Sheriff Tiraspol y el fútbol patrocinado por los servicios secretos soviéticos

Bienvenidos a la nada”. Con graciosa síntesis describe una reseña (encontrada por Kervy Robles para la Revista Panenka) a la ciudad de Tiráspol, capital de la autoproclamada República de Transnistria. En esa nada, propia de los territorios menores de la Europa del Este, juega el FC Sheriff Tiraspol, el club de fútbol de la modesta liga moldava que derrotó al Real Madrid en la Liga de Campeones.

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Sin rodeos, al Sheriff lo identifica un blasón con una estrella de cinco puntas y su nombre en altas en medio. Pero su origen poco tiene que ver con la figura de autoridad asociada con el Oeste Americano (contracción de ‘shire reeve’, quien “imparte justicia en un condado“, término que se remonta al Medievo).

De un país autoproclamado y de fundadores del servicio secreto

En realidad, Sheriff es uno de los grandes conglomerados empresariales de Transnistria, oficialmente la República Moldava Pridnestroviana. Dentro de las propiedades del grupo están refinerías, grandes almacenes y distribuidoras de alimentos, bebidas alcohólicas y tabaco. En 1996 Sheriff funda el Tiras Tiraspol, que un año después se haría profesional y tomaría el nombre de su empresa propietaria, pasando a ser, finalmente, el FC Sheriff Tiraspol.

Lo interesante está en los orígenes de la empresa Sheriff. Tras el derrumbe del proyecto soviético, dos miembros de los servicios secretos de la República Socialista Soviética de Moldavia (RSS de Moldavia), Viktor Gushan e Ilya Kazmaly, fundaron el conglomerado Sheriff en 1993.

Sheriff, conglomerado empresarial de Transnistria, es apoyado por el gobierno local. Fundó el Sheriff Tiraspol en los años noventa.

Sheriff cuenta con el apoyo del gobierno de Transnistria que, al no ser reconocido internacionalmente, fortalece su economía local. Además, la soberanía de la región se fortalece de esta disputa con Moldavia. En sus orígenes, las tensiones entre las autoridades del Estado separatista en Tiráspol y el gobierno moldavo escalaron a lo bélico en 1992. La disputa terminó con un alto al fuego, que hasta hoy tiene a Transnistria como un Estado independiente, con un modelo presidencialista con su propio parlamento, ejército, sistema postal y moneda, el rublo transnistrio.

En definitiva, Transnistria es un remanente del conflicto postsoviético congelado, pero uno de aquellos que permanece en un limbo más inclinado a lo democrático. Incluso, la resolución diplomática es la que permite que el Sheriff Tiraspol juegue en la liga moldava a pesar de ser la metáfora deportiva del imperfecto proyecto soviético.

Servicio secreto y fútbol: un romance del siglo XX

Lo que no constituye novedad es la participación de los servicios secretos soviéticos en el fútbol. Desde comienzos del siglo XX, decenas de clubes al Este europeo surgieron gracias al apoyo de la policía secreta. Es el caso de la sociedad deportiva Dinamo, la más antigua de los países socialistas. Desde su creación en 1923, estuvo bajo el control del cuerpo policial de la Unión Soviética: el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD).

Bajo la sociedad Dinamo surgieron decenas de clubes en todo el territorio soviético, asociados a las fuerzas del orden en impopulares sine qua non. Destacan sobre todo el Dinamo Kiev, en Ucrania; el Dinamo Moscú y Dinamo San Petersburgo, en Rusia; el Dinamo Tbilisi, en Georgia, y el Dinamo Zagreb, en Croacia. Detrás de su éxito estaban el Comité para la Seguridad del Estado (KGB). Y a los extintos clubes alemanes de la sociedad los amparaba el Ministerio para la Seguridad del Estado (Stasi).

Con el patrocinio de estos clubes el proyecto soviético recogió grandes frutos. Sobre todo en su filial en Kiev. Allí, Valeri Lobanovski consagró al Dinamo de Kiev durante dos etapas como entrenador. En los años 70, en paralelo con el trabajo de Rinus Michels en Holanda y Barcelona, revolucionó el deporte con el fútbol zonal y la presión tras pérdida. Eso sí, en el Dinamo de Kiev contó con controvertidas ventajas para desarrollar su idea, asociadas con un rendimiento físico espléndido atribuido a la ciencia del dopaje financiada por las autoridades soviéticas.

Valeri Lobanovski llevó a sus más altas cotas al proyecto soviético en el fútbol europeo. Su Dinamo de Kiev ganó la Recopa de Europa en 1975 y 1986, y la Supercopa de Europa en 1975.

A finales de los 90, ya sin el amparo de las autoridades ucranianas, demostró que, a pesar de las ventajas competitivas de antaño, sus métodos se correspondían con el fútbol moderno. Durante esa época, de regreso al Dinamo de Kiev tras entrenar a la Unión Soviética y en países con poca tradición en el fútbol, acechó las competiciones europeas con un equipo que abastecía a un jovencísimo delantero local, el ahora reputado Andriy Shevchenko.

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En todo caso, lejos está la propuesta del Sheriff Tiraspol de la revolución de Lobanovski. Tampoco colabora a la empresa nostálgica la hipercomercialización del deporte. Lo que antes habría sido una confrontación entre el equipo apoyado por el franquismo y las fuerzas soviéticas en disputa con Moldavia, hoy es el batacazo de un improbable rival de la Copa de Europa, el Sheriff Tiraspol, contra el multimillonario (a pesar de sus días de austeridad) Real Madrid.

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