Si desde 2001, que empezó la tormenta, alguno de los tres gobiernos que siguieron hubiera decidido incluir a los raizales en el proceso, antes de que Santos lo hiciera en su segundo periodo presidencial, la historia sería otra. Seguramente, los representantes del estado colombiano no estarían en semejante extravío, actuando en su planchón junto a los funcionarios nicaragüenses y a los jueces de la CIJ, sin saber hacia dónde remar.

Porque los raizales, al igual que su mar, son los únicos que hubieran podido enderezar la travesía, evitar el náufrago y llegar a un buen destino. Pues entre otras, como pueblos étnicos originarios, tienen el derecho a decidir su propio destino conforme al Convenio 169 de la OIT ratificado por Colombia mediante la ley 21 de 1991, y a una amplísima jurisprudencia de la Corte constitucional.

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En 2016, cuando ya no había nada que hacer respecto a la primera demanda de Nicaragua (la CIJ determinó en 2012 que 75.000 kilómetros cuadrados de mar pasarían al vecino país), y luego de fuertes presiones de la población insular, el gobierno decidió involucrarlos a través del “raizal team”. Un grupo de raizales que lleva en su cuerpo el conocimiento de un pueblo que, desde el primer día de la tempestad, le dijo al gobierno que orientara la travesía bajo las coordenadas de los derechos ancestrales del pueblo raizal y de los derechos medioambientales. Pero el estado no escuchó, siguió su mirada falocéntrica de machitos patrióticos que pelean por territorios que, además, no les pertenecen.

El pasado viernes primero de octubre terminaron las audiencias sobre otra de las demandas de Nicaragua por “violación de derechos soberanos y espacios marítimos en el mar Caribe”. Allí, el equipo jurídico de Colombia al fin apeló a los derechos de pesca tradicional y de uso ancestral de los raizales del territorio y, por primera vez en la historia, le cedió la voz a un raizal en los estrados de La Haya.

Pescadores raizales
Pescadores raizales

Aplaudo esas decisiones a pesar de que debieron tomarse desde el principio, y de que sea una clara instrumentalización del pueblo raizal por parte del gobierno. Aunque también es una estrategia de resistencia por parte de los raizales, ya que no hay otra alternativa para defender lo poco que queda, debido al desastroso escenario al que llevó todo el Estado colombiano por arrogancia y desconocimiento.

No es genuina la repentina defensa del gobierno desde el reconocimiento a los raizales como pueblo étnico. El estado colombiano no ha entendido la insularidad y ha generando históricamente políticas lesivas. Tampoco le ha importado lo que ha considerado su patio trasero, donde botan los desperdicios de un turismo masivo y depredador que lo único que ha hecho es poner en riesgo la pervivencia de un pueblo originario que hoy es minoría en su territorio.

Los raizales son un manto de hermandad con los pueblos caribes de las islas y costas aledañas. Un tejido de hebras de agua y caracolas de creole que se conectan con los brazos y abrazos del mar. No son disputa. Siempre han dicho que la única manera de resolver estos asuntos es sentándose con las comunidades originarias de ambos lados de la frontera para despojarse del ruido que ha generado entre ellos las peleas de otros que no viven allí, pero que se proclaman dueños y señores de ese mar. Así afianzarían la convivencia para definir, conforme a sus particularidades culturales, unas pautas de manejo común sobre un espacio marino de uso ancestral, y para hacer valer los derechos ambientales que les permitirían salvaguardar su madre agua, su tierra líquida. 

Pero seguimos en un mundo al revés, y en vez de continuar con puestas en escena de dos machitos en un rin flotante con un árbitro de una posguerra que tampoco fue de ellos, debería reconocerse un tribunal en el que los raizales, como sujeto étnico y el mar como sujeto de derechos, decidieran su destino. Pero no solo el devenir en este zaperoco patriarcal entre Nicaragua y Colombia, sino en su relacionamiento estructural con la Colombia continental.

Estamos en mora de garantizar, de fondo y sin miedo, el derecho a la autodeterminación de este pueblo transfronterizo en medio del océano que, a pesar de todo, sigue sembrando semillas de mar y escuchando, con los cinco sentidos, sus rugidos.

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7 Comentarios

  1. George Hodgson: Un Heroe Raizal de San Andrés ! Si la CIJ declaró nulo el tratado Bárcenas & Esguerra de 1928, porque no se solicita el re -establecimiento del territorio Raizal desde Cabo Gracias a Dios a Río San Juan despojados y divididos por ese tratado ahora nulo y la sentencia de la CIJ ?
    Antes de 2.026 se debería levantar un momento a este Héroe Raizal hasta ahora desconocido por las nuevas generaciones !

    En abril de 2021 se cumplieron noventa y cuatro años del asesinato del general revolucionario George Montgomery Hodgson Bent, perteneciente al pueblo indígena Raizal, quien pese al paso de los años todavía hoy es considerado como un verdadero héroe nacional por su pueblo. No son pocas las organizaciones Raizales que se asumen como herederas de su legado vital. Aquí se recobra una historia sobre su vida escrita hace ya varias décadas

    El general George Montgomery Hodgson Bent fue asesinado el 13 de abril de 1927. Había nacido el 10 de junio de 1884 en San Andrés (Isla), en donde los Raizales le recuerdan como a un héroe nacional. Tal como lo referencia Héctor Mondragón Báez, “los demás colombianos poco sabemos sobre este interesante personaje, cuya pista pude seguir después de haber entrevistado en diciembre de 1986 a Walwin Petersen Bent, un profesional experto en suelos, empresario agrícola por herencia e historiador en sus tiempos libres”.

    Según el autor de esta nota, George Hodgson fue hijo de un maestro de escuela oriundo de Jamaica y de una sanandresana Raizal. Marchó con su familia a Bluefields, en la Costa Atlántica de Nicaragua, y allí se hizo dentista, vinculándose en 1907 a las tropas del intendente de la zona, general Juan José Estrada.

    Todo esto puede saberse gracias a un valioso documento que guarda Petersen: el discurso que en las honras fúnebres pronunció Leonard Green, en el Club Unión de Bluefields.

    Los proyanquis

    El general liberal Juan José Estrada traicionó al presidente Zelaya y en alianza con los conservadores y con dinero yanqui tomó el gobierno. Pero Estrada no era el dueño del poder, sino los usamericanos, que poco después instalaron a unos títeres más de su gusto, mandando a Estrada a freír espárragos.

    Después Hodgson se hizo un radical y apoyó una y otra vez los movimientos insurreccionales contra la oligarquía conservadora que se había instalado en el gobierno de Nicaragua.

    En 1926, tras fracasar el “gobierno de transacción” liberal-conservador y tras producirse el golpe de Estado de Emiliano Chamorro, los liberales se rebelaron. Los primeros levantamientos se produjeron en la Costa Atlántica y su jefe visible y publicitado fue el general José María Moncada, un segundón de Estrada, en 1909, tan pro-yanqui como él. Pero no fue realmente Moncada quien comandó a los hombres en las primeras batallas, sino George Hodgson, quien con siete hombres tomó el cuartel de Bluefields y con las armas de los soldados dotó a más partidarios.

    “El general Hodgson era en ese momento lo que hoy llamaríamos un guerrillero. Las armas las tomó del mismo enemigo porque en el primer ataque su gente tan sólo llevaba palos y machetes. Y después de Bluefields atacaron otras poblaciones de la Costa Atlántica”, afirma Petersen.

    Celso Gordon

    Uno de los hombres que luchó en los meses siguientes en las tropas de Hodgson vive aún (1987) en San Andrés. Tiene 87 años y “goza de buena salud física y mental”. Enrique Pusey Bent lo entrevistó para allegar datos para este ensayo, y Celso Gordon narró:

    “Llegué a Bluefields en 1926 en el remolcador Rambler. Al mismo tiempo se supo que las tropas oficiales venían con refuerzos de la capital y por la noche fui enganchado (reclutado) por León Frankestein para pelear en las filas de Hodgson. Un sábado a las 12:00 de la noche, comenzaron las hostilidades. Hodgson adquirió las armas de un contrabandista llamado Bolkly. La primera refriega fue en el canal de Bluff. Eché plomo hasta que me salieron lágrimas en los ojos. Derrotamos a las tropas oficiales que intentaron en vano establecerse en el canal”.

    Gordon recuerda a sus compañeros: Mano, Nelly, Cana, Mena Bulow y también Beltrán Sandoval, famoso porque asaltó los bancos de la Costa para financiar la revolución.

    “Vaciamos los bancos de Puerto Cabezas y Brockman y con el dinero mandamos a comprar un “gunboat” (lancha armada) a México”. Gordon alude entonces a un gran éxito: la batalla del Lago Perlas. Tras esta victoria apareció en la Costa el máximo jefe de los rebeldes liberales: Juan Bautista Sacasa, gran amigo de los gringos. Pero las cosas cambiaron, porque los conservadores triunfaron en un importante enfrentamiento entre Muy Muy y Boaco. Sacasa abandonó la zona y Moncada quedó sitiado en El Bejuco, de donde fue rescatado por las tropas de Augusto César Sandino, quien acababa de tomarse Jinotega y salvar la revolución.

    Sandino y Hodgson

    Pero a todas estas cabe preguntarse ¿por qué ese abril de 1927 fue asesinado George Hodgson? La tradición Raizal de San Andrés afirma que “se oponía al tratado”. Lo mismo recuerda Celso Gordon. Walwin Petersen cree que el tratado en debate fue el Esguerra-Bárcenas, firmado entre Colombia y Nicaragua en marzo de 1928 y que no fue del gusto ni de los Raizales de Bluefields ni de los Raizales de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, pues dividió otra vez el territorio de este pueblo, que ocupa tanto las islas como la Costa Atlántica centroamericana.

    Pero era imposible oponerse a un tratado que aún no se estaba discutiendo. El tratado que sí se debatía en abril de 1927 fue el de paz, que firmaron los liberales y los conservadores nicaragüenses veinte días después del asesinato de Hodgson: el acuerdo de Espino Negro. Contra la firma de tal pacto contrarrevolucionario estaba Sandino. Por lo cual, también en abril de 1927, Moncada ordenó al coronel José Campos que emboscara y matara a Augusto César Sandino, operación que fracasó.

    Si los entreguistas de la revolución fallaron por entonces en su plan de eliminar a Sandino, lograron deshacerse de Hodgson. Este fue invitado a un banquete para tratar lo relativo a los acuerdos de paz y allí fue envenenado. (Se acuerda uno del envenenamiento del líder Totoró José Gonzalo Sánchez, pero también del asesinato de Sandino siete años después).

    Eliminado Hodgson, los planes de los yanquis que ocupaban Nicaragua y de sus títeres Sacasa y Moncada salieron adelante en la Costa Atlántica. Hodgson era un líder popular muy querido, especialmente por los Raizales. Aunque era de piel clara (cooly looking), según el discurso de Green en sus exequias, fue un defensor de los derechos de los afrodescendientes, cosa nada del gusto de los yanquis que manejaban a los jefes liberales. Muerto Hodgson, “sólo un general se opuso a la traición Espino Negro: Sandino”.

    Por Héctor Mondragón Báez
    Fuente: Margen Izquierda. No. 14. Bogotá, D.C. Mayo de 1987. P. 43.
    Fecha: 29/4/2019

    Nota: El Orejiverde agradece la gentileza de Juan Carlos Gamboa Martínez, perteneciente al Proceso Organizativo del Püeblo Rrom de Colombia (PRORROM), por compartir el artículo.

    http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/4909-george-hodgson-un-guerrillero-raizal-de-san-andres

    1. Cristina Cuevas Mohr

      Excelente comentario! Traer al imaginario de la lectura de la autora de esté artículo, el pasado anecdótico de los pueblos silenciados es un gran aporte!

  2. ELISA CAROLINA TORRENEGRA

    Buen enfoque desde los seres humanos. A la cultura Raizal hay que incorporarla real y sensiblemente en la cultura Colombiana, en su democracia en su esencia, en sus procesos . Muchas veces siento que a los Raizales, esos seres maravillosos alimentados con el mar, el sol, el aire y la libertad , la comunidad en general los piensan y concibe tan aparte como si fueran otro mundo por el simple hecho de no estar en el territorio continental; pasa como con las personas en situación de pobreza, muchos ven a estas personas como aparte, como si no fueran parte de nosotros mismos, me compartia un día mi hijo. Y es cierto una sociedad se compone de personas que han tenido que enfrentar diferentes circunstancias en la vida y muchas veces enfrentar algo que se llama Lotería social, pero que igual somos seres humanos que compartimos un espacio y tiempo, por ello son tan parte nuestra vida como nosotros mismos y como tal hay que sentirlos que respetarlos que amarlos y que integrarlos a nuestras vidas.
    El gran reto entonces es la incorporación real y práctica de los Raizales en todo. Ellos no son parte de un “aislamiento”, son parte de una extensión natural de tierra rodeada de agua, tierra de nuestra tierra, de nuestro continente, de nuestra colombia. Nos acostumbramos a regiones, a distancias, a acentos por eso el Gran reto es se sentirnos todos parte de todos. Gobiernos y sus diferentes estructuras de poder, academia, y comunidad en general actuar en consecuencia. Los problemas no se resuelven segregando se resuelven integrando.

    1. Profundamente reflexivo y con un toque de encestralidad.

      Solo quiero decir, que los derechos nacen de la vida cotidiana, de todos los seres que viven en el universo, sin territorios ni fronteras!

  3. Maria Camila que buena reflexión, personalmente nunca había pensado en esa realidad. Yo ellos, así como los indígenas los que deben resolver sobre su territorio.

  4. Es fundamental escuchar las necesidades de las comunidades para lograr consensos efectivos ante esta problemática que lleva tantos años.
    Gracias por compartir esta reflexión sobre la realidad que afrontan los Raizales

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