Seamos el cambio que queremos ver en el mundo

Esta es una frase ampliamente atribuida a Mahatma Gandhi. Sin embargo, parece que esta expresión nunca fue dicha, al menos en esos términos, por el abogado, político y activista más importante que ha dado la India.

Gandhi, sin embargo, parece haber ido un poco más lejos: “Somos el reflejo del mundo. Todas las tendencias actuales en el mundo exterior se encuentran en el mundo de nuestro cuerpo. Si pudiéramos cambiar nosotros mismos, las tendencias en el mundo también cambiarían. Como un hombre cambia su propia naturaleza, también lo hace la actitud del cambio mundial hacia él. Este es el misterio supremo y divino. Es una cosa maravillosa y la fuente de nuestra felicidad. No necesitamos esperar para ver lo que otros hacen”.

Hoy Colombia necesita que todos los que habitamos en ella, pero también quienes viven por fuera de sus 1´141.748 km², elevemos nuestro nivel de conciencia y salgamos de la espiral de miedo, frustración, rabia y odio en el que nos hemos hundido de manera dramática en las últimas semanas. ESTO ES POSIBLE, no les quepa la más mínima duda; pero además es NECESARIO. Es un imperativo ético y moral para cada uno de nosotros.

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Para nosotros, los colombianos, hoy el mundo es Colombia; es decir, podríamos decir simple y llanamente: seamos el cambio que queremos ver en Colombia. Comencemos por comprometernos con ser mejores personas y mejores ciudadanos para tener un mejor país.

Seguramente al igual que tú, yo he estado triste y preocupado por la situación de Colombia en los últimos meses. Me he sentido agobiado y cansado. Pareciera que los problemas no terminan y, al contrario, aparecen nuevas circunstancias y las cosas empeoran.

Entonces recuerdo que nos ha tocado vivir una pandemia, la única en varias generaciones, y esto ha sido duro y largo, por decir lo menos. Luego, siempre pienso que vivimos un momento excepcional de la historia y de la vida; tenemos una oportunidad de transformar la realidad de una manera imposible de imaginar por nuestros padres y abuelos.

Vivimos tiempos confusos y difíciles. Sin embargo, estos tiempos delicados son a su vez épocas llenas de oportunidades y de promesas de engendrar los cambios necesarios para tener una sociedad más justa, más próspera, más equitativa. Una sociedad enfocada en el bienestar de las personas, con mayores posibilidades para quienes más las necesitan, y en la que defendamos la vida como el bien sagrado y supremo, mientras somos coherentes con el desarrollo en armonía con el planeta.

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Muhammad Yunus nos hace una invitación: Let´s Create Social Fiction: la imaginación, la conversación, la educación, la ciencia y la tecnología, las artes nos permiten SOÑAR e imaginar para crear un futuro bondadoso y compasivo; orientado al bien común; donde cada uno se hace cargo de sí mismo, y se es proactivo, desde la medida de sus propias capacidades para sumar, y sumarnos a crear un mejor futuro y un mejor país.

Podemos tejer una nueva realidad a partir de la ESPERANZA. En tiempos de crisis, la esperanza es una responsabilidad. Alejandro Gaviria Uribe me enseñó, cuando era ministro de Salud que, para salir de una crisis, es necesario generar un escenario de futuro esperanzador. ¿Si no hay esperanza, para que trabajar por salir de la crisis?

Así las cosas, yo estoy absolutamente convencido de que podemos crear un nuevo contexto de país, una nueva visión colectiva  enfocando nuestros esfuerzos en la educación e investigación; en la creación y aplicación de conocimiento que nos permita generar desarrollo social, prosperidad, equidad, bienestar y riqueza que llegue a todos los rincones de Colombia; en el trabajo honesto individual y colectivo, que se reconoce y remunera dignamente; y que a su vez funciona como antídoto contra la corrupción y exorcismo al dinero fácil que marcó nuestra sociedad durante décadas.

Yo decidí regresar a Colombia con mi familia en 2006 para que nuestros hijos crecieran en su país, junto a sus abuelos, tíos y primos; y que tuvieran raíces ciertas para luego tener el mundo como su patria. Entendí, junto a mi esposa, que mi país es el mejor país del mundo PARA MÍ… y que aquí podía construir mi propósito de vida.

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¡No me he arrepentido un solo día de haber vuelto a Colombia! Es un país maravilloso, de GENTE INCREÍBLE; donde la inmensa mayoría es BUENA, trabajadora, luchadora, amable, emprendedora, creativa e innovadora. Entendí igualmente que, es en Colombia donde más puedo aportar y hacer la diferencia para crear un mejor futuro; pero, sobre todo, es donde podemos liderar los cambios necesarios para mejorar la vida de cientos, de miles, o inclusive millones de personas. Colombia es el PAÍS donde vive la gente que amo y admiro… es donde me quiero morir de viejo.

Desde marzo de 2020, cuando empezó la pandemia, me vengo preguntando qué puedo hacer por la vida y por la gente. Desde hace un par de semanas la pregunta cambió. Hoy mi pregunta es qué puedo hacer por Colombia. LA RESPUESTA: contribuir a IMAGINARNOS un futuro maravilloso y ESPERANZADOR, entre todos nosotros en un mundo que hoy está lleno de posibilidades. Eso solo será posible si nos cabe en la cabeza y en el corazón -y el corazón de los colombianos es gigante- allí puede cabernos el mundo.

Termino donde empecé, con una frase atribuida a San Agustín: “Seamos mejores que los tiempos, y los tiempos serán mejores”.

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