El mejor corresponsal en Colombia, Sergio Gómez Maseri

“Quiero rendirle un homenaje hoy a un corresponsal del diario colombiano El Tiempo que, pese a su rol tan específico en este medio, me ha parecido una de las mejores plumas de Colombia: Sergio Gómez Maseri.

Nada mejor que un buen artículo de prensa. Durante muchos años de mi vida he pensado que el periodismo bien escrito, inteligente, audaz me produce más placer que el texto de ficción, no importa si hablamos de narrativa corta o novela.

Por muchos años revisé los libros analíticos sobre periodismo para saber si los investigadores de la categoría de Omar Rincón, Germán Yances, Marisol Cano, Germán Rey, les interesaba ese asunto tan particular como es el de la escritura periodística. Mariluz Vallejo ha hecho increíbles recopilaciones con excelsos textos de cronistas y periodistas de muchos de nuestros periódicos, en los que se ha resaltado su potente voz. La escritura es parte del análisis que han hecho los expertos, pero en general me ha parecido que es un aspecto poco pensado y que vivimos en una sociedad que no se interesa de manera contundente por la buena escritura.

Incluso, quiero ser enfático, muchos de los considerados periodistas colombianos con más premios de periodismo no escriben tan bien como se cree. Es una verdad sabida por el gremio. Cierto, son polémicos, disruptivos e incluso originales; han sido tremendamente importantes para la sociedad. Otros son retardatarios, y curiosamente siempre escriben mal. Con excepciones como las de Plinio Apuleyo Mendoza el columnista de derechas es muy flojo. Pero la escritura descuidada, simple, aparatosa también la encontramos en el otro espectro ideológico. Es un asunto complejo que merece nuestra atención.

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Todo esto lo traigo a cuento por una razón: quiero rendirle un homenaje hoy a un corresponsal del diario colombiano El Tiempo que, pese a su rol tan específico en este medio, me ha parecido una de las mejores plumas de Colombia: Sergio Gómez Maseri.

Los reporteros del día a día tienen mucho menos reconocimiento que los grandes periodistas o los columnistas polémicos. El periodista del texto diario debe cumplir su tarea con precisión, con un manejo de fuentes apropiada y con una cierta economía del texto. He leído el periódico El Tiempo desde que tengo 16 años. He escrito artículos sobre ese diario en El Malpensante, Arcadia y Diario Criterio. Es un periódico que me obsesiona por su importancia y su rol político. Aunque mucho más afín ideológicamente a El Espectador, soy mejor lector de El Tiempo. Lo conozco más. Y desde que tengo memoria este corresponsal –que cubre exclusivamente Estados Unidos– me ha parecido muy potente en su exactitud, en el trazo de su escritura y en el manejo objetivo de fuentes.

Pero lo principal es que es un periodista que ha sido extremadamente juicioso en la construcción y lógica de los argumentos.

Construye los artículos casi como ensayos. En cada uno de ellos plantea intros poderosas, las tesis con argumentos sólidos, una descripción de los hechos y un trazo conclusivo potente. No es un escritor literario a la manera de un Caparrós. No es un Daniel Coronell con las mil y un revelaciones de ciertos asuntos. Nada es muy sorpresivo nunca en sus textos, pero es un periodista preciso en su acercamiento a la realidad. Para mí, eso es ser un gran reportero. Y, claro, esto no sería suficiente si además no conociera de lo que habla, es decir de Estados Unidos con su Congreso, sus partidos, su tradición política, su economía, sus fuerzas contradictorias. Al leerlo se siente que conoce ese país. Entiende sus variables políticas y las cruza con su historia reciente. Siempre lee una gran cantidad de informes, declaraciones y reportajes sobre los asuntos principales antes de mandar cualquier escrito.

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Es decir: es leído. ¡Cuántos periodistas de la prensa escrita y televisiva no lo son! Gómez Masari lee y lee mucho y eso lo sabe el lector. Eso es lo que uno busca de un corresponsal de un periódico. Además, al mismo tiempo es un periodista directo, fluido en su prosa, que engancha y que tiene muy clara la función del artículo. Me decía Javier Fandiño, investigador del Instituto Caro y Cuervo, que Sergio es la definición de lo que es un periodista eficaz. Un periodista con mucho oficio y que logra traducir eso en una escritura muy segura.

Aunque entiendo que escribe también para La Nación de Argentina, hoy quería agradecerle sus escritos en el diario colombiano, papeles que me han permitido entender múltiples veces lo que pasa en América. En medio de tanta vedetización del periodismo de opinión, la mala escritura del periodista de las redacciones (con los refritaderos de cables internacionales) y de la banalización de la opinión de las redes, hoy quería expresar mi aprecio por este corresponsal. Es un escritor de talla, y eso en mi pequeña vereda, pues se aprecia.

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