‘Sara dice’: la comedia negra en la que alguien de la familia debe morir para evitar la violencia

Teatro Petra está presentando ‘Sara dice’, una de sus obras más icónicas, 10 años después de su estreno. Criterio habló con Fabio Rubiano sobre esta historia distópica, llena de escenas que incomodan y, al mismo tiempo, hacen reír al público. 

El público se ríe mucho durante Sara dice, pero es una risa generalmente incómoda. “¿Me puedo reír de esto? ¿Está bien que lo haga?”, se pregunta varias veces el espectador, en medio de sus carcajadas, mientras que abajo, en el escenario (esta es una obra que sucede en un espacio en el piso, entre dos tribunas), los actores recrean escenas que llevan al absurdo y al límite relaciones familiares o de pareja, situaciones violentas (no necesariamente explícitas) y hasta la sexualidad de una persona con retraso mental. 

¿Qué ha generado todas esas situaciones absurdas en el escenario y la incomodidad en el espectador? Una premisa que suena sencilla y en la que se basa toda la obra: como no es posible desaparecer por completo el asesinato en la sociedad, el gobierno ha intentado disminuirlo de la forma más sencilla posible: burocratizándolo e institucionalizándolo. Es decir, ordenando que solo se podrá cometer un asesinato cada cien días y que tanto el asesino como el asesinado serán escogios al azar por medio de un sorteo oficial.

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Pero el sorteo no selecciona a la persona, sino a la familia. Cada cien días dos familias reciben en su casa a un representante del gobierno que les avisa que fueron seleccionadas  como asesinos o asesinados. Y la misma familia debe escoger entre sus miembros a la persona que se convertirá en victimario o, lo que es peor, en la víctima que permitirá seguir manteniendo la violencia en sus mínimos. ¿A quién elegiría usted de su familia para morir? ¿Cómo reaccionaría y qué bajos instintos le despertaría esa situación?

Fabio Rubiano escribió Sara dice, una comedia negra distópica, hace más de diez años, cuando leyó las teorías del piloto japonés Mako Saguru, quien increíblemente propuso la premisa de institucionalizar los asesinatos para controlarlos. Desde 2010, cuando se presentó al público, se convirtió en una obra icónica para el teatro colombiano y para Petra, el grupo reconocido por Labio de liebre, Mosca o Cuando estallan las paredes.

Sara dice. Foto: Sara Zuluaga
La misma familia debe escoger entre sus miembros a la persona que se convertirá en victimario o, lo que es peor, en la víctima que permitirá seguir manteniendo la violencia en sus mínimos. Foto: Sara Zuluaga

Ahora, 10 años después de su estreno, vuelve a escena en una nueva temporada en la Santa Sede de Teatro Petra (en la carrera 15 Bis # 39 – 39, de Bogotá), con una nómina de lujo. Además de Rubiano (quien dirige e interpreta a Natural, un muchacho con retraso mental) y Marcela Valencia (Sara, la protagonista), están Jacques Toukhmanian, Julián Román, Juanita Cetina, Mónica Giraldo, Reina Sánchez, Liliana Escobar y Javier Riveros.

Con un lenguaje teatral y una temática que “refresca” lo que venía haciendo el grupo en obras recientes, más enfocadas en el conflicto colombiano –Yo (no) estoy loca, Historia de una oveja, El interrogatorio o Labio de liebre-, Sara dice ha cosechado aplausos y muy buenos comentarios. No en vano la temporada, que comenzó el pasado 24 de febrero e inicialmente estaba presupuestada para terminar el 2 de abril, se alargó hasta el domingo 17, con nuevas funciones disponibles. 

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Diario Criterio habló con Rubiano, uno de los fundadores de Petra y escritor y director de Sara dice, sobre las razones para volver a montar la obra, la incomodidad (y la risa) que genera en el público y la forma en la que le da un giro a lo que venían haciendo hasta ahora. 

Diario Criterio: ¿Por qué decidieron volver a montar ‘Sara dice’ ahora, diez años después de su estreno?

Fabio Rubiano: Hubo varias razones. Para empezar, siempre nos quedó la sensación de que había tenido una vida corta. Además, a mí me venía sonando porque en este momento las distopías están muy presentes, muy en boga. Y también queríamos refrescar un poco nuestros lenguajes. Veníamos con obras que siempre hablaban de esta coyuntura del conflicto -una coyuntura de 60 años (risas)-, como El interrogatorio, Labio de liebre o Historia de una oveja. Así que quisimos cambiar de registro, cambiar de tono, refrescarnos nosotros y refrescar al público.

Diario Criterio: Esta obra, igual, sigue hablando sobre la violencia…

Fabio Rubiano: Sí, claro que eso no significa que Sara dice sea un simple divertimento sin una carga muy fuerte de ironía y de violencia. Tiene todas esas cargas, pero desde otro tono, mucho menos ligado con el momento presente e inmediato del país. Es una obra más sostenida en referencias teatrales, en cambios de tiempo y de espacio, en cambios de personajes, en una historia no lineal.

Nosotros, de hecho, empezamos con mucho miedo, porque sentíamos que nuestro público estaba queriendo ver más de lo que estábamos haciendo antes y que iban a sentir el choque, pero resulta que no, la gente lo recibió muy bien, como algo refrescante, y la sala ha estado llena durante las semanas que llevamos. Algunos incluso dicen que es una obra muy violenta, pero a mi no me parece, porque todo está en un registro muy irónico, muy teatral. 

Sara dice, foto de Sara Zuluaga
“Y hay otra cosa que siempre hemos mantenido y respetado: la violencia y el sexo dentro de un escenario tienen que ser lo mas falso del mundo”. Foto: Sara Zuluaga

Diario Criterio: ¿Qué le llamó la atención de las teorías de Mako Saguru, como para hacer la obra basándose en ellas?

Fabio Rubiano: En esa época no estaban de moda las distopías, como ahora, pero me atrajo mucho la coincidencia con nuestra situación. En 2010 estábamos en un momento muy violento en cuanto a orden público y había mucha violencia en el campo… como ahora, solo que en esa época no había visos de la posibilidad de un proceso de paz ni de una transformación. Y justo apareció esa teoría que a mí, más que interesante, me pareció altamente irónica: ¿cómo es posible desaparecer el asesinato sin desaparecerlo?

Un poco como el pico y placa: vamos a sacar los carros de circulación, pero si alguno paga no los sacamos (risas). Acá era algo similar: se acaba el asesinato, pero el asesinato continúa. Se acaban los crímenes, pero el crimen continúa. Lo peor es que es una situación hipotética que genera la sensación de que sí hay paz, de que la sociedad queda tranquila durante algún tiempo.

Diario Criterio: Algo que la gente podría terminar aceptando…

Fabio Rubiano: Por lo general estas reglas absurdas, dictatoriales, siempre calan en un grueso de la población que dice “pues no está mal, yo lo aceptaría”. Parece que solucionaran las cosas, pero en el fondo son profundamente antidemocráticas, como en todas las distopías. La gente, sin embargo, termina diciendo: “sí, murió gente, pero todo está funcionando”, “era necesario” o “si no hubiera sido así, el país no se habría arreglado”. Lo mismo que dicen en las dictaduras cuando, a la par de muertos, hay un desarrollo económico y social. Claro que en Colombia también lo dicen y ni siquiera hay un desarrollo económico o social. 

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Diario Criterio: A la hora de revisar los textos para volver a montar la obra nuevamente, ¿qué resonó distinto a hace 10 años?

Fabio Rubiano: Fue muy bonito. Retomamos, hicimos el borrador y todo empezó a fluir de una manera muy natural. Somos cuatro actores y actrices de la versión anterior y cinco nuevos, y ellos entraron en el lenguaje con mucha rapidez. Uno podría decir que en una semana estuvo el dibujo, el borrador, listo. Las siguientes semanas fueron para terminar de armar el tejido fino, que es clave porque esta es una obra muy exacta en los tiempos, que tiene que funcionar como un relojito (entradas, salidas, frases, miradas, tiempos, volúmenes, tensión, uso de los objetos, músicas que entran, manejo de los volúmenes, etc…). Y pues la conexión con el público ha sido maravillosa, muy impresionante.  

Diario Criterio: Esta es una obra en la que el público termina riéndose de situaciones muy violentas (aunque no siempre con violencia explícita) e incómodas, ¿fue intencional hacerla en tono de comedia negra?

Fabio Rubiano: Cuando la montamos no estaba pensada como una comedia, pero durante las primeras temporadas la gente se reía tanto, que dijimos “uy, esto empieza a tener tintes de comedia”. De hecho, si alguien va a ver una comedia, durante los primeros 25 minutos va a decir “pero esto no tiene nada de cómico”. Solo que cuando pasa el tiempo, el público comienza a engancharse cada vez más y en cierto momento termina absolutamente comprometido con el tono irónico de la obra. 

Y hay otra cosa que siempre hemos mantenido y respetado: la violencia y el sexo dentro de un escenario tienen que ser lo mas falso del mundo. Y el teatro está hecho para utilizar lenguajes y códigos que el público entiende sin la necesidad de apelar al realismo. Esta obra es la que más tiene sembrados esos lenguajes: las peleas, por ejemplo, no tienen porqué parecer reales, son muy teatrales y el público entra en ese lenguaje. Lo mismo pasa con ciertas escenas con contenido sexual. 

Sara dice. Foto: Sara Zuluaga
“Podía verse como si nos estuviéramos burlando de alguien en situación de discapacidad, y es exactamente todo lo contrario”. Foto: Sara Zuluaga

Diario Criterio: ¿Hubo algo que les preocupara especialmente al montar la obra con este lenguaje? 

Fabio Rubiano: El personaje que nos parecía más delicado era el de Natural, que tiene retraso mental irreversible, porque podía verse como si nos estuviéramos burlando de alguien en situación de discapacidad, y es exactamente todo lo contrario. ¿Por qué? porque, sin hacer spoilers, creo que es el único que tiene en la cabeza todo lo que puede suceder en la obra de principio a fin y, de hecho, lo escribe. 

Diario Criterio: Ya que habla de Natural, ¿cómo surgieron todos estos personajes y esas situaciones que se ven en la obra? 

Fabio Rubiano: Yo quería llevar al límite todas las posibles relaciones intrafamiliares e interpersonales, que siempre están llenas de contradicciones. En la relación de amor de los padres del muchacho con retraso mental, por ejemplo, si ellos se quieren deben decirse muchas veces “te amo, te amo, te amo”. Y partiendo del esquema semiótico de que la repetición del signo anula el signo, se dicen tanto “te amo”, que uno se da cuenta que no es que se amen mucho. Por eso mismo el beso no podía ser chiquito o realista, sino que tenía que llevarse al extremo.

También pasa con la familia disfuncional llevada al límite, donde se odian y se hacen daño de la manera más brutal, sin llegar a vulgaridades ni a groserías, sino usando el lenguaje teatral: se meten los dedos, se halan la boca, se ponen en posiciones para hacerse daño que ya todos conocen (todos saben cómo hacerse daño), etc. Al final, sin embargo, esos mismos inútiles son capaces de unirse por su bien común, aunque eso implica afectar a la única persona que vale la pena de ese hogar.

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Diario Criterio: Luego de retomar esta obra, que como dijo antes refresca un poco lo que venían haciendo, ¿qué tienen planeado para el futuro? 

Fabio Rubiano: A mí en realidad lo que más me gusta es la comedia. De hecho, cuando hemos hecho piezas que trabajan sobre elementos sociales muy críticos, la comedia aparece casi sin que lo busquemos, incluso evitándola, porque nuestra realidad es tan absurda que eso es inevitable. Así que ahora queremos hacer una comedia en la que los personajes estén involucrados en situaciones muy parecidas a las que estamos viviendo en estos días.

Personajes, por un lado, con unos niveles altos de desencanto con la realidad y, por el otro, con altos niveles de irrespeto por cualquier cosa que se llame “derechos” o por cualquiera que se diga “defensor de derechos”. Y nuevamente hablando sobre la memoria: el hecho de hacer memoria, tener memoria o perder la memoria. Pero todo en un tono de comedia.  

‘Sara dice’ se presenta de miércoles a viernes a las 8:00 p.m. y los sábados a las 6:00 p.m. y a las 8:30 p.m. en la sede del grupo. Puede comprar las entradas aquí. Costo: $55.000 para el público general y $44.000 para adultos mayores y personas en condición de discapacidad.

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