Teatro Colón: más de 500 millones en daños por las protestas

El espacio cultural, uno de los más importantes de la capital del país, fue afectado durante las manifestaciones del fin de semana pasado. 

El sábado pasado, cuando las marchas y las manifestaciones por el paro nacional pasaban por el centro de Bogotá, un grupo de personas comenzó a atacar las instalaciones del Teatro Colón, uno de los lugares de patrimonio cultural más representativos del país. 

Ya había pasado el miércoles, cuando en una manifestación parecida, algunas personas tiraron piedras contras los vidrios del segundo piso y rompieron la marquesina y unas placas para guiar a los turistas. 

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Pero esta vez fue mucho peor: más de 100 manifestantes se metieron a las obras de remodelación del teatro, amedrentaron a los trabajadores y dañaron parte de la infraestructura y los materiales de trabajo

Mauricio Córdoba, director general de la obra, y quien estaba presente en ese momento cuenta que todo ocurrió hacia las 5 y 30 de la tarde:

“Violentaron el cerramiento y se metieron como una turba. Rompieron 10 o 12 vidrios, levantaron el mármol que tenemos apilado para defenderse contra el Esmad, atacaron nuestro almacén y se llevaron las herramientas”, explicó. 

Según él, los manifestantes rompieron 200 metros cuadrados de mármol, dañaron la puerta de la Casa de Liévano y se llevaron todos los extintores, las hachas, los taladros, los pulidores y los arneses de seguridad. 

Es más, también se llevaron computadores y dotaciones personales de los contratistas

Aunque el saldo total de los daños está por definirse, los cálculos iniciales hablan de más de 500 millones de pesos. Un costo que se le suma al proceso de remodelación, que comenzó en 2017 y está previsto para entregarse en diciembre. 

Hay una diferencia: las estatuas emplazadas en lugares públicos apelan a la memoria de los pueblos y de las ciudades, y son un territorio en disputa política. 

“Este tipo de daños afectan la posibilidad de nuestros artistas, de nuestros creadores, de nuestros gestores a ejercer su trabajo, y afectan la integridad física y psicológica de nuestros colaboradores”, explicó el ministro de Cultura Felipe Buitrago.

Él culpa a grupos delincuenciales organizados que, según dijo, “han venido atacando de manera sistemática infraestructuras culturales”.

Sus palabras hacen referencia a los ataques de varios grupos a las estatuas, como la de Sebastián de Belalcázar, en Cali, o la de Antonio Nariño, en Pasto. 

Si bien hay una diferencia: las estatuas emplazadas en lugares públicos apelan a la memoria de los pueblos y de las ciudades, y son un territorio en disputa política. 

En general muestran a quienes admiramos y honramos como sociedad, en algún momento. Pero estos valores suelen cambiar con el paso del tiempo.  

Por eso en lugares como Estados Unidos también se han dado casos de manifestantes que tumban las estatuas de generales confederados que fueron esclavistas. 

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Y en Inglaterra, otros manifestantes intentaron bajar una estatua del mismo Winston Churchill, considerado por muchos como el mayor héroe de la Segunda Guerra Mundial. 

Julian Hayter, historiador de la Universidad de Richmond, le explicó a Business Insider Today que quienes atacan estas figuras “no le declaran la guerra a las estatuas, sino a las historias detrás de ellas” 

Hayter también dice que “estas estatuas pueden estar levantadas sin ningún contexto, pero fueron diseñadas para contar una historia, para reescribir la historia y, esencialmente, justificar la segregación racial”.

El caso del Colón es distinto: no solo es patrimonio cultural de la nación, sino que fue construido por el arquitecto italiano Pietro Cantini, con ornamentación y decoración del suizo Luigi Ramelli, y está en pie (en su forma actual) desde 1892.

A diferencia de las estatuas, y más allá de su nombre, el teatro no representa ningún tipo de disputa política como la de Sebastián de Belalcázar. 

Una remodelación entre polémicas 

Su remodelación, además, es un viejo sueño del Ministerio de Cultura, que comenzó en el Gobierno de Juan Manuel Santos y continúa en el de Iván Duque.

El objetivo es agregarle al teatro una sala secundaria con capacidad para 600 personas, un sitio de ensayo para la Orquesta Sinfónica, un espacio multiuso, un restaurante, una cafetería, un depósito de escenografía y un edificio de producción. Actualmente va en su tercera fase.

La obra no ha estado exenta de polémica. Varios arquitectos se han quejado de que los planes no guardan relación con el patrimonio del centro de la ciudad ni con el teatro original (una joya arquitectónica) y lo califican como un “asalto al paisaje urbano”. Otros se quejan de los retrasos y de los posibles sobrecostos. 

La obra ha sufrido varios aplazamientos y para abril de 2019 ya había sobrecostos por 20.000 millones de pesos

De hecho, la obra ha sufrido varios aplazamientos y según un reporte de la Veeduría Especializada Ciudadana y la Contraloría, para abril de 2019 ya había sobrecostos por 20.000 millones de pesos en la cimentación y los muros de contención de la construcción.

El Teatro respondió que esos costos adicionales se deben a que, para no afectar tanto el entorno, las directivas escogieron una propuesta arquitectónica en la que la mayor parte de las obras son subterráneas (hay 4 niveles por debajo del suelo) y han tenido que excavar 28 metros desde el andén. “Eso conllevó a la modificación estructural del proyecto, que implicó ampliar el ancho de los muros de contención que pasaron de 30 centímetros a un promedio entre 80 centímetros y 1.2 metros”, dijeron en esa época. 

Desde entonces la remodelación ha estado en la lupa de algunas organizaciones. Aún así seguía su curso y estaba prevista para entregarse en diciembre. Habrá que ver si lo ocurrido el sábado implica algún tipo de aplazamiento. 

Porque más allá de las situación actual y de las causas justificadas de la movilización social, no hay duda de que el Colón es un hito importante para la cultura y la arquitectura del país. Un patrimonio histórico que hay que proteger y que salvaguardar, por encima de las discusiones sociales o políticas

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