Ay, la ironía: Habrá reality de ‘El juego del calamar’

La serie coreana El juego del calamar ha sido la serie más popular de la historia de Netflix; en los primeros 28 días después de su lanzamiento, millones de personas alrededor del mundo la vieron durante un total de 1.65 billones de horas. Su éxito inesperado, aseguró una segunda temporada y, ahora, un reality de competencia llamado Squid Game: The Challenge, en el que 456 jugadores competirán por $4.56 millones de dólares.

Cuando se anunció esta noticia durante esta semana, varias personas en Twitter comentaron cosas como “esto prueba que nadie en Netflix vio la serie” o “en Netflix no entienden la crítica que hace la serie”. Y aunque de primerazo pensé lo mismo, entre más le echo cabeza, más me convenzo de que esta no fue una decisión tomada desde la ignorancia de personas que no son capaces de comprender la ironía. 

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El juego del calamar es una historia sobre jugadores que participan en una competencia sangrienta y letal, inspirada en juegos infantiles, mientras un grupo de multimillonarios se entretiene viéndolos morir a cambio de la posibilidad de ser tener plata. Y aunque a mí no me mató ni me pareció la mejor serie del año pasado, sí me pareció una serie interesante y entretenida, principalmente porque es una historia que critica el tipo de espectáculos voyeristas que explotan a personas por entretenimiento y el tipo de sistema capitalista que permite que cosas así ocurran. Por eso, suena casi como un chiste que Netflix vaya a tomar esta metáfora anticapitalista y la vaya a convertir precisamente en lo que la serie critica. 

Recuerdo un tweet de @AlexBlechman que decía algo como: “Autor de ciencia ficción: En mi libro inventé el Torment Nexus como una historia de advertencia. // Compañía tecnológica: ¡Por fin! Creamos el Torment Nexus, de la clásica novela “No creen el Torment Nexus”. Más allá de lo chistoso que me parece, es muy acertado en su crítica a las compañías y corporaciones que ignoran a propósito los mensajes y las lecciones que nos dejan las historias de ficción. Pero, como dije, no siento que esa decisión de ignorar los mensajes y las críticas venga de la ignorancia o de malentender las historias, sino que es una estrategia que funciona muy bien en el capitalismo. 

En sociología, la “recuperación” es un concepto que habla del proceso en el que las ideas radicales y revolucionarias son incorporadas y absorbidas a las lógicas dominantes del sistema capitalista, ya sea a través de la comodificación, la mercantilización o la absorción. Es una forma de neutralizar las amenazas, co-optando cualquier tendencia que critique al sistema y volviéndola parte de este. 

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Y quizás lo más deprimente es que esa “recuperación” de El juego del calamar no empezó ahora con la creación del reality show, sino desde el momento en el que la serie se volvió tan popular para Netflix que se empezaron a vender camisetas, máscaras, disfraces y merchandising de esta historia coreana. Esto tiene una implicación filosófica que me pone a pensar mucho: ¿significa esto que cualquier narrativa radical que sea consumible ya está, inevitablemente, absorbida por la misma cosa que critica? No lo sé, no tengo la respuesta y personas mucho más inteligentes que yo han escrito, debatido y pensado en esto por mucho más tiempo. Lo único que sé es que me hastía y me parece desmoralizante. 

Habrá que ver qué opina Hwang Dong-hyuk, el creador de la serie, quien ha hablado mucho del montón de años que le tomó llevar su historia a la luz y también de lo claro que espera que sea su mensaje anticapitalista. Quizás incorpore este nuevo desarrollo de la historia en una de las nuevas series que está escribiendo, llamada The Best Show on the Planet, una sátira basada en la creación de El juego del calamar y sobre la presión y todos los sentimientos que vienen con el éxito súbito de una historia como la suya en esta época. 

El Juego del Calamar es la serie más exitosa de la historia de Netflix

2 Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo. El capitalismo es supremamente efectivo a ese respecto, ya lo había hecho con los movimientos feministas, con la comunidad lgtbiq+, o para referirnos a algo más cotidiano, basta con ver cuántas camisetas estampadas con el rostro del Che Guevara te pueden vender. ¿Lo harán (haremos) por siempre? Yo creo que es muy difícil acabarlo, pero si creo que puede averiarse desde dentro. Tampoco tengo la respuesta… Hay que seguir repensandolo para transformarlo. Buen artículo, me gustó mucho. Gracias.

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