Las diez parábolas del arzobispo de Cali sobre el paro, el gobierno y el país

Muy fiel a su estilo frentero, monseñor Darío Monsalve habló sobre el estallido social que padece Colombia tras 15 días de paro, con polémicas opiniones sobre los bloqueos de vías, los saqueos y el vandalismo.

Colombia y el mundo ya están acostumbrados a las explosivas declaraciones del arzobispo de Cali, Darío Monsalve, que se ha ganado fama de no tener pelos en la lengua y exponer sus duras posturas, sin medirse en diplomacias, en contra de los abusos e injusticias contra los desprotegidos.

De ahí que una de las voces más esperadas para hablar del paro nacional sea justamente la de monseñor Monsalve, y que llegan en medio del estallido social que vive la capital del Valle desde el pasado 28 de abril y deja decenas de muertos, miles de heridos, cientos de desaparecidos, pérdidas millonarias aún no cuantificadas y una ciudad desabastecida.

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Las declaraciones del arzobispo siempre sacuden al Gobierno y a la Iglesia. Su más reciente terremoto político lo causó al asegurar que el Gobierno Duque era tirano y genocida; o cuando criticó al Gobierno Santos por no preservar la vida del máximo jefe de las Farc, Alfonso Cano, abatido por el ejército el 4 de noviembre de 2011.

Pero detrás de esa cruda irreverencia hay un hombre de fe, generoso, misional y con amplia experiencia en el diálogo y la comunicación entre polos opuestos. Todo un gestor de paz.

En la mañana de este jueves 13 de mayo, rompió su silencio en La W radio durante 52 minutos y explicó que lo hizo porque en el fondo sentía que tenía muchas cosas para decir. Y las dijo. Algunas muy duras y controversiales, y otras con el tono conciliador que lo caracteriza. Aquí resumimos las diez ideas concretas de su discurso radial.

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1. Protesta y diálogo

El arzobispo no se opone a la protesta y mucho menos al diálogo, pero coincide con los propios manifestantes en que, antes de llegar a una concertación, es el Estado el que debe garantizar sus derechos.

“He sugerido dos consignas; una protesta sin armas y eso es toda una expresión, es volver las calles a la gente; y lo segundo, concertación con garantías. Eso significa un compromiso de inclusión inmediata, una anticipación de derechos no reconocidos a sectores de reclamantes, sobre todo en los puntos de bloqueo y una estrategia de conversación pronta, porque no son diálogos alargados, dilatados, sino de anticipar derechos, como es el deber del Estado, ya que mucha gente de los que están en las protestas no son sujetos de derechos. Para ello, pues lógicamente el esquema militar no ayuda, en la medida en que se disparan armas dentro de la ciudad”.

2. Indignación represada

Monseñor Monsalve cree que los actos de vandalismo y saqueos son una expresión de una actitud e indignación represada de los manifestantes.

“Hay una actitud represada en el alma de la gente que se ha expresado también con saqueos y vandalismo en algunos sectores (…). Todo este tema de destrucción es un simbolismo en relación con la carestía, con la opresión que siente la gente en términos económicos”.

3. Ejército y Policía como fuerzas disuasivas

Una de sus posturas polémicas, y que va en contravía de la mano dura que se proclama desde el uribismo y el mismo gobierno, tiene que ver con la idea de convertir al Ejército y Policía como fuerzas disuasivas de los ciudadanos que protestan.

“La verdad que es muy difícil (saber quién dispara) y yo estoy tratando solo de que no disparen, porque aparece gente disparando por todos los lados, se han movido por toda la ciudad como ´pedro por su casa´, se han identificado carros de alta gama, blindados, a veces escoltados aparentemente por la policía, o realmente, se ha confundido los carros de la policía con hombres armados que bajan y disparan, se han encontrado implementos, bueno ha habido de todo”.

El tema es lograr que no disparen y he propuesto que el Ejército y la Policía sean fuerzas disuasivas”.

Le he dicho al general Hoover Penilla (subdirector de la policía) que hay que reconciliar a la policía con la ciudadanía, porque las imágenes de lo de Bogotá en épocas anteriores, meses anteriores y lo de ahora en Cali, para no hablar sino de esas dos grandes ciudades, son realmente desalentadoras y desgastadoras; entonces necesitamos que la policía reorganice a sus unidades para proteger a quienes también hay que reconocer como sujetos de derecho a la vida”.

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4. Desarmar a la policía y a los civiles

El jerarca de la Iglesia católica en Cali fue más allá al pedir que la policía debe acompañar los bloqueos, pero desarmados, y criticó el rearme de la población civil.

“Que en cada punto de bloqueo haya una unidad de policía con radios o lo que sea, pero sin armas de fuego, pero debidamente coordinados y que en la ciudad haya retenes por toda la malla vial del Ejército, como en otras épocas, pero fundamentalmente para que hagan requisas, detectar armas y sancionar a quien las lleve; hay que congelar el porte de armas, hay que congelar el uso de armas amparadas y de permisos“.

Yo siempre he dicho que esta es una ciudad con un arsenal por donde la mire; seguridad privada, particulares, gente con armas amparadas, pandillas urbanas, milicias, entorno geográfico de un policrómico inmenso, mar de gente en distintas cosas, que las disidencias, nombres interminables de mencionar y todos peleándose por los territorios, las rutas, de los ríos San Juan, Mira, Naya, que junto con el océano hoy por hoy forman la ruta más grande no solo para el tráfico de narcóticos, lavado de activos, sino de tráfico de armas, contrabando y trata de personas. Entonces hay unas economías ilegales muy fuertes, muy poderosas y van cooptando a todas estas organizaciones. El riesgo es que todo ese entorno se una con el arsenal urbano y se genere una situación irreversible estilo ciudades del oriente (Siria)”.

5. No satanizar el bloqueo

Para monseñor Monsalve, los bloqueos son una herramienta de protesta de los sectores excluidos y estigmatizados.

“Que no se satanice el bloqueo. El bloqueo es el único elemento que tuvieron estos sectores excluidos tradicionalmente en sus territorios y jóvenes barriales estigmatizados y degradados en su forma de vivir”.

A esos 50.000 jóvenes en Cali, no sé cuántos estarán en la protesta, tradicionalmente excluidos, pues hay que decirles ustedes: ‘también son un yo, un sujeto de derechos’. No les podemos decir ´yo amo a Cali´, no. Tenemos que decirles, al contrario, ´Cali me ama´; ellos tienen que sentir que ellos también son incluidos. Esta tarea de inclusión inmediata exige también que todos dejemos la confrontación y nos metamos también en una cooperación de salvamento colectivo (…) Sí a la protesta, no al bloqueo, pero no se dan cuenta que también esa gente que hace los bloqueos la está pasando muy mal, tienen víctimas, sus familias que eran sostenidas por tal muchacho, [que] está ahora desaparecido, encarcelado, o muerto, o herido, o fugándose. Cuando la gente está en una protesta es verdaderamente porque no tiene mínimos vitales. Si tú le dices a un muchacho ‘deje pasar comida’, pero a ese muchacho no le ofreces comida. (…) Siempre lo he dicho, si se meten a sacar los bloqueos a la brava, es darle el estartazo al arsenal que es Cali. (…) Eso es un punto de inflexión (los bloqueos) donde el instinto de conservación hay que convertirlo en instinto de cooperación, estamos en una emergencia ya o ya y es vida o muerte. El mecanismo de los bloqueos no es nuevo. Recuerden que Popayán estuvo bloqueado 45 días así en estas condiciones y sobrevivió; Buenaventura estuvo 23 días en el paro cívico en estas condiciones y sobrevivió”.

6. Militarizar fue un error

El arzobispo Darío Monsalve remarcó varias veces el error que significó militarizar las ciudades, especialmente Cali, y argumentó que el Gobierno tomó esa decisión por petición el poderoso sector económico.

“En Cali, por ejemplo, y esto lo digo con todo el cariño y respeto, los sectores fuertes económicos pidieron la intervención militar ante los destrozos del paro. El Gobierno acaba de justificar en esos destrozos la acción militar, se dio todo lo que se ha dado en Cali y que está por esclarecerse y establecer responsabilidades, incluida la del domingo con 10 o 12 indígenas heridos, algunos al borde de la muerte; esto los hizo sentir que los militares eran la solución, pero rápido en sus reuniones el sector económico de Cali entendió que no era por ahí, sino que era el camino de la concertación”.

7. Peticiones concretas

El arzobispo caleño adelantó lo que, según él, son las cuatro concesiones concretas iniciales que debe ofrecer el Gobierno a los manifestantes que lideran los bloqueos en las ciudades.

“Esta gente no está pidiendo el oro y el moro, ni está pidiendo hacer grandes revoluciones, sino que comencemos a abrir el camino de la inclusión inmediata y ese es el que estamos componiendo y yo los traduzco en tres (cuatro) puntos concretos: 1) Protección a la vida de esos reclamantes en los puntos de bloqueo. 2) Mínimos vitales para esos puntos de bloqueo. 3) Solidaridad con las víctimas de estos jóvenes y estos territorios, porque esta vez la protesta los protege a ellos, las familias y los vecinos están solidarizados con este tipo de jóvenes que antes del paro anterior eran solo los vecinos quienes se movían en el territorio, ahora están en torno a los puntos de resistencia y que nosotros llamamos de bloqueo, de diálogo y de encuentro. 4) Garantías jurídicas; ahí hace falta la Fiscalía con la anticipación de posibilidades de no judicialización, excarcelación de los que no tienen pruebas. (…) Todo eso vale centavos al lado de lo que cuestan las pérdidas y de lo que valen las pérdidas de vidas humanas, animales, de todo”.

8. Puente de confianza

Monseñor Monsalve reveló que, desde la orilla radical de quienes piden mano dura contra los manifestantes, han sido intransigentes frente a sus esfuerzos por lograr puentes de concertación, pero que, pese a ello, él y la iglesia seguirán en esa gestión.

“Se logra mucho con la palabra. A las personas que me han dicho, yo no soy inhumano, yo también siento rabia, pero no tengo ni odio ni rencor con nadie; yo he estirado siempre mi mano a la izquierda y a la derecha. He encontrado dentro de los sectores radicales, los indígenas, las negritudes, las plataformas ideológicas, los estudiantes, educadores, la subversión, los paramilitares, hemos encontrado muchas respuestas de querer llegar a un punto de acuerdos de paz, pero desde el otro lado, la otra orilla, ha sido mi gran sorpresa: estiro la mano y he encontrado la respuesta ‘no’ total, porque parcialmente hay gente que trabaja con nosotros, incluso empresarios, pero una respuesta mayoritaria intransigente; esa intransigencia ahora debe convertirse en cooperación y esa voluntad armada, y que es a bala que vamos a cambiar este país, debe volverse cooperación”.

9. Gobierno provocador

El sacerdote no duda en calificar al Estado colombiano como responsable de este estallido social para el que el actual gobierno encendió el fósforo, si bien, aclara, se trata de un descontento acumulado.

“En primer lugar, en el Estado colombiano las estrategias no pueden ser dilación, porque el Estado colombiano ha sido provocación. No podemos mentirnos: esto fue provocado y está siendo provocado. La reforma (tributaria) fue sencillamente el fósforo final de una cantidad de fósforos de promesas incumplidas. (…) Todo eso lo que genera la protesta, y ahora genera un paro que es agónico y que se une a una situación trágica con la pandemia, (…) sume todo eso y el resultado qué es: parálisis. ¿Vamos a seguir con eso? Hay que cambiar esa estrategia. Aquí no es el problema de una Conmoción Interior para establecer un Estado autoritario y a la brava y con armas, ya eso el mundo ni la comunidad internacional lo va a aceptar. Ese no es el camino”.

10. Legitimar al Gobierno

Este es quizás el argumento más duro del arzobispo Monsalve, al sugerir que el Gobierno debe legitimar de nuevo al Estado.

“Hay que saber leer esto y yo creo que el tema es que ya no estamos en una situación donde es la legalidad y punto a sangre y fuego, no señor. Le aseguro que este país que ha tenido más del 50 por ciento de abstención (electoral) en muchas ocasiones. Este país, donde posiblemente todo el mundo tenga cédula y a veces las cédulas de los muertos se utilizan también para los fraudes, este país donde mucha gente no sienten que hay un Estado, que hay ciudadanía, que ellos no son parte de este país, porque es un país complejo, multiétnico, con un abandono de los social pasmoso, porque el Pacífico no existía para el Estado, vino a existir ahora con el libre comercio internacional; toda esta forma de entender el país, de venderle el país al extractivismo, a entregárselo para montar seguramente negocios gigantescos de importación de maquinarias mineras, lo que sea, todo esto le ha hecho mucho daño a la sociedad colombiana. Ya estamos en una situación larguísima de ilegalidad, la economía no está ya más ilegal que legal”.

A veces hasta la misma gente piensa que el Estado maneja la economía ilegal, por miembros del Estado, por la corrupción. La contratación con coimas es economía ilegal, lo de Odebrecht, los puentes que se hacen, costosísimos, y al otro día se caen. Entonces, este es un país que necesita caminar hacia la legalidad, pero no hacia la ley; a la legitimidad, pero no hacia los gobiernos; los gobiernos tienen que legitimar al Estado para poder ser legítimos”.

7 Comentarios

  1. Gustavo Patiño Alvarez

    Importantisimos aportes por parte del Reverendo Sacerdote. La iglesia al lado de los mas necesitados y vulnerables y atacar a los que quiren la guerra y pregonan el caos y la muerte.!

  2. Estoy totalmente de acuerdo con Monseñor Dios lo bendiga siempre la Virgen lo cubra con su inmaculado manto .Admiro su valentía y apoyo a los más necesitados 🙏🙏

  3. Importante reflexión monseñor, soy especialista en DDHH y he trabajado con comunidades vulnerables así que puedo entender perfectamente su postura, pregunto si esta opinión es compartida por la iglesia católica porque entonces los veo de manera tímida participando en los diálogos? Recuerde Monseñor que la iglesia juega un papel muy importante en la sociedad.