Rodolfo, capricho y barbies

Recuerdo el comedor de mi casa con montañas de banderines de papel, mis manos, ya entumidas de recortar triángulos rojos y dorados, para luego pegarlos a un palillo de pincho y escribir sobre la pequeña bandera, ”vote # 2”.

Por primera vez, a mis escasos 12 años, sentí la pesadez del trasnocho, el silencio sonoro de la noche y la ansiedad de una campaña electoral en la que yo era una de las candidatas a la presidencia del gobierno escolar de primaria, sexto y séptimo grado.

Quedaban pocas horas para el día de votación. Estaba exhausta. Entre hacer tareas y campaña con mi “equipo” (vicepresidencia, secretaria y tesorera), no daba más. Cada noche, mi padre me alentaba a revisar los avances en la “estrategia” que consistía en pasar, salón por salón, preguntándoles a los estudiantes sobre las necesidades del colegio y sus propuestas de solución; para luego analizarlas, organizarlas por temas y construir una propuesta entre todos.

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Las bases de la democracia”, decía con fervor aquel hombre que había sido líder estudiantil de su universidad, mientras miraba las cuatro cartulinas de esa abominable paleta de colores pastel en las que yo había plasmado “el acuerdo programático” (como dirían hoy en día).  

Todo indicaba que ganaría. Mis compañeros reconocían y admiraban mi propuesta: se veían en ella. Además, solo había un equipo rival liderado por una chica de un curso aariba del mío quien poco o nada de campaña había hecho y no tenía mayores propuestas. Simplemente quería demostrar que su popularidad podía alcanzar otros espacios. Un capricho más.

Al día siguiente, se abrió la jornada de votación y la adrenalina no me cabía en el cuerpo. Veía pasar a la mayoría de estudiantes con los banderines que había hecho con tanto esmero, lo que me llenaba de emoción y, sí, lo acepto, también de un pequeño aire de triunfalismo.

De repente, empezaron a llegar compañeros a decirme que la otra candidata estaba diciéndoles a los estudiantes que si votaban por ella, en su gobierno haría rifas de barbies y de tiquetes aéreos a Estados Unidos para que fueran a Disney.

No había oído algo más infame y absurdo en mi cortísima vida. Me molestaba mucho que esa candidata subestimara tanto a los niños y que, en vez de hablar de las propuestas para el colegio y sus estudiantes, prometiera dulces y diversiones. Era evidente que nada de eso sucedería y que los ‘votantes’ a duras penas se reirían de semejantes disparates.

Pero no. Ella ganó las elecciones. Y sí, no hizo absolutamente nada durante su periodo de gobierno escolar.

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Un recuerdo que se aviva en estas elecciones en las que un candidato a la Presidencia de un país lleva a extremas proporciones esa forma de hacer y concebir la política: como un juego pueril de transacciones de antojos individuales al mando de un capricho que no alcanza a ser sujeto.

Porque Rodolfo Hernández no es un candidato, es la encarnación del significado de capricho: deseo impulsivo y vehemente de algo que se considera prescindible o arbitrario, inspirado por el antojo, por el humor o por deleite” (diccionario RAE). Él es su deseo: de mando patriarcal que silencia, sobre todas las cosas, incluida la hembra reproductora y objeto de la casa; de compra de lo posible y de lo imposible con su rey dinero y su reina violencia a la que se acude cuando algo se le niega; de vivo siervo de la trampa, la mentira y la vileza para alcanzar sus objetivos; y de violencia, despojo y ultraje, como la guerra lo ha hecho.

Lo que sea por ganar, siempre y a toda costa, para seguir acumulando plata y poder, así estos se pudran bajo el culo que pretende limpiarse con la ley. El pueril deseo de quien todo lo tiene pero quiere despreciar a los demás y demostrarles que no hay límites para su egolatría absoluta.  

Eso en nada se parece al deseo de trabajar por esta sociedad y abrirle el camino, por fin, a los menos favorecidos en esta brecha abismal de desigualdad y violencia que no alcanza a ser nación. Porque aquí lo que hay es un cúmulo de individuos que, en su mayoría, piensan en sí mismos y que padecen una conveniente amnesia histórica que impide zurcir esas memorias colectivas y esos relatos comunes de todos en la diferencia.

No hemos logrado construir una comunidad real ni imaginada. Nos negamos a entender que somos y hacemos parte de un cuerpo social en el que nos debemos unos a otros, en el que esa interconexión empática nos permite ser y crecer entre todos. Preferimos seguir pensando en salvaguardar únicamente los intereses, los deseos y los antojos individuales: mi pedazo de tierra, casa, camioneta, Barbie, rodolfoneta, etc.

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Entonces, claro, quien apela a los anhelos individuales de unos pocos y mueve las fibras del miedo con la falacia de la expropiación se vuelve opción. Así el candidato se inunde en ignorancia, despotismo y promesas impresentables, cosméticas y, muchas de ellas, imposibles.

Pero a él nada le importa. Nada pierde. Es un capricho añoso y delirante que se siente por encima del bien y del mal, y que solo quiere chulear en su libreta el haber sido presidente. Sin pena, sin gloria y a costa de todo un país que ya está en ruinas, y que se niega la posibilidad de reconciliación y de futuro para todos. En últimas, si él gana, no será quien gobierne. Serán sus mudos peones que, en realidad, han sido los reyes en el ajedrez político de Colombia.

8 Comentarios

  1. Capricho de él, estrategia del otro, que seguirá gobernando esta finca a su antojo y conveniencia.

    Un placer leerla Camila.

    1. ANA MODESTA RÍOS

      Hay que hacer algo. No podemos seguir siendo la finca de recreo de un resentido Gamonal, no podemos seguir siendo un objeto más para la colección de un radical, machista, resista,
      sexista, excluyente, maltratador y abusivo loco que puso sus ojos en este caramelo llamado Colombia.
      Espero que tú pluma llegué a muchos y los permita y lo mar una decisión de clara cordura.

      1. Me gustó la referencia personal. La derecha cree que puede engañar con anuncios televisivos cómo hicieron en México en tiempos pasados quizás 2006, con campañas contra la izquierda en que el anuncio mostraba que desaparecieron los hornos de microondas y la lavadora y decía que eso pasaría si ganaba Andrés Manuel López Obrador. Ahora con el como Presidente le ha ido bien a todos y crece la inversión en México, dónde no hubo fugas de capital. Se combate a la corrupción. Como Presidente, Andrés Manuel repite la frase de Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.”

  2. CARLOS SARMIENTO

    Excelente escrito de Camila, describe perfectamente y usando un “ejemplo perfecto “ a lo que estamos viviendo, y que debemos rechazar por ese egoísmo ególatra del “ingeniero prestamista “. Camila con su escrito invita a reflexionar y a pensar realmente en el país para que nuestra decisión el día de las elecciones sea la más correcta para que favorezca a todos los que vivimos en esta nuestra amada Colombia. Felicitaciones a Camila por esta línea de pensamiento y adelante!!!

  3. Esmeralda Vargas Vallejo

    Muy buena columna, Camila! Invita a la reflexión y, ojalá a una racional y responsable decisión electoral.

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