Cómo hacer más llevaderas las fiestas de Año Nuevo para quienes padecen enfermedades mentales

Diario Criterio dialogó con expertos de la Clínica Montserrat, dedicada al tratamiento, prevención y promoción de la salud mental, sobre cómo hacer más incluyente esta época del año. 

Diana Rodríguez llegó a finales de 2019 a la Clínica Montserrat y estuvo hospitalizada mes y medio. Su diagnóstico era complejo: trastorno límite de personalidad con cuadro psicótico y depresión. La noticia la dejó fría. En un país donde las enfermedades mentales son un tabú, ser diagnosticado con alguna causa vergüenza y miedo de que otros sepan. Afrontar esa realidad se convierte en todo un problema. Sin embargo, lo que parecía una una mezcla catastrófica de trastornos, como ella misma describe, fue el inicio de una nueva vida o, más bien, de una visión distinta de ella. 

Ella conoce de primera mano que la salud mental es tan importante como la salud física. No obstante, durante mucho tiempo la salud mental ha estado relegada a un segundo plano en el mundo y en Colombia. Por fortuna, la situación ha cambiado gracias a la política nacional de salud mental, los documentos Conpes sobre la materia y a una mayor conciencia por parte de los entes territoriales, explicó a Diario Criterio el doctor Omar Cuéllar, director de la Clínica Montserrat.

A pesar de estos esfuerzos, hace falta un trabajo inmenso para abordar la salud mental en el país y todavía hay muchos estigma alrededor de las enfermedades mentales. Respuestas como “usted lo que quiere es atención” y “eso no es tan grave”, la poca comprensión por parte de familiares, amigos y conocidos, y la disminución de oportunidades laborales dan cuenta de los prejuicios que hay al rededor del tema. El agresivo ambiente social en torno a las personas con enfermedades mentales les genera miedo y una resistencia a buscar ayuda o tratamiento para evitar ser discriminados. 

Para Diana, quienes padecen una enfermedad mental, “están cansados de no poder cumplir con las expectativas de la sociedad“. Por eso, al abordar estos trastornos, es necesario hablar de una responsabilidad compartida. “La persona con una deficiencia de salud mental no es 100 por ciento culpable de su situación. La sociedad tiene responsabilidad por la indiferencia y la falta de empatía”, dijo.

En los últimos años, ha aumentado la demanda de atención por enfermedades como la ansiedad y la depresión, y durante la pandemia se desbordó, “sobre todo por sus impactos a nivel familiar, de duelos por pérdidas, los temores que todavía suscita y los problemas derivados”, describió Cuéllar. 

De hecho, para la clínica, diciembre solía ser una época con una ocupación hospitalaria del 60 por ciento. Actualmente, está al 100 por ciento, aumento relacionado con los efectos pospandémicos en la salud mental de los colombianos. 

Este mes, indicó Cuéllar, el duelo se hace latente porque se sienten aun más las ausencias de las personas que ya no están. También porque es un mes para el reencuentro familiar y de reevaluación de lo que sucedió en el último año. “Muchas veces hay momentos nostálgicos por las cosas que se dejaron de hacer, por los duelos de quienes partieron. Estas fechas invitan a la congregación y a la reflexión individual”, aseguró.

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Si bien este mes es difícil para las personas que han perdido a un ser querido, pues evoca un sinfín de recuerdos que pueden intensificar la pena y hacer que el proceso de duelo se intensifique, también lo es para las personas que sufren trastornos mentales: además de hacerle frente a los síntomas de su cuadro clínico, deben lidiar con las consecuencias del estigma social y con lo que “la sociedad espera de ellos”.

Diana ha optado por no celebrar las fiestas, pues considera que este es el mes “con más tergiversación de la realidad”, ya que “es el único momento del año donde se nos invita a ser buenas personas y donde nos estamos dando la oportunidad de valorar a las personas que no valoramos en 11 meses”.

Duelo en navidad
La pandemia del covid-19 les ha arrebatado la vida a más de 5 millones de personas en el mundo.

Ante este panorama, Karen Mateus, terapeuta ocupacional de la clínica, considera que las festividades de fin de año son una gran oportunidad para integrar a quienes padecen una enfermedad mental. Durante esta época, en la familia pueden llevarse a cabo actividades que mejoren la comprensión de la enfermedad y hagan más llevaderas estas fechas a las personas con alguna enfermedad mental.

El entendimiento y la esquizofrenia

Una de las características o signos de la esquizofrenia es que los pacientes no tienen funciones sociales adecuadas, por lo que tienden a ser personas tímidas y retraídas. Por esto, para la celebración de las fiestas de fin de año, Mateus recomienda actividades lúdicas en la que se les incluya y se les dé una oportunidad para expresar lo que sienten. Un ejemplo de ello podría ser una coreografía familiar.

“Cuando hablo de ejecutar una coreografía, me refiero a utilizar una novena de aguinaldos como el burrito sabanero. En esta, se pueden levantar e implementar actos motores que sean liderados por ellos mismos”, dijo a Diario Criterio. 

Este tipo de actividades permiten que la familia pueda entender un poco más a lo que se enfrentan las personas que sufren este tipo de enfermedad. “Siempre se habla de que el problema está en el paciente, pero también hay que vincular a la familia y muchas veces esta no se puede adaptar fácilmente a lo que tiene la persona. Les dicen: ‘salude’. Pero resulta que para ellos no es fácil socializar, es parte de la enfermedad. Entonces, toca con mucho tacto educar a la familia”, describió. 

Al mismo tiempo, los pacientes trabajan la motricidad, la coordinación y proyectan sus emociones internas. “Ellos generalmente mantienen una postura retraída, el hecho de que levanten sus manos o muevan sus piernas es un logro, porque están proyectando sus emociones”, agregó.

Otras dinámicas

Para quienes sufren esquizofrenia o trastorno afectivo bipolar, la terapeuta recomienda “actividades proyecto”. Estas son, por ejemplo, hacer una tarjeta navideña en fomi o ayudar a envolver los regalos, pues aunque parecen actividades simples, en ellas se trabajan destrezas motoras, cognitivas y comunicativas. 

“Entonces, si yo envuelvo un regalo estoy mejorando mi motricidad fina, pero si yo digo: ‘mami, pásame la cinta’, ahí yo ya estoy explorando mis habilidades sociales”, dijo Mateus. 

envolver regalos
Foto: Shutterstock

También sugiere actividades culinarias, ya que esta es una época de buñuelo, natilla y otras tradiciones gastronómicas . De acuerdo con la experta, está científicamente comprobado que este tipo de labores disminuyen los niveles de ansiedad, debido al contacto con las texturas, las mezclas y la atención focalizada. “Solo en casos de autismo podría no funcionar muy bien y requeriría de una atención distinta, porque hay personas que tienen problemas a nivel táctil. Pero en general es muy buena porque los tranquiliza”, explicó.

Para quienes sufren de ansiedad y depresión, la experta sugiere actividades de relaciones personales. “Sería bueno darles el rol de liderazgo en las dinámicas de la familia. Por ejemplo, que la persona sea la que dirija la novena”, dijo. Delegarles la dirección en una actividad combate las sensaciones de abandono que tienen las personas con trastornos y les hace comprender que tienen una una red de apoyo. 

También se pueden trabajar “actividades proyectivas”. Es decir, en las que los miembros de la familia se visualicen en el futuro, tanto a nivel grupal como individual. “Esas actividades también tienden a ser muy positivas. Se pueden trabajar metas a corto, mediano y largo plazo”, dijo.

Cuando se trata de un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), la experta explica que generalmente se aborda con “confrontación”. Es decir que si a la persona no le gusta ensuciarse, sería bueno entonces que durante una actividad pueda tocar texturas, manipular pegante y otros elementos. Para ello, una buena actividad sería hacer una tarjeta navideña.

Independientemente de la enfermedad, la experta también sugiere otras actividades como el origami, ejercicios como sopas de letras y crucigramas, y la relajación. “El origami puede usarse por ejemplo para decorar el árbol en familia, podría ser muy simbólico. También hablamos de trabajar la respiración y la relajación porque ellos muchas veces llegan saturados emocionalmente”, contó.

Origami

Cabe resaltar que, de acuerdo con la experta, no existe en sí un manual que indique qué actividades deberían realizarse con los pacientes. Los terapeutas y familiares tienen que ser muy recursivos y creativos para trabajar las diferentes habilidades.

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Los beneficios

Para Diana, estos ejercicios son sumamente valiosos puesto que ejercitan su cerebro y le permiten controlar diferentes situaciones que normalmente se le saldrían de control. El origami, en su caso, le permitió mejorar la motricidad y la aceptación de la frustración. “Cuando tú haces origami, no puedes romper el papel, debes doblarlo. Debes aprender a doblarlo y llenarte de paciencia para moldearlo una y otra vez”, dijo. Doblar papel y crear formas se convierte en una lección de vida: “entender que no tienes por qué botar la toalla”. 

También le ha cogido gusto a las sopas de letras, sudokus y crucigramas. Según ella, estas actividades, además de distraerla, motivan a su cerebro a secretar más hormonas beneficiosas como las de la felicidad. A nivel emocional, permiten alcanzar las llamadas pequeñas victorias. “Eso te ayuda a entender. Te recuerda: ‘ves que sí eres inteligente, que sí hay formas de hacer las cosas’”, dijo. 

Han pasado dos años desde que Diana estuvo hospitalizada y en ese tiempo se ha descubierto capacidades que le han servido para mejorar su calidad de vida. A una de ellas le guarda especial cariño: el baile. Durante el mes y medio en que estuvo en la clínica bailaba todos los domingos. “Es impresionante ver el cambio de alguien que no quiere moverse de la cama, pero que luego se levanta, se baña, se pone su traje deportivo y se anima a bailar”, relató.

El baile en pacientes tiene su razón de ser. Además de ayudar a la secreción de endorfinas y dopamina, les permite hacer un proceso de desintoxicación natural, con el que pueden “sudar” o eliminar los medicamentos que consumen para hacerle frente a la enfermedad. 

Con estos ejercicios y compartiendo con otras personas, Diana hoy entiende que ningún dolor es superior o inferior al otro. También comprende la importancia de la empatía y de aprender a escuchar al otro. Dice que, a pesar de que muchas de las actividades descritas parecen simples, “tienen un valor inmenso, que quizá, muchas veces, no se alcanza a dimensionar”.

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