‘Scream’ y otras 20 películas de terror que marcaron al género para siempre

La nueva versión de Scream vuelve a poner a esta serie de películas en la conversación. Además de esta creación de Wes Craven, ¿qué otras cintas de terror han revolucionado al género a lo largo de la historia?

Para mediados de los noventa, cualquier persona en búsqueda de una función de cine sabía lo que se iba a encontrar en cartelera si escogía ver la de terror de turno: la historia de un asesino serial que aterrorizaba a un pequeño pueblo estadounidense, con personajes adolescentes, uno que otro desnudo, y una gastada mezcla de humor y sangre.

En Estados Unidos, el género atravesaba una crisis de identidad y mala reputación, acentuada por la explosión del “refrescante” horror japonés y el desarrollo de efectos especiales digitales (práctica que amenazaba con dejar de lado la creación artesanal de aberraciones, como terminó pasando años más tarde).

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Mientras tanto, Wes Craven, uno de los grandes maestros del terror y creador, entre otras, de La última casa a la izquierda (1972), La colina de los ojos malditos (1977) y Pesadilla sin fin (1984) intentaba mantener el género a flote. El ingenio y la carga política siempre caracterizaron su obra, y los noventa no estaban siendo la excepción. Primero, con La gente detrás de las paredes (1991), y luego con La nueva pesadilla (1994). Pero para 1996 estrenó Scream, en lo que supuso el renacer esperado del género, o al menos la vuelta de tuerca más extraordinaria que tuvo en toda la década.

Scream cumplía con todos los requisitos del terror de la época dominado por el slasher. Pero lo que la hizo un ícono fue su juego con las convenciones del género. Los protagonistas intentaban descubrir al asesino, y en el camino salvar sus vidas, por medio de su conocimiento de las películas de terror. Como resultado, tenían que ser reglas como nunca tener sexo, no consumir drogas ni tomar alcohol, ni tampoco decir “enseguida vuelvo“.

Drew Barrymore era la gran protagonista en el póster promocional de Scream (1996). Pero como hiciera Alfred Hitchcock con Janet Leigh en Psicosis (1960), Barrymore sólo estuvo en pantalla durante los primeros minutos.
Drew Barrymore era la gran protagonista en el póster promocional de Scream (1996). Pero como hiciera Alfred Hitchcock con Janet Leigh en Psicosis (1960), Barrymore sólo estuvo en pantalla durante los primeros minutos.

El juego meta de Scream dejó no solo una divertida saga de películas, que por estos días estrena su quinta entrega, un reboot también titulado Scream (2022), lleno de comentarios sobre la guerra campal dentro del género del terror ocasionada por etiquetas como “terror elevado” y el desprecio a otros subgéneros, y comentarios sobre la radicalización de los adolescentes en los foros de internet, propensos, además, a la desinformación y las conspiraciones en tiempos de pandemia.

Scream también fue el germen de otras cintas que pusieron al cine de horror sobre la palestra como La cabaña del terror (2012), y reivindicó al slasher como el subgénero por excelencia del cine comercial. Aprovechando que Scream vuelve a estar en conversación, vale la pena recordar, cronológicamente, otras cintas de terror que han revolucionado el género a lo largo de su historia.

El gabinete del doctor Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, 1920)

El expresionismo alemán fue la corriente artística que más influenció al género de terror en sus inicios, influencia que llegaría al cine estadounidense de monstruos fantásticos. Como en Nosferatu, el vampiro (1922) o Metrópolis (1927), en El gabinete del doctor Caligari, el diseño de producción, en sintonía con la mórbida historia, responde a la mirada subjetiva y emocional del expresionismo, dando como resultado edificaciones retorcidas, caminos intrincados y montañas peligrosamente inclinadas. Tiene uno de los primeros planos más icónicos del cine mudo, con el despertar de Cesare (Conrad Veidt).

La brujería a través de los tiempos (Häxan, 1922)

Entre el documental y la ficción, Benjamin Christensen recrea la cacería de brujas en el siglo XV con el dramatismo y recursos visuales que solo ha conseguido el cine mudo. La brujería a través de los tiempos adelanta temas que, por veto en el discurso dominante, serán recurrentes en el cine de terror, como el paganismo y los personajes femeninos empoderados. Dividida en cuatro partes, dos momentos memorables son la descripción de los instrumentos de tortura y la recreación del osculum infame, el aquelarre en el que se creía que las mujeres se entregaban al diablo tras besarle el ano.

Frankenstein (1931)

Los monstruos clásicos de Universal dominaron la década de los treinta. La apuesta de la productora por adaptar novelas clásicas comenzó en 1923 con El jorobado de Notre Dame, adaptación de Nuestra Señora de París, de Victor Hugo. Siguiendo la estética del terror fantástico europeo, Universal dejó cintas icónicas como El fantasma de la ópera (1925), Drácula (1931), El hombre invisible (1933), El hombre lobo (1941) y El monstruo de la laguna negra (1954). La versión de Frankenstein fue la más exitosa, con momentos que aúnan miedo e incomprensión (como el encuentro del monstruo con la niña) y con una de las mejores secuelas de cine de terror: La novia de Frankenstein (1935).

Fenómenos (Freaks, 1932)

La película de Tod Browning (quien venía de hacer Drácula) sentó las bases para el tratamiento de historias con personajes con deformidades y malformaciones congénitas. Aunque secuencias como la venganza en el lodo pueden ocasionar pesadillas, el tratamiento respetuoso de personajes marginales significó, muchos años después de ser un fracaso en taquilla, una pauta dejada por esta película de culto.

Godzilla (Gōjira, 1954)

El buque insignia de las películas de kaiju, o monstruos gigantes japoneses. Los estudios Toho lanzaron a este monstruo a destruir maquetas de ciudades y pueblos japoneses, en una pesadilla que capturaba la paranoia de posguerra ante el peligro radioactivo tras los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Godzilla puso en marcha una era de películas con otros kaiju, como la tortuga voladora Gamera, o incluso crossovers con King Kong. Hasta Corea del Norte, con Pulgasari, se montó al barco de los monstruos gigantes.

Psicosis (Psycho, 1960)

El maestro Alfred Hitchcock puso en tensión las reglas del cine en general, y del terror en particular, con Psicosis. Deshacerse de la estrella del póster en los primeros minutos de la película será algo que Scream tomará prestado de la obra de Hitchcock, en donde la escena de la bañera, de 78 posiciones de cámara y 52 cortes de montaje, pasará a la historia como una clase de montaje orquestada por el maestro del suspenso.

La casa embrujada (The Haunting, 1963)

Basada en el libro La maldición de Hill House de Shirley Jackson, se convirtió, justo con Posesión satánica (1961), en la película de casas embrujadas por excelencia. La inestabilidad emocional de la protagonista, Eleanor Lance (Julie Harris), se manifiesta en el uso de la iluminación para resaltar bustos y figuras antropomorfas en una mansión encantada que da en todo momento la sensación de estar siendo observado. Su influencia llegará hasta películas recientes como Los otros (2001) y El orfanato (2007), y la antología de series de terror La maldición, de Mike Flanagan.

Orgía sangrienta (Blood Feast, 1963)

Premonitoria de la brutalidad de Bonnie y Clyde (1967) o La Pandilla Salvaje (1969), ambas precursoras del Nuevo Hollywood, Blood Feast es considerada la primera película gore de la historia. Con un presupuesto limitado, Herschell Gordon Lewis se regodea en el uso excesivo de sangre y partes del cuerpo desmembradas que resultará en el terror setentero de Masacre en Texas (1974) y géneros como el torture porn de las sagas Saw y Hostel.

La muchacha que sabía demasiado (La ragazza che sapeva troppo, 1963)

Esta película marca el inicio del giallo, el popular subgénero de terror y crimen italiano. La dirige Mario Bava, uno de los autores clave del esta corriente junto con Dario Argento y Lucio Fulci. De manera general, este subgénero de culto reúne elementos del cine policial, el slasher y el cine erótico.

Repulsión (1965)

Roman Polanski pondría el género de cabeza con El bebé de Rosemary (1968), pero antes dirigió el camino hacia la locura de Carole (Catherine Deneuve). Lo aterrador ya no estaba afuera, sino en la propia cabeza de la protagonista, dando rienda suelta al hundimiento del personaje en, prácticamente, una sola locación. El inquilino (1976) completa la llamada “trilogía del apartamento” de Polanski.

La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968)

Incomprendida en su momento, la película de George A. Romero fue el punto de partida del nuevo cine de zombis. Cargada de crítica social, y con el casi normativo bajo presupuesto del terror, fue el comienzo de la serie de los muertos vivientes de Romero, así como influencia a la cómica El regreso de los muertos vivientes (1985) de Dan O’Bannon, las Zombi de Lucio Fulci o la saga Exterminio.

El exorcista (The Exorcist, 1973)

Tras dirigir el increíble policial Contacto en Francia (1971) y montarse en la ola del Nuevo Hollywood, William Friedkin realizó la película de terror más exitosa de todos los tiempos. El maquillaje de Dick Smith y los efectos especiales elevaron el género en lo que fue un éxito de taquilla en plena navidad. Las historias del rodaje y la pulsión del resultado final casi hacen olvidar el subtexto conservador, y que pone en entredicho la ciencia, en el que transcurre la caída al infierno de Regan MacNeil (Linda Blair).

Navidad sangrienta (Black Christmas, 1974)

Antes que Halloween (1978), Viernes 13 (1980) y Pesadilla sin fin, Navidad sangrienta inauguró el subgénero slasher y su era dorada. El terror canadiense también se tomó el género con Noche de graduación (1980), otra interpretación del asesino serial que sacia su sed de mal con víctimas adolescentes.

Arrebato (1979)

La época posfranquista marcó el comienzo del nuevo cine de terror español, que dejaría películas como El día de la bestia (1995) o El espinazo del diablo (2001). Arrebato, de Iván Zulueta, se enmarca dentro de La Movida madrileña junto con otros cineastas como Pedro Almodóvar, respondiendo al espíritu contenido del franquismo con historias de liberación sexual y personajes en decadencia.

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El engendro del diablo (The Brood, 1979)

David Cronenberg renovó los efectos especiales mecánicos en el cine de terror más comercial, abanderando el llamado “horror corporal”. El engendro del diablo es la primera de una racha infalible en los años ochenta con Videodrome (1983), La mosca (1986) y Pacto de amor (1988).

El resplandor (The Shining, 1980)

El paso de Stanley Kubrick por el terror psicológico dejó una de las obras más icónicas del género. La controvertida adaptación del libro de Stephen King despierta todavía teorías de aficionados obsesionados con su enigmática puesta en escena, mientras que cada tanto aparece una nueva referencia a momentos de El resplandor en el nuevo cine de terror.

La cosa (The Thing, 1982)

La adaptación de El enigma… de otro mundo (1951) fue la cima de todo lo que significa John Carpenter para el género del terror. Sintetizadores minimalistas, abominaciones de pesadilla y, cómo no, Kurt Russell.

Audition (Ōdishon, 1999)

El terror japonés (J-Horror) se tomó el cambio de milenio sin piedad, con obras como Ringu (1998), Juego sangriento (2000), Ichi the Killer (2001) y Visitor Q (2001). Entre todas destaca la abominada Audition, de Takashi Miike, que logró captar la atención del público internacional llegando a ser incluso censurada en Estados Unidos. Miike y el J-Horror llegaban para quedarse.

El proyecto de la Bruja de Blair (The Blair Witch Project, 1999)

Uno de los últimos grandes giros del género de terror fue el found footage, o metraje encontrado, que consiste en presentar la filmación de la película como archivo de la vida real. En 1980, Holocausto caníbal puso en el radar el subgénero, pero la menos expositiva El proyecto de la Bruja de Blair comenzó una ola de películas de found footage, con películas como REC (2007), Actividad paranormal (2007) y Cloverfield (2008). Incluso George A. Romero se montó a la ola con su versión zombi en El diario de los muertos (2008).

Bajo la piel (Under the skin, 2013)

La última Scream pone sobre la mesa uno de los debates que ha dividido en los últimos años a los fanáticos del terror. La etiqueta de “terror elevado” se utiliza para referirse a la nueva ola del género caracterizada por una cinematografía y montaje estilizados, uso de la simbología en lugar de la exposición, finales abiertos o, al menos, crípticos y, en algunos casos, comentarios de línea progresista. Entre ellas destacan El Babadook (2014), La bruja (2015), ¡Huye! (2017), El legado del diablo (2018), Midsommar (2019) y El faro (2019). Pero Bajo la piel, de Jonathan Glazer y protagonizada por Scarlett Johansson, llevó la nueva ola de terror a su máxima expresión. El diseño de sonido y los eventuales efectos especiales dejaron algunas de las secuencias más aterradoras e influyentes de la última década.

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