“La fuerza policial de Colombia, hecha para la guerra, ahora en las calles”: las nuevas denuncias de ‘The New York Times’

El diario estadounidense continúa denunciando los abusos de la policía durante las manifestaciones de las últimas semanas y pide la intervención del presidente Biden.

Esta vez, el diario abre su portal con un artículo llamado La fuerza policial de Colombia, hecha para la guerra, encuentra un nuevo frente de batalla en las calles. Las autoras, Julie Turkewitz y Sofía Villamil, señalan que, con el paso de los días, la violencia policial no hace más que recrudecerse.

El artículo denuncia que los miembros de la policía y el Esmad “han golpeado, detenido y matado a manifestantes en los últimos días y en ocasiones han abierto fuego contra manifestaciones pacíficas y lanzado latas de gas lacrimógeno desde vehículos blindados, según más de una decena de entrevistas realizadas por ‘The New York Times’ con testigos y familiares de los fallecidos y heridos”.

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La crisis, según las autoras, lleva a una clara conclusión: “Los críticos afirman que la violencia y la creciente cifra de muertos son señales de que es urgente una reforma policial. Y el llamado para llevar la policía al frente ha removido a un país agotado con la guerra y las atrocidades causadas por paramilitares, guerrilleros y las fuerzas de seguridad”.

Y las peticiones para reformar la reforma son urgentes, según el artículo. Quienes reclaman esta reforma a la policía “presionan de nuevo para que la fuerza de 140.000 integrantes pase del Departamento de Defensa al Ministerio del Interior, y para priorizar la formación en derechos humanos, limitar el armamento y juzgar a los agentes que cometen delitos en tribunales ordinarios en lugar de cortes militares”, señalan en el Times.

En el texto también hay espacio a testimonios de manifestantes, como el de Alexis Medina, “un manifestante de 29 años que dijo haber sido detenido por oficiales de policía que lo obligaron a beber su orina”.

José Miguel Vivanco, director de la división de América de Human Rights Watch, señala en el diario neoyorquino que “Nunca he visto a la policía incurrir en este nivel de brutalidad sostenida en toda Colombia”. Y agrega: “A menos que el presidente Duque cambie de rumbo, estos recientes acontecimientos perjudicarán aún más la posición de Colombia en Washington y Europa”.

¿Qué hará Biden?

El Times también publica un ensayo invitado titulado Colombia está en crisis. Biden debe presionar por el diálogo, escrito por Adam Isacson, director para veeduría de defensa en la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos, y experto en seguridad y paz en Colombia.

Isacson plantea que “Colombia no puede darse el lujo de permitir que los enfrentamientos en sus calles se sigan intensificando y Washington necesita ayudarla a encontrar maneras de salir de la crisis. Las demandas tienen que encauzarse en un diálogo real entre los sectores agraviados y el gobierno. Se le debe dar prioridad al diálogo antes de que haya más muertes, antes de que se extinga la posibilidad de resolver las diferencias por la vía pacífica”.

El experto plantea esa estrategia intervencionista temiendo que la región se suma en una inestabilidad política que podría extenderse durante más de un año. Según él, la crisis “podría continuar hasta las elecciones presidenciales de mayo de 2022, lo cual haría al país ingobernable. O el presidente Iván Duque podría adoptar el enfoque que tomó el régimen de Nicolás Maduro en la vecina Venezuela y sofocar las protestas con violencia, lo cual daría un golpe posiblemente mortal contra la democracia”.

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A lo largo del texto, Isacson aprovecha para señalar al presidente Iván Duque, al Centro Democrático y a su máxima figura, Álvaro Uribe, como los culpables de la violencia actual en el territorio colombiano. El experto dice que “la mayor parte del liderazgo político y la élite empresarial de Colombia reconoce que el diálogo es la única manera viable de proceder. Pero una gran parte del partido Centro Democrático del presidente Duque, que es conservador con una vena autoritaria-populista, no está de acuerdo”.

Al respecto agrega que “al igual que otros partidos populistas del mundo, el Centro Democrático de Uribe y Duque ejerce su poder mediante una estrategia que consiste en avivar agresivamente a su base: terratenientes de zonas rurales, un segmento del sector empresarial, conservadores religiosos y colombianos de clase media que exigen que se aplique mano dura contra la delincuencia y los disturbios”. Isacson precisa que “esa estrategia se nutre de la agitación actual, sobre todo del vandalismo o los saqueos que ocurren en los márgenes de marchas que han sido mayormente pacíficas. La narrativa de una lucha contra los castrochavistas es atractiva para los ultraconsevadores que se oponen al diálogo y quieren sofocar las protestas. También resuena con las fuerzas de seguridad”.

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Para Isacson, “los discursos que promueve el Centro Democrático son peligrosos, pero reconfortan a algunos ciudadanos cuyas dificultades se han agravado durante la pandemia”.

En definitiva, el experto pide que “mientras siga en aumento el número de víctimas, el gobierno estadounidense debe suspender el financiamiento y las ventas que destina a estas fuerzas de seguridad hasta que Colombia restablezca los estándares del orden público que reconoce la comunidad internacional”.

Isacson concluye: “Al ayudar a Colombia a optar por el diálogo, el gobierno de Biden estaría desarrollando una guía para interactuar con sus homólogos de toda Latinoamérica, donde varios países afectados por el virus se están enfrentando al populismo autoritario en medio de divisiones sociales profundas”.

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