Teto (1969-2023)

“Creo que Teto vivió una vida honesta. Tal vez sea esa honestidad la que envuelve los recuerdos en este dolor”.

Supongo que era un jueves, tal vez la media noche o más tarde. Nos encontrábamos en medio de una requisa en un parque de la Zona Rosa en Bogotá dos melenudos, tres tombos y un bareto, objeto de la requisa, el cual pasó desapercibido por haberse alojado milagrosamente dentro de un hueco del bolsillo de la chaqueta de Teto. Evitamos así la visita a la estación y logramos regresar justo a tiempo a Saint Amour para que Teto tocara el segundo set de la noche.

Me aferro a este recuerdo con fuerza para aceptar más fácilmente su partida. Ocurrió en la época en la que fuimos más cercanos, hacia 1991 o 1992. Éramos dos flacos pelilargos, compartiendo la noche musical de Bogotá por razones diferentes: amor a la música y amor a la música (cantante). Me fui del país en 1993. Durante el resto de la década nos vimos con alguna frecuencia, en Bogotá o en mi ciudad de residencia cuando pasaba de gira con Vives o Bloque. Me producía profunda alegría verlo escuchar y disfrutar de bandas que yo había descubierto y que le grababa o lo llevaba a ver.

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Durante la primera década del 2000 nos vimos con menos frecuencia: cada vez que visitaba Colombia pasaba por la Candelaria, me colocaba debajo de la ventana de su apartamento y gritaba su nombre. A veces se asomaba, a veces no. Ya para la segunda década de este siglo dejamos de vernos, aunque me mantenía informado de su vida por amigos mutuos. No recuerdo la última vez que lo vi: tal vez hace 10 años.

Supongo que por eso el recuerdo de esa noche hace más de 30 años me invadió al recibir el texto de un amigo la semana pasada con la noticia. Sentí un gran vacío, el cual me sorprendió al no corresponder con el enfriamiento de nuestra amistad los últimos años. El pasado tiene una manera de agazaparse en el presente y de repente saltar y dejarse sentir. Más que su muerte me tomó por sorpresa el dolor que me causó. Ya van 10 días y solo ayer se me ocurrió intentar escribir algo. ¿Cómo escribir sobre alguien cuya cercanía yace en el pasado y no el presente? ¿Cómo reconocer su ausencia y celebrar su vida sin presumir nada? ¿Cómo reivindicar las lágrimas?

No sé si los caminos que tomó Teto en su vida le sirvieron para el último y más importante reto. Quisiera creer que sí. En todo caso, los caminos que uno decide tomar no son ni verdaderos ni falsos, ni más ni menos auténticos. Eso sí, se pueden tomar con mayor o menor honestidad. Y creo que Teto vivió una vida honesta. Tal vez sea esa honestidad la que envuelve los recuerdos en este dolor.

Un profundo sentido pésame a su familia, amigos y admiradores.

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