El alto costo de no tener partidos políticos que den salida al paro

Que hoy tantos sectores sociales lleven un mes en las calles y que no se logre levantar el paro muestra una ausencia y falta de claridad en las representaciones, los liderazgos y las vocerías para encontrar diálogos con el Gobierno.

Por Mireya Camacho, especial para Diario Criterio.

El Comité Nacional del Paro es la instancia más visible de diálogo y concertación. Sin embargo, hay otros sectores que no se sienten representados, en particular los jóvenes. Los pueblos indígenas, a través de sus organizaciones, también han tenido un papel representativo en las marchas y mingas desarrolladas en Cauca, Medellín, entre otros, o el caso de los puntos planteados por algunas universidades públicas y privadas.

En redes sociales se conocen a diario pronunciamientos, cartas a la comunidad internacional, al presidente, a los gobiernos extranjeros en los que un sinnúmero de sectores sociales presenta solicitudes, denuncias, apoyos, condiciones o gestiones para que el paro termine, como recientemente lo han hecho los gremios, empresarios o comerciantes para que cesen los bloqueos de las vías.

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Un mes en paro muestra de bulto dos graves problemas. De un lado, el malestar generalizado frente a las políticas gubernamentales, la difícil situación económica, los altos porcentajes de pobreza, la inequidad, y de otro, una profunda crisis de las instituciones democráticas en Colombia, entre ellas, los partidos políticos que no han sabido leer las necesidades acumuladas de la juventud y de la ciudadanía en general para convertirlas en soluciones; no han logrado servir de bisagra o correa de transmisión de las demandas sociales hacía el Gobierno.

En toda democracia, los partidos políticos son el puente o vaso que comunica los intereses de la comunidad con el poder público. Según el Consejo Nacional Electoral (CNE), los partidos políticos “son instituciones permanentes que reflejan el pluralismo político, promueven y encauzan la participación de los ciudadanos y contribuyen a la formación y manifestación de la voluntad popular, con el objeto de acceder al poder, a los cargos de elección popular y de influir en las decisiones políticas y democráticas de la nación”.

Como lo menciona Juan Cardona, analista y consultor político, a Diario Criterio:

Durante el paro nacional y las protestas, los partidos políticos han estado uno, dos, diez pasos por detrás de la ciudadanía. Hay una desconexión casi absoluta entre unos y otros, de allí que su rol en medio de esta crisis haya sido estéril cuando no mediocre o incluso ausente”.

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Partido Alianza Verde

Invitación al conversatorio para hablar de los cambios en Colombia, producto del paro y las propuestas de las candidaturas a la presidencia de Camilo Romero y Jorge Londoño.

Partido Liberal

Retuit del comunicado de prensa de la Corte Suprema de Justicia por el ataque al Palacio de Justicia de Tuluá.

Partido Conservador

Retuit de evento de condecoración de la Cámara de Representantes a las nuevas generaciones del partido conservador.

Centro Democrático

Retuit del representante Juan David Vélez por la presentación del proyecto de ley de la Política integral de migrantes en Colombia. 

Esta simple mirada es un indicador de la situación en la que están los partidos políticos frente al paro. Fabián Hernández, analista de medios de comunicación y democracia señala a Diario Criterio: “En general los partidos políticos en Colombia no exigen filiación, por consiguiente, no sabemos realmente qué representan y cuanto representan”.

Sus esfuerzos por llegar a los jóvenes son precarios. En su mayoría son dados por el personalismo a una figura específica a cuál seguir. Esto hace imposible que un partido conozca cuáles de las reivindicaciones que se hacen en la calle son realizadas por personas que los siguen. El paro les está poniendo una agenda que no tienen, que no trabajan”.

En momentos de tanta videoconferencia y de tantos influencers, los políticos se han dedicado a aflorar indignaciones, a buscar el oportunismo que a entregar a sus seguidores información clara sobre las posturas“, dice Hernández.

Una crisis de larga data

Esta crisis de representación de los partidos no se gestó hace poco. Historiadores y politólogos coinciden en que la debacle empezó desde el establecimiento nacional y se agudizó, paradójicamente, con la Constitución de 1991. Antes del pacto, como explica Daniel Pecaut, los partidos tradicionales, más que representar intereses de clases o gremiales, eran unas especies de entidades culturales que congregaban distintos tipos de individuos. En esa época se decía que el color del partido político pasaba de generación en generación y que si uno nacía siendo liberal o conservador, moría siéndolo.

Cuando surgió el Frente Nacional, explica Jonathan Hartlyn en su clásico libro La política del régimen de coalición, esta identidad partidista se desvaneció. Al alternarse el poder en la presidencia y dividirse por mitades los puestos en las demás ramas del Estado, los votantes perdieron a la identidad con el liberalismo y el conservatismo. Por su parte, los políticos de ambas colectividades se dedicaron a fortalecer sus maquinarias electorales en las relaciones para mantener su representatividad en el congreso y en el Gobierno nacional. Así los partidos se convirtieron en máquinas electorales en donde poco o nada importaba la representación popular.

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La Constitución de 1991, al otorgar una mayor participación democrática a otros sectores sociales, aumentó la crisis de los partidos. Surgieron nuevos movimientos políticos que buscan representar distintos intereses, pero rápidamente se convirtieron en maquinarias políticas y empezaron a hacer los mismo que hacían desde décadas anteriores los liberales y los conservadores. Entretanto, las reivindicaciones sociales comenzaron a ser tratadas por otros mecanismos. Llama la atención que en los últimos 30 años los mayores avances sociales no hayan sido hechos por los partidos políticos, sino por medio de la tutela y de la Corte Constitucional.

Así las cosas, la crisis de representatividad política actual es el culmen de un proceso histórico. Ahora la pregunta que queda en el aire es la siguiente: ¿Les importa a los partidos esa crisis? ¿O se sienten cómodos con esos mecanismos clientelistas que han desarrollado para mantener su representatividad en el Congreso y en el Gobierno nacional?

Es el momento electoral para que los partidos políticos recuperen el rol democrático que tienen, escuchar ese clamor y malestar que día a día va aumentando y convertirlo en propuestas que solucionen las problemáticas históricamente no resueltas. También es un camino para crear nuevos partidos o movimientos políticos. Sin partidos, la lucha por movilizar temas hacía la agenda pública es más lenta, costosa y poco efectiva.

Sobre esto, Cardona señala: “Ahora vemos que algunos partidos están intentando entender lo que pasa en las calles en una situación que los sobrepasó, y que otros buscan votos como pescador en río revuelto; los unos han optado por ratificarse como partidos institucionales (en vez de partidos de masas) y los otros simplemente brillan por su ausencia, en un rol pasivo que raya en la desidia”.

Pero todos se parecen en una cosa: hoy son simples espectadores y no actores de primera línea en los que se pueda encontrar una salida a la crisis”.

Cerca de completar un mes de paro nacional, el balance por donde se vea es desalentador. Y mientras las instituciones democráticas como los partidos políticos no reivindiquen como propias las reclamaciones de los transportadores, los estudiantes, los docentes, las centrales obreras, los pueblos indígenas, los sectores productores, entre muchos otros, el proceso de diálogo y concertación va a ser más difícil y lento.

El llamado a los partidos es para que revisen sus agendas y desde cada una de sus propuestas no esperen hasta las próximas elecciones, sino que, desde ya, acompañen a la sociedad como sus verdaderos representantes.

Foto: Anadolu-Juancho Torres

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