Sergio Fajardo, el eterno adolescente antipolítico

“Sergio Fajardo no brilla por sus conocimientos en materia económica. Parece que no le agradaran los temas macroeconómicos, que son esenciales para un gobernante nacional. Por eso, a Fajardo no se le ve como un estadista”.

En 1972, la famosa periodista italiana Oriana Fallaci entrevistó al secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger, en su momento de mayor esplendor. Era tal su fama que obtuvo el Premio Nobel de Paz 1973, pese a que era un redomado hacedor de guerras y un decidido partidario de sangrientos regímenes dictatoriales en Suramérica. 

Según la periodista, en Estados Unidos corría un chiste que mostraba su poder: “Imagina lo que sucedería si muriera Kissinger: Richard Nixon se convertiría en presidente de Estados Unidos”. Pues bien, a la pregunta de Oriana sobre cuál era la principal cualidad que debería tener un jefe de Estado, Kissinger respondió: “La inteligencia no sirve para ser jefe de Estado. Lo que cuenta en un jefe de Estado es la fuerza. El valor, la astucia y la fuerza”.

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Es una respuesta perfecta por parte de un hacedor de guerras de un país guerrerista y vendedor de armas como Estados Unidos. Allá requieren de un hombre que no le tiemble el pulso para declarar una invasión o una guerra internacional, respaldada en su descomunal capital bélico.

En Estados Unidos y en todas partes idolatran a gobernantes fuertes que inspiren respeto o temor. Acá en Colombia tuvimos a Álvaro Uribe, que apostó todo para ganar una inmemorial guerra interna y mostró la fuerza de la que hablaba Kissinger. Aunque no acabó la guerra. 

Así como Uribe fue un presidente con la fuerza y el tesón necesario para hacer la guerra, Colombia lo que en realidad necesita es un presidente con igual determinación y fuerza para consolidar o completar la paz. Y que además tenga una enorme valentía personal para reducir la infame desigualdad e inequidad existente.

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Que tenga las ideas claras y que las transmita con serenidad, convicción y determinación. No solo que diga que va a hacer, sino que clarifique cómo, cuándo y con cuánto lo va a hacer. Porque en estas elecciones los vientos claman un cambio sustancial frente al pésimo gobierno de Iván Duque y de la férula de Uribe.

Aunque hay otras opciones, básicamente tenemos tres: la de un continuismo representado por la Coalición de la Experiencia, la de un cambio moderado o tibio representado por la Colación Centro Esperanza y la de un cambio sustancial representada en el Pacto Histórico.

En huesitos y carnitas podría expresarse como una contienda que muy seguramente terminará entre Federico Gutiérrez, Sergio Fajardo (Gaviria fue una amarga decepción) y Gustavo Petro, claro está, si no se lanza Vargas Lleras. O mejor, entre Petro y el otro aspirante que pase a la segunda vuelta.

Sergio Fajardo
Sergio Fajardo

El lio es que Fajardo no habla con la suficiente claridad, y tengo dudas de que tenga la fuerza interna para aclimatar la paz y superar las inequidades, pese a que se trata de un aspirante maduro, fogueado, aunque algo maltrecho, por sus problemas con la Contraloría y la Fiscalía, de los cuales seguramente saldrá avante. 

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El caso es que no se le conoce su apuesta ideológica. No tiene preferencias doctrinarias ni en lo político ni en lo económico. Sergio Fajardo es un eterno adolescente antipolítico, con valores y principios muy respetables, con un buen recorrido académico y un notable éxito en su experiencia administrativa local y regional. Además, no se ha dejado contaminar por prácticas clientelistas.

Descontando el caso Hidroituango, del que afortunadamente está saliendo, está imputado por los préstamos en dólares cuando era gobernador de Antioquia, pese a que no hay en el ordenamiento jurídico norma que prohíba la adquisición de deuda en dólares. En todo caso, sí tiene responsabilidad política por haber materializado una desafortunada transacción en la que la Gobernación terminó pagando más de lo previsto. 

Es que Fajardo no brilla por sus conocimientos en materia económica. Parece que no le agradaran los temas macroeconómicos, que son esenciales para un gobernante nacional. Por eso, a Sergio Fajardo no se le ve como un estadista. Es un buen líder regional, un gerente que administra recursos. 

Es un hombre flojo para la denuncia en un país en que el propio Gobierno ha cometido crímenes reprochables. Aunque sé que siempre rechazará el monstruoso contubernio de política y narcotráfico, no lo hará de manera frentera y valerosa como lo hizo Galán el siglo pasado o como la hace Petro en el presente.

Lo único que tenemos claro es que si Sergio Fajardo no pasa a la segunda vuelta, cosa que es muy probable, volverá a votar en blanco y volverá a ver ballenas. Ojalá esta vez tenga suerte y las pueda ver, porque hace cuatro años se le escondieron.

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3 Comentarios

  1. Te equivocas de cabo a rabo se nota que nunca te has sentado a hablar con el. El día que lo hagas te darás cuenta cuando equivocado estás y si es posible que haya temas que no domine pero para eso existe el liderazgo colectivo que el SI practica a diferencia de los que posan tener título de economista y proponen disparates macro o microeconomicos, Fajardo sabe administrar y ha sido premiado por ser el mejor Alcalde y Gobernador del país y lo más importante no tiene tacha ética ni moral como otros que por una bolsa, unos carros de basura han hecho perder su estatura ética y perder dinero al país e incumplir lo prometido en campaña.

  2. ¿Con que Fajardo no es clientelista? ¿Notable éxito administrativo? Hombre, se ve que no habitas Antioquia ni conoces de sus actos en el departamento y en Medellín. Debes averiguar mejor para lanzarte a escribir tan flojamente sobre este señor que es un completo tarro empacado al vacío, es un paquete chileno en el mejor sentido de la expresión.

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