¿Y la Regasificadora del Pacífico, para cuándo?

Ahora que el suroccidente del país padece el desabastecimiento de gas natural, recobra importancia un proyecto anunciado y estancado: la Regasificadora en Buenaventura.

Colombia tiene cerca de diez millones de usuarios del servicio de gas natural y el 20 por ciento de ellos se encuentra en los departamentos del suroccidente del país.

Irónicamente, ese porcentaje de usuarios es el que históricamente padece los vaivenes del servicio de gas natural cuando resulta interrumpido por catástrofes naturales, técnicas u operativas.

La reciente suspensión abrupta del servicio de gas natural para los dos millones de usuarios residenciales e industriales del Eje Cafetero, Cauca, Valle y Nariño, recordó la vulnerabilidad de un servicio del que varios sectores productivos dependen.

Desde taxistas, empresarios gastronómicos y hasta industriales, se sumaron a la voz de protesta, porque la suspensión del servicio de gas los tiene paralizados e improductivos.

Aunque la Transportadora de Gas Internacional (TGI), encargada de los gasoductos a través de los cuales se distribuye el combustible hacia esa zona del país, explicó que la suspensión actual del servicio es de carácter preventivo, las explicaciones no sirvieron para calmar los ánimos.

Ya hay voces gremiales, como la de los taxistas, que le piden el presidente Gustavo Petro implementar medidas de choque, como congelar el precio de la gasolina o incentivos económicos directos.

En ciudades como Cali, el alcalde Jorge Iván Ospina advirtió sobre la aplicación de sanciones a quienes especulen con los precios de los cilindros de gas o las estufas eléctricas.

Como se recordará, desde el sábado 20 de mayo, TGI anunció que suspendía el servicio de los gasoductos, debido a una “anomalía térmica”, en el tramo de la tubería a su paso por el sector conocido como Cerro Bravo, jurisdicción de Herveo (Tolima), muy cerca al Alto de Letras, en el departamento de Caldas.

La anomalía térmica a la que se refiere TGI está relacionada con el aumento de temperaturas por encima de 600 grados centígrados y roca incandescente, en el suelo del denominado Cerro Bravo. Al parecer, todo estaría relacionado con la actividad que viene registrando el volcán del Nevado del Ruiz.

Ante dicho fenómeno, la transportadora TGI, filial del Grupo de Energía de Bogotá, puso en marcha un plan de choque consistente en instalar una tubería alterna alejada de la zona de la anomalía térmica.

Pocos cuestionan la medida preventiva de suspender el gasoducto. Lo llamativo y cuestionable es que esta no es la primera vez que ese tramo de gasoducto padece amenazas naturales y suspensiones abruptas.

En años anteriores, el suroccidente del país se ha quedado sin el servicio de gas natural a causa de deslizamientos de tierra que afectan los gasoductos, en época invernal.

¿Regasificadora de papel?

Desde el Gobierno nacional y gremios del suroeste colombiano comenzaron a barajar la posibilidad de hallar una solución definitiva a la dependencia de la región al sistema de gasoductos que llegan desde el norte y centro del país.

De ahí surgió la idea de la famosa Regasificadora del Pacífico, que sería construida en Buenaventura (Valle) y tendría un costo promedio de 800 millones de dólares.

Esa regasificadora tendría la capacidad para procesar 400 millones de pies cúbicos diarios de gas y un almacenamiento de 170 pies cúbicos. Además, contaría con un gasoducto entre Buenaventura y Yumbo.

En la actualidad, el país ya cuenta con una planta regasificadora y está ubicada en Barú (Cartagena). Esa planta es el respaldo energético para la costa Caribe.

Regasificadora Barú (Cartagena). Foto: especial Portafolio.
Regasificadora Barú (Cartagena). Foto: especial Portafolio.

Pese a que desde 2020, durante el Gobierno del presidente Iván Duque, la Regasificadora del Pacífico contaba con el visto bueno de la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME), en la actualidad, el proyecto se encuentra en el papel.

El tema estaba tan avanzado que tenía fecha de entrega para 2024. Pero, como la mayoría de proyectos rimbombantes en Colombia, en este caso no se ha pegado el primer ladrillo.

Por esa razón mandatarios como la gobernadora del Valle, Clara Luz Roldán, y el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, insisten en recordarle al Gobierno nacional la existencia de ese plan B para darle solución definitiva al desabastecimiento de gas natural en el suroccidente del país.

Irónicamente, la mayor resistencia a ese proyecto proviene de sectores como la Asociación Colombiana de Gas (Naturgas), que consideran que las reservas existentes en la Costa Caribe son suficientes para cubrir la demanda interna, y temen que el proyecto de Buenaventura se convierta en otro ‘elefante blanco’ que los colombianos pagarían en sus facturas de gas.

En el fondo, el temor a la Regasificadora del Pacífico radica en que el gas licuado sería importado, posiblemente del Golfo de México, a un precio menor que el valor de la producción en la planta Barú de Cartagena.

Es decir, la Regasficadora del Pacífico sería una competencia directa a los productores de gas en el caribe colombiano. Tal vez todo ello explicaría por qué el proyecto sigue en veremos.

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