‘The Amusement Park’ vuelve de entre los muertos: la historia tras la pesadilla perdida de George A. Romero

En 2018, el escritor Daniel Kraus anunció que había encontrado una copia de una película “perdida” de George A. Romero, el padre de los zombis en la cultura popular moderna y miembro del olimpo del cine de terror. Romero había fallecido en 2017, pero su mordaz obra resucitaba de entre los muertos, una metáfora manida pero que se ajusta a lo sucedido con la inédita cinta.

El metraje fue el resultado de una combinación extraña: una película de no más de una hora, financiada por una asociación luterana para concientizar sobre el maltrato a los adultos mayores en Estados Unidos.

La película fue descartada por obvias razones. A pesar de tener la destreza visual del cine de bajo presupuesto de Romero, lo que filmó era una perturbadora crítica social para la que el público de Pensilvania en 1973 no estaba preparado.

La larga espera

Más de cuatro décadas después, el descubrimiento de Kraus puso en marcha la tarea de restaurar la cinta, llevada a cabo por la organización IndieCollect y la Fundación George A. Romero. También ayudó otra copia que tenían en su poder los organizadores del Festival de Torino.

La cinta fue exhibida en 2019 en unos cuantos festivales internacionales y de género, y durante un par de años continuó siendo un misterio para el resto de fanáticos del terror y la obra romerista. “El film es demasiado poderoso para la sociedad estadounidense”, comentaba el académico Tony Williams después de verla. “Es la película más aterradora de George”, aseguraba Suzanne Desrocher-Romero, viuda de Romero. La expectativa estaba por los cielos.

Esta semana, tras 48 años, The Amusement Park por fin pudo ser vista por el gran público. La plataforma de streaming, Shudder, dedicada al cine de terror, la estrenó el 8 de junio. Puede ser vista en el hemisferio norte sin mayores inconvenientes, pero en América Latina los nichos de cine de género y de horror no han tardado en acceder finalmente a la obra.

Un autor político

The Amusement Park cuenta la historia de un anciano de 71 años que vive una auténtica pesadilla a plena luz del día en un parque de diversiones. Como es regla en el cine de Romero, todo significa otra cosa, y la carga política define los acontecimientos. En este caso, lo que le sucede a un hombre mayor al que nadie respeta ni le permite divertirse, y en donde el resto de la sociedad emula la esencia alienada e indiferente del zombi popularizado por Romero.

A pesar de los muchos problemas y frustraciones del mundo, nadie niega que existe un compromiso básico, motivado por vivir, estar activo y contribuir. Hay un gusto en vivir disponible para aquellos que pueden interactuar con la naturaleza, con sus semejantes”, comenta en un prólogo Lincoln Maazel, quien protagoniza la película. “Desafortunadamente, esta interacción le es negada a muchos grupos por muchas razones. Ingreso económico, privaciones ambientales, accidentes geográficos. Quizás la causa más triste de negación y rechazo es, simplemente, ser viejo”.

Encomienda para salir de apuros

Tan solo cinco años después del estreno de La noche de los muertos vivientes en 1968, su obra maestra y una de las películas más influyentes del cine de terror, George Romero se encontraba en apuros.

La noche fue exhibida sin abonar derechos de autor por un error de la productora, por lo que Romero y el equipo que participó en ella no se benefició económicamente del éxito de la cinta. Luego, Romero se aventuró a hacer la comedia There’s Always Vanilla (1971) y Season of the Witch (1972), ambas de miserable recaudo en taquilla y que lo dejaron en aprietos financieros.

Por aquella época, la Lutheran Service Society lo contactó para aquel trabajo menor: dirigir una película educativa acerca de las crueldades que padecían los ancianos en la sociedad estadounidense.

George Romero, en un fotograma de The Amusement Park.

Romero, sin margen de maniobra, aceptó. Los luteranos, confiados en que él era de la misma ciudad de la sociedad y trabajaba con poco presupuesto, le dieron libertad creativa. Pero tras un par de exhibiciones, la película fue archivada. Nadie culpa a los luteranos por no estar al tanto de que, para realizar un video educativo, habían contratado a un autor que buscaba hacer catarsis entre el terror y la coyuntura social. El resultado les tuvo que parecer más perturbador, cínico y extraño de lo que tenían pensado.

En todo caso, la simpleza de la encomienda luterana le habrá permitido a Romero divertirse por completo con los recursos narrativos del cine. The Amusement Park tiene secuencias de poderoso cine mudo, acompañadas de los insoportables sonidos de feria, que complementan el desconcierto del viejo personaje. Además, la palidez que adquirió el metraje la deja en un extraño péndulo entre los colores vibrantes del verano y el cine antes del color.

El legado de Romero

The Amusement Park resucitó, y sobrevivió a las expectativas. Es una cinta cercana al cine de ficción de oficio, una tarea propia de los directores del interior de Estados Unidos, que se forjaban haciendo spots publicitarios e institucionales. Como Romero, surgieron de esta tradición Herk Harvey (Carnival of Souls, 1962), Tobe Hooper (The Texas Chain Saw Massacre, 1974), o Sam Raimi (The Evil Dead, 1981). Mientras tanto, los cineastas del Nuevo Hollywood aprendían el oficio en los estudios de televisión en las costas norteamericanas, antes de la revolución de los años 70.

Durante su prolífica carrera, Romero reivindicó al género del terror como el vehículo audiovisual para deconstruir a la sociedad y al poder y ponerlos ante un macabro espejo. Romero retrató al racismo, la sociedad de consumo y los medios de comunicación como agentes del miedo. Incluso, recreó las malas prácticas políticas en tiempos de pandemia en The Crazies, película profética de 1973.

Lincoln Maazel protagoniza The Amusement Park. Trabajó de nuevo con Romero en Martin, el amante del terror (1977).

Uno de tantos ejemplos es El amanecer de los muertos (1978), la segunda entrega de su saga de los muertos vivientes que, como señala el director y guionista Santiago Calori, “se centró en la sociedad de consumo que, por el final de los años setenta, estaba corroyendo a la sociedad americana. Esos zombis que iban al shopping porque ‘era algo que les resultaba familiar’, no eran una simple casualidad o una decisión de locación fácil de conseguir: eran un mensaje que Romero quería dar”.

En The Amusement Park, el mensaje es menos velado. El parque de diversiones es el escenario para las vejaciones contra un simple anciano que quiere entrar al engranaje de la sociedad. En un momento, los jóvenes festivos invitan a Maazel y a unos cuantos abuelos más a entrar a una atracción especialmente hecha para ellos. En el interior encuentran un geriátrico, equipado con atracciones para la tercera edad, como sillas de ruedas, caminadores y varias camillas. Una pesadilla.

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Romero filmó con voluntarios y en apenas dos días esta rareza. Tras su muerte, Suzanne, su viuda, decidió que tenía que ser exhibida. Este descubrimiento recuerda al estreno de la póstuma Al otro lado del viento, de Orson Welles. Pero Romero, como apunta Calori, “nos dejó una cápsula del tiempo, y cuando la abrimos en 2021 los viejos no pueden salir a la calle porque el peligro sigue estando, justamente, ‘ahí afuera’”.

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