Intercambio de banderines (Saramago y la política colombiana)

José Saramago, hasta ahora el único premio Nobel de Literatura en lengua portuguesa, decía que Colombia es un país maravilloso y maravillosamente terrible.

Una observación tan acertada debería llevarnos a que cada tanto leyéramos la realidad política del país a la luz de sus creaciones. Ahora es una buena oportunidad para hacerlo y reco­no­cer también su legado, pues el próximo 16 de noviembre se cumplirán 100 años de su nacimiento.

El inicio de los trabajos del nuevo Congreso de la República, este 20 de julio, y el relevo en la jefatura de Estado el 7 de agosto pueden perfectamente interpretarse a partir de La Caverna, la primera novela que escribió Saramago luego de recibir el máximo reconocimiento de la literatura mundial.

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Es una obra sobre el cambio, que trata de las contrariedades y dolores asociados al tránsito desde la tradición a la novedad, que es a lo que asistimos, según se proclama. El autor luso muestra la dificultad que surge cuando se trata de hacer convivir lo antiguo con lo nuevo, cuando van desmoronándose certezas que parecían inamovibles.

La caverna, novela de José Saramago
La caverna, novela de José Saramago

A partir de ese mundo que se transforma por la construcción de territorios urbanos desaforados, que deja atrás profesiones tradicionales, un mundo vigilado y controlado por los mismos que lo están edificando, podríamos describir las transformaciones políticas en Colombia hoy con las palabras del alfarero protagonista de la novela, Cipriano Algor: “El vino fue servido, va a ser necesario beberlo”.

Con la llegada al Legislativo de 125 congresistas que no son políticos tradicionales, el establecimiento de mayorías inéditas en ese recinto y los anuncios de un gobierno integrado por ministros expertos y figuras diversas y plurales de la Colombia abandonada, se abre un espacio de esperanza para el país. Nadie lo puede dudar, aunque vale la pena traer una frase repetida por Algor de distintas formas: “Lo malo no es tener una ilusión, lo malo es ilusionarse”.

Por eso, claro, uno desearía que las principales voces de ese inédito escenario político se apersonaran de otro pensamiento de Algor: “No siempre es posible tener ideas originales, ya basta con tenerlas simplemente practicables”. Qué bueno sería, por lo tanto, que en estos días nuestro país buscara equi­li­brar el valor del pasado y del futuro, como lo pretendió Algor, a pesar de sentirse fuera de lugar frente a las mutaciones que se experimentaban en su tiempo.

La Caverna hace parte de un tríptico de novelas distópicas de Saramago en las que aborda las pérdidas del hombre: el empleo en esta, el nombre en Todos los nombres y la visión en la muy conocida Ensayo sobre la ceguera.

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De moda otra vez por la pandemia de la que estamos saliendo, esta última novela se refiere al caos generado por una enfermedad que alcanza todo el planeta, donde “ciegos que viendo, no ven” permiten que triunfen los personajes más amorales. Esos que se aprovechan de la desesperación y el pánico generalizado, a pesar de que el gobierno intenta mantener el orden a través de medidas represivas.

La pérdida de la visión es una simple excusa a la que acude el escritor nacido en el pueblito de Azinhaga para denunciar a una sociedad egoísta, en la que sobresalen individuos incapaces de mirar más allá de sí mismos, que ponen al lucro como el mayor valor. Seguro que acá se nos vienen a la cabeza imágenes de varios políticos de la Colombia actual, enceguecidos por la ambición y con el único propósito de enriquecerse con los dineros públicos.

Otro trabajo del escritor portugués que acudió a sus novelas para invitar a que se cuestione al sistema social que condiciona nuestras vidas es Ensayo sobre la lucidez, mencionada varias veces por el presidente electo Gustavo Petro cuando en 2010 llamó a votar en blanco en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

Se trata de una crítica a las democracias. En la ficción ganan los del voto en blanco, esa manifestación calificada como algo sin sentido, al oponerse incluso al “mal menor” que se invoca para defender una supuesta democracia que en realidad está por morir carcomida por la corrupción, los grupos económicos que nadie controla y la frecuente manipulación de los medios de comunicación.

Sara­mago nos lleva a mirar la rea­li­dad a partir de otra historia fantástica El hom­bre dupli­cado, una de sus novelas menos apreciadas. El personaje central, Tertuliano Máximo Alfonso, descubre que tiene un doble y trata de encontrar su propia identidad buscando respuesta a una pregunta existencial: cuál de los dos es el original.

Una de las frases más impactantes de Alfonso en ese recorrido para hallar su identidad, encaja perfectamente con eso que tanto se comenta de quien se instalará en el solio de Bolívar en los próximos días: “Cuanto más te disfraces más te parecerás a ti mismo”.

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Al inicio de la obra, Saramago escribe “El caos es un orden por descifrar” y creo que eso es lo que estamos viviendo en el país, tratando de entender lo que aún aparece desordenado y paradójico, pues para cumplir la promesa de grandes cambios, se están invitando también a participar a quienes han frenado los cambios.

Llegamos a esa etapa que el autor de marras llamó de “Intercambio de banderines”. Empleó la expresión en una columna periodística en 1975 para describir esos momentos en que gobiernos entrantes y salientes se saludan, tratando de guardar las formas. El uno haciendo ofrecimientos con palabras bonitas y el otro asegurando que realizó muchas cosas, en tanto comienza a dar cátedra sobre todos aquellos asuntos de los que no se ocupó o hizo mal. Solo nos resta eso que decía uno de los personajes de Ensayo sobre la lucidez con su pesimismo optimista: persistir en la esperanza, “que es como la sal, no nutre, pero da sabor al pan”.

José Saramago

Foto de Portada: Fundação José Saramago

1 Comentarios

  1. Excelente comparación entre lo descrito por Saramago y esta transición de mandos. Esperemos que los colombianos no mencionemos tanto la palabra cambio , porque buena parte del bullicio, para bien o para mal, se agarra del cambio sin saber muy bien lo que se quiere significar, e imaginando -para bien o para mal- lo que nos depara el futuro. Saludo MTHhttps://mariatherran46.blogspot.com/2022/07/resena-es-el-algoritmo-un-oraculo.html

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