‘Sensorium’: las historias ‘bogóticas’ de G Jaramillo Rojas

En su nuevo libro, publicado por Nueve Editores, el escritor G Jaramillo Rojas reúne una treintena de historias crudas e irreverentes para trazar un mapa y así captar el desenfreno de su ciudad: Bogotá. 

En Lentes para ver mejor, uno de los relatos que componen Sensorium: historias bogóticas, una optómetra escribe un texto en su muro de Facebook sobre la mirada de los capitalinos. Dice: “Los bogotanos miramos como si nos fueran a arrancar los ojos. Miramos con miradas que pueden ser, por momentos, idénticas. Pero no. En realidad, si uno se detiene sobre cada mirada, sobre todo cuando está perdida, se da cuenta de que todas son incomparables y enteramente disímiles (…). Lo cierto es que algunas veces –solo algunas veces– aquellas miradas aparentemente incomparables se convierten en la misma e insuperable mirada, acentuando la indestructible confusión del encierro que hemos sido, somos y seguiremos siendo”

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El acto de mirar a Bogotá –en toda su violencia, confusión, ruido, humanidad– recorre y da forma a Sensorium, el nuevo libro del sociólogo y periodista G Jaramillo Rojas. El autor, como si fuera el protagonista de El hombre de la multitud, el cuento de Edgar Allan Poe, se precipita dentro del torbellino de la ciudad en busca de sus habitantes y de las historias que esconden.

Así, en 30 viñetas cortas, Jaramillo recorre barrios como La Libertad, Modelia, Usaquén, Las Nieves y Kennedy Central, visita el parqueadero de la cárcel La Modelo y los conciertos de Rock al Parque, se detiene en plazas, entra a consultorios, se entromete en apartamentos privados, todo para pintar, con una prosa que nunca se aleja demasiado de un registro periodístico, una versión bogotana del Jardín de las delicias en la que el panel dedicado al infierno ocupa el lugar central. 

Sensorium, historias bogoticas - portada

Porque en Sensorium, Bogotá se alza como una ciudad desconectada, de afectos rotos, de monólogos perdidos bajo el raudal del ruido, de malentendidos y precariedad. Jaramillo Rojas no transmite su visión de la ciudad por medio de extensas descripciones físicas, sino por medio de las interacciones entre sus ciudadanos. En otras palabras, en su libro Bogotá es más un estado psicológico que un espacio geográfico: sus habitantes son el lugar donde desemboca y se materializa la hosquedad y la furia de la urbe. No sorprende, entonces, que se trata de una obra en la que abundan atracos, golpizas, asesinatos y caudales de sangre. 

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Pero Jaramillo Rojas también escribe con humor. El apunte inoportuno y la ocurrencia afilada se turnan para atenuar la violencia. También, en unos casos, el escritor le abre la puerta a un humor más inofensivo, como en la viñeta en la que reconstruye el (¿inventado?) origen de la expresión “mi perro” para referirse a un amigo, o en el divertido relato de un par de empresarios que crean un imperio de negocios a punta de juegos de palabras como “Miel Gibson” o “Gym Morrison”. En otras instancias, Jaramillo Rojas deja entrever un rayo de ternura o de solidaridad. Esos cuentos irradian una fuerza especial justamente por su cercanía con los demás relatos. 

Sensorium es un libro para leer, idealmente, en una sentada. La brevedad de los cuentos permite que, al leerlos de corrido, el lector sienta el vértigo propio de vivir en una ciudad como Bogotá. De esa manera, los relatos se acumulan y amalgaman, se tornan fichas de un rompecabezas que, una vez acabado, despliega un furioso e íntimo mapa de la ciudad y su “inagotable escala de grises”. También merece una mención las fotos de Dahian Cifuentes que, en blanco y negro, acompañan cada relato y que refuerzan la ilusión de que cada una de las viñetas del libro, por más inventadas que sean, tuvieron que haber ocurrido, y no en cualquier lado, sino en la ciudad de Bogotá.  

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