Tantas almas: La pasión de José

El estreno de ‘Tantas almas’, primera película de ficción de Nicolás Rincón Gille, estaba previsto para marzo del año pasado, pero la pandemia lo pospuso. Ahora, ese estreno coincide con unos meses cruciales para el esclarecimiento y la narrativa sobre esa guerra que cambió todo a su paso y que al romper una forma de comunidad tal vez haya creado otra.

La primera obra de ficción del cineasta Nicolás Rincón Gille es, de manera casi literal, una película-río, que avanza desde sus planos iniciales en ese Magdalena nocturno donde dos pescadores, en su lancha, se percatan de que algo “está raro” en el ambiente, hasta un final en el que José, uno de los dos pescadores y finalmente el héroe de la película, da por terminado su viaje, su búsqueda.

Puede leer de Pedro Adrián Zuluaga: ‘Suspensión’: las narrativas de un país inconcluso

Es un viaje por las superficies del río y de la tierra en que el personaje, obligado a seguir el llamado de esa ley más antigua que toda ley que nos ordena enterrar a los muertos, encuentra las marcas y heridas que el mal y la guerra han impreso sobre los cuerpos –y la tierra es uno de ellos–, pero también cómo se han reorganizado los afectos, las creencias y los relatos que nos han servido para resistir. En su camino en búsqueda de sus dos hijos desaparecidos por un comando de las AUC en el sur de Bolívar (la inscripción histórica y territorial es bastante precisa), José se encuentra también a otro que se llama como él y que huye de la guerra. Encuentra complicidades, lazos nuevos así sean fugaces: constata la bondad de los extraños, que no es otra cosa que la promesa de una comunidad más amplia que esa inicial –la suya– de la que ha sido arrojado.

Es real el paisaje, la violencia que se ha ejercido sobre él y la gran mayoría de los actores, que son no profesionales y traen a la película la experiencia de sus propias vidas

Rincón Gille, a quien conocíamos por la excepcional trilogía Campo hablado (En lo escondido, Los abrazos del río y Noche herida) y por un corto, Besos fríos, hecho con las madres de Soacha, ha realizado con Tantas almas una suerte de alquimia o de milagro. Convertir a Arley, el campesino que encarna a José, en una multitud errante. Cuando en un estreno de la película el martes pasado en la Cinemateca de Bogotá Arley tomó el micrófono para hablar de su fe y para agradecer el cariño que la película le dio, vimos que ese campesino, siendo plenamente él, se pudo desdoblar para ser otros: para ser la Antígona que contraria la ley y busca cumplir con los ritos funerarios que hacen que los muertos no sean un ruido infinito, y también el Ulises que, con su sigilo, sortea las más grandes amenazas, y el barquero Caronte que en la mitología griega lleva las almas a su siguiente destino.

También de Pedro Adrián Zuluaga: ‘La casa de Mama Icha’: enfrentar lo inevitable

Tantas almas, a su vez, es una película que se desdobla. Es moderna –en el sentido en que hablamos de cine moderno como aquel que se resiste a la transparencia o a la mera ilusión de la representación– y es clásica: plantea una narrativa del viaje que va creciendo en densidad dramática hasta desenvolverse en una resolución que tiene mucho de catarsis para ese espectador que, al asistir a una proyección, se siente por un lado seguro de estar protegido por una especie de contrato o de consenso, y al mismo tiempo expuesto a que lo real lo desnude y lo sacuda.

La presencia de lo real rompe en Tantas almas la ilusión de la representación: es real el paisaje, la violencia que se ha ejercido sobre él y la gran mayoría de los actores, que son no profesionales y traen a la película la experiencia de sus propias vidas y un mundo simbólico poderoso que es el escudo que ayuda a ponerle la cara a los simples perpetradores de las violencias. Es el poder de un relato que conecta a vivos y muertos, al sueño y la vigilia: zona intermedia donde se negocia y se resiste.

Rincón Gille es muy consciente de que Tantas almas  desciende de una tradición de representaciones de los ríos y la violencia en Colombia que se remite hasta la década de 1960 con la inaugural El río de las tumbas.

Con esos materiales de la realidad, y como fruto depurado de una atenta investigación en el propio terreno en el que se filma, la película crea tensiones narrativas arquetípicas y eficaces: entre el bien y el mal, entre el silencio de los campesinos (o sus canciones que tejen una trama de cuidado y afecto) y el “ruido infinito” de la música paramilitar que pretende llenarlo todo.

Trailer de ‘Tantas almas

Rincón Gille es muy consciente de que Tantas almas  desciende de una tradición de representaciones de los ríos y la violencia en Colombia que se remite hasta la década de 1960 con la inaugural El río de las tumbas. En una entrevista con Felipe Sánchez Villarreal, de Canal Trece (https://canaltrece.com.co/noticias/nicolas-rincon-gille-entrevista-sobre-tantas-almas-duelo-grupos-paramilitares-cine-colombiano/), el director menciona a la película de Luzardo como una comedia burlona que acude a la ironía en la época de la violencia bipartidista. Las representaciones de la violencia en el cine colombiano habrían empezado pues con la imposibilidad de verle la cara al horror, y con lo carnavalesco como estrategia para enfrentarlo.

Más de Pedro Adrián Zuluaga: ‘The Souvenir’: recordar lo que vendrá

El carnaval pervive en Tantas almas: es la celebración desenfrenada a la que se entrega el ejército invasor. La película observa esas celebraciones sin participar de ellas. Se pone del lado de las víctimas y su dignidad, de las mujeres que –de nuevo como Ulises– José va encontrando en su camino para cumplir con su inmensa, inaplazable misión. Así que no hay ironía ni humor en Tantas almas, sino, por el contrario, la gravedad y las exigencias del duelo. Con su película Rincón Gille tal vez inaugure otra tradición, al menos sueña con la posibilidad de abrir otros ciclos distintos a la repetición incesante de las violencias. Quizá una vez hecho el ritual funerario, cumplida esa justicia última, podamos ser ligeros de nuevo y entregarnos a la tarea de reorganizar lo común, después de tanto despojo. Por ahora los vivos cargamos el peso de tantas almas que no han encontrado descanso.

1 Comentarios

Deja un comentario