‘The Souvenir’: recordar lo que vendrá

Llegó a la plataforma Netflix la película británica ‘The Souvenir’, de Joanna Hogg, premiada en Sundance. Un filme construido a partir de vivencias de la directora en sus años de estudiante de cine en la década de 1980, en una Inglaterra convulsionada.

Hace unas semanas se estrenó en Colombia –con un retraso de dos años– la película británica Sorry We Missed You, de Ken Loach. El veterano director, dos veces ganador de la Palma de Oro en Cannes, demostró con esta última película el total desgaste de un cine social que empezó siendo el vehículo de afirmación de las luchas de la clase obrera y terminó convertido en una más de las humillaciones y derrotas que los trabajadores precarizados han tenido que soportar. Como escribió el crítico Víctor Esquirol: “la denuncia [en el cine de Loach] se ha acabado tragando cualquier punto de contacto con la realidad retratada”.

Cito la película de Loach porque al comienzo de The Souvenir su personaje principal, una joven estudiante de cine, declara su propósito de hacer un largometraje situado en Sunderland, nordeste de Inglaterra, y con dos protagonistas, un hijo y su madre, que sufren el deterioro de la vida en las ciudades industriales sumidas por el thatcherismo en una profunda crisis. En el presente de la película de la cineasta británica Joanna Hogg también es la década de 1980, y el alter ego de la directora en la ficción busca hacer una obra que le permita salir de su burbuja de privilegios y conectar con los problemas reales de la gente.

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Mientras tanto, el personaje –que se llama Julie– habla aquí y allá de su proyecto, siempre en ese tono, muy contemporáneo y reconocible, que sugiere que su propia justificación como artista y ser humano depende de la empatía que demuestre hacia el sufrimiento de los otros: la privilegiada Julie parece siempre estar pidiendo disculpas por existir. En una fiesta –siempre hay fiestas– conoce a Anthony, un sofisticado y aparentemente exitoso funcionario de Asuntos Exteriores, quien debe lidiar, o ese pretende hacerle creer a Julie, con otros problemas reales como las crisis geopolíticas o el terrorismo.

The Souvenir es la crónica –o el diario– de la relación apasionada y tormentosa entre una artista con culpa y un cínico hombre de mundo. El idealismo del arte, el realismo de la política. Pero nada es tan sencillo. Tanto Anthony como sus profesores cuestionan a Julie. Estos últimos le sugieren que hable de lo que conoce. Ella quiere hacer un largometraje de ficción con el cual crear algo nuevo a partir de los materiales de la realidad. “¿No tratas de documentar alguna idea preconcebida de la vida allá arriba en los muelles, su rutina cotidiana, cuando se reúnen a escuchar la radio?”, le advierte Anthony. Y a este tenor surgen siempre en las conversaciones de Julie sobre el proyecto las consabidas ideas de lo honesto, lo genuino o lo sincero.

La gran directora que es Hogg elige un cine atento a los detalles y a la observación de lo real, pero evita el fatalismo en el que han caído cineastas de la línea dura del realismo social…

El desmoronamiento de Julie, pero también su acceso a otra visión del mundo, ocurre en la medida en que la relación con su novio la enfrenta a oscuridades que no presentía y que la transforman: la adicción a la heroína de Anthony, la dependencia de su relación con él y la espiral de autodestrucción que los compromete a ambos. Aquí es cuando la película muestra su talante y originalidad. Lejos de ser un drama altisonante sobre un adicto y las víctimas que va dejando a su paso, Hogg elabora algo mucho más complejo y sutil.

Se podría decir que estamos ante una coming-of-age o película de formación de la conciencia de una joven. Pero Hogg utiliza una y otra vez materiales que evitan un foco excesivo en la protagonista y brindan perspectiva y distancia, entre ellos películas en súper-8 que remiten a los comienzos de la directora en el cine experimental, al lado de artistas como Derek Jarman (la actriz que interpreta a Julie es hija de Tilda Swinton, musa de Jarman, y quien también actúa en la película como la madre de la protagonista). La narración está pues contrapunteada por derivas e imprevistos.

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The Souvenir enfrenta y cuestiona herencias del cine británico: las películas de Powell y Pressburger (creadores de la célebre The Red Shoes) que Anthony menciona, o el mencionado cine social, e incluso el sofisticado cine británico de muchos películas neoconservadoras posteriores al thatcherismo. En la forma visual de la película chocan estas distintas tradiciones, como si Hogg quisiera hacer un comentario no solo sobre la vida sino sobre cómo expresarla en imágenes.

La gran directora que es Hogg elige un cine atento a los detalles y a la observación de lo real, pero evita el fatalismo en el que han caído cineastas de la línea dura del realismo social como Loach. Ni la elaborada vistosidad de The Red Shoes ni el descenso a los infiernos de la crueldad de una película como Sorry We Missed You. Aunque Anthony cae en un abismo que amenaza arrastrar también a Julie, The Souvenir tiene mucho de luminosa, sin ser un sermón de autoayuda. Es una película que enfrenta al monstruo, convive con él en su guarida, admite que es seductor y, sin embargo, sale al exterior, como lo muestra el plano final de la puerta de un estudio de cine que se abre con Julie en el encuadre. Así, ella termina reconociendo que hay un mundo más grande allá afuera y que las películas sobre esa inmensidad que nos contiene están por venir.

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