¿Sembrar árboles o que los siembren los animales del bosque?

En la lucha a favor de la continuidad de la vida en nuestro planeta y en contra del cambio climático, hay acciones que son cruciales, estratégicas e imprescindibles, como regenerar bosques y selvas; disminuir el consumo de energías fósiles; reducir el consumo de carne vacuna; desperdiciar menos comida y reducir, reutilizar y reciclar los productos que consumimos o utilizamos.

De esas tareas, algunas son del Gobierno, otras, de la empresa privada; y otras, de todos los seres humanos. En el caso de la regeneración de bosques y selvas, que es el tema de este artículo, dicha responsabilidad le corresponde al Estado y a los propietarios de los predios rurales.

En este caso, lo que se impone es reducir a cero la deforestación y revertir la situación actual. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) estima que se han perdido la mitad de las áreas forestales del mundo por el aumento de la población y la consiguiente demanda de tierras de cultivo y ganadería. Por su parte, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible reconoce que, en los últimos 30 años, Colombia ha perdido más de 6,7 millones hectáreas de bosque por causa de la deforestación.

Lo primero que se debe hacer, es conocer, o mejor, reconocer los colosales servicios ecosistémicos que ofrecen los bosques y selvas. Mi maestro, el científico brasileño Antonio Donato Nobre, dice que “la primera acción que se impone es la universalización y facilitación del acceso a los descubrimientos científicos, que pueden reducir la presión de la principal causa de la deforestación: la ignorancia”.1

Porque el árbol “no sólo absorbe gas carbónico y entrega a la atmosfera oxígeno, como nos lo enseñaron en la escuela; sino que además produce ríos de vapor de agua que después como lluvias favorecerán la recarga de los acuíferos; produce vientos beneficiosos; protege las playas de las olas; atenúa las inundaciones; morigera el clima; brinda diversidad biológica y, de ñapa, mejora los suelos al producir capa vegetal, entre otros servicios”.2

Es, pues, la gran maravilla de la naturaleza, la más portentosa fábrica de vida y el eslabón vital del ciclo del agua”.3

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De todos sus servicios, el más contraproducente para el medio ambiente es el de servir de combustible en forma de madera o de carbón. Gracias a la fotosíntesis, los árboles captan dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera y lo transforman en madera. Cuando quemamos la madera, la convertimos nuevamente en CO2, el principal gas causante del cambio climático.

Pero, ojo, la solución no es simplemente reforestar, es decir, plantar árboles. A menudo estas actividades terminan siendo jugosos negocios para contratistas, con resultados irrisorios o contraproducentes.

En Colombia se han desarrollado siembras arbóreas con fines productivistas, o en sitios no aptos, o en conflicto con la población, o de especies exóticas, o de una sola especie. Ha hecho carrera pasar por alto las bondades de la restauración natural y cada día son más cuantiosos los contratos de venta y de plantación de árboles, uno de los cuales, en Barranquilla, sobrepasó la estrambótica cifra de un billón de pesos.

Se requiere, entonces, restaurar los bosques nativos, para lo cual —la mayoría de las veces— no es necesario sembrar plántulas, sino propiciar que la madre naturaleza con su ejército de animales de monte —rastreros y voladores— lo haga.

Como lo constató el propio James Lovelock, el padre de la teoría Gaia, quien reconoció el error que cometió al sembrar árboles en su propiedad de Coombe Hill (Inglaterra) para acelerar la vuelta a la naturaleza; cuando lo que debió hacer era “dejar los campos sin tocar para que Gaia pudiera plantar a su ritmo no sólo árboles sino todo el ecosistema de un bosque“.4

Porque un bosque es mucho más que un conjunto de árboles: es la tierra con sus ríos, bacterias, insectos, pequeños invertebrados, matorrales, arbustos y, por supuesto, animales aéreos y terrestres, es decir, un ecosistema. Lovelock añade que la regeneración ecológica es mucho más efectiva y “hay una elegancia en el crecimiento natural de la que carece la ordenada disposición de los árboles plantados”.

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Un país con limitados recursos económicos como Colombia debe privilegiar la restauración natural a gran escala, pues la naturaleza “restaura gratis”, siempre y cuando no existan o se retiren las barreras que impidan o dificulten dicha regeneración. Es decir, permitir un suministro variado y constante de semillas dispersadas por los animales y/o el viento; y que se aísle la zona del tránsito humano y de vacunos, pues la naturaleza actúa con excelencia —únicamente— en santa paz.

Se debe apelar a la restauración asistida o plantar especies obligatoriamente nativas solo cuando los ecosistemas “están muy degradados o destruidos, han perdido sus mecanismos de regeneración y, en consecuencia, es necesario ayudarlos o asistirlos en su recuperación”.5

Porque, en el fondo, frente a la determinación de cual alternativa utilizar, se enfrentan dos conocimientos: el de “Gaia”, “Pachamama” o “Madre Tierra”, con millones de años multiplicando la vida a partir de la vida; y el de nosotros los humanos que, gracias a nuestros limitados conocimientos hemos llevado al planeta hasta el borde del cataclismo.6

Por eso, el presidente Petro, con su voluntad política para alcanzar la Paz Total, debe privilegiar la restauración natural con sus ingeniosos y efectivos mecanismos. Máxime ahora, cuando plantea el desmonte progresivo del servicio militar obligatorio para remplazarlo por el servicio social para la paz, en el que los jóvenes podrían cuidar zonas que deben ser aisladas para que actúe la naturaleza.

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En cuanto a las obligaciones de los dueños de los predios rurales con respecto a la restauración de bosques y selvas, vuelvo a mi cantaleta de siempre: que llegó la hora de que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible no se haga más el vendejabón y obligue a las corporaciones ambientales a hacer efectivo el contenido del decreto 1449 de 1977.

Este decreto obliga a los propietarios “a mantener en cobertura boscosa las áreas forestales protectoras, es decir, los nacimientos de agua en 100 metros a la redonda y a no menos de 30 metros de los causes de ríos, quebradas, arroyos y lagos; a no cultivar en pendientes de más de 45 grados y a que los propietarios de predios de más de 50 hectáreas mantengan en cobertura boscosa, por lo menos, el 10 por ciento de su extensión, o el 20 por ciento, si son terrenos baldíos adjudicados”.7

La restauración pasiva o natural, acompañada sí o sí por el aislamiento del territorio en recuperación; así como la educación ambiental para los dueños de los predios rurales, complementado con el estricto cumplimiento del contenido del decreto 1449 de 1977, son dos instrumentos esenciales para la regeneración de selvas y bosques, que es a su vez objetivo crucial, estratégico e imprescindible en la lucha por la continuidad de la vida en nuestro planeta y en la mitigación del cambio climático.

1 El Futuro Climático de la Amazonía. Antonio Donato Nobre, PhD. Pág. 26.
2 El árbol, maravilla de la naturaleza y eslabón vital del ciclo del agua, por Carlos Eduardo Calderón Yanten, PhD; Gustavo Eduardo Moreno y Pedro Luis Barco Díaz.
3 Ibídem.
4 La Tierra se agota. James Lovelock. Pag 225. Editorial Planeta.
5 Guías técnicas para la restauración ecológica de los ecosistemas en Colombia. Universidad Nacional 2012. Página 9.
6 El árbol, maravilla de la naturaleza y eslabón vital del ciclo del agua, por Carlos Eduardo Calderón Yanten, PhD; Gustavo Eduardo Moreno y Pedro Luis Barco Díaz.
7 Educación ambiental para los propietarios de los predios rurales, Pedro Luis Barco Díaz, Diario Criterio, 7 de agosto de 2022.
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Amazonia

4 Comentarios

  1. Ernesto Díaz Ruiz

    Enhorabuena tu artículo Pedroluis.
    Tema discutido y tratado en largas charlas niestras y tópico central de mi intención de hacer una película pedagogía animada, para niños, con tu colaboración.
    Está claro, comprobado y más que bien documentado el hecho de que, si la dejas en paz, la naturaleza cubrirá con su manto amoroso, pritec3tor y feraz, todo lo que toque.
    Aun se están descubriendo civilizaciones, ciudades y desarrollos humanos, cubiertos por la manigua en un par de décadas y ocultas para nosotros durante siglos.
    Inclusive algunas ciudades y asentamientos modernos, que han debido ser evacuados hace poco, ya estan cubiertos de bosques y selva.
    Reducir el consumo, reparar y reusar lo que aún sirva y reciclar lo pertinente, es un buen aporte del “ciudadano del común”.
    Gracias Pedroluis por tu escrito.
    ¡Recibe un fraternal abrazo!

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