Lo que hay detrás de la intervención a los populares almacenes Tierra Santa

Autoridades investigan si se trata de una completa organización de lavado de activos al servicio del narcotráfico y la evasión.

Un secreto a voces. Eso es lo que se dice en las calles de Barranquilla acerca de la ocupación de los 30 locales de la cadena de almacenes Tierra Santa por parte de las autoridades en las varias ciudades, principalmente del Caribe, bajo los aparentes cargos de lavado de activos y de contrabando.

En Tierra Santa se venden prendas desde 5.000 pesos y, difícilmente, exceden los 25.000 pesos, las mismas que cuelgan de los anaqueles en unos locales modestos, pero ubicados estratégicamente –incluso como ancla en algún centro comercial–. Los precios cómodos han alimentado las habladurías de los compradores que, sin embargo, suelen adquirir allí su ropa para carnavales, fiestas de fin de año o para el diario, en el caso de las personas de bajos ingresos.

La semana pasada, el operativo de la Dirección Especializada de Extinción del Derecho de Dominio de la Fiscalía contó con apoyo de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian) y la Policía Fiscal y Aduanera en 25 departamentos del país, y se limitó a hacer el inventario de las existencias de mercancía como parte de una investigación que lleva, al menos, una década. No se supo mucho más y hay hermetismo por parte de las autoridades.

Tierra Santa nació en Maicao (La Guajira) hacia 1996, como un negocio familiar donde aparecen los apellidos Karameddin y Gebara. El nombre provino de una ferretería quebrada, que ocupó antes el local donde sus ventas iniciaron. Ese municipio, desde los años sesenta, fue sitio de arribo de la segunda oleada de inmigrantes sirio-libaneses que llegó a Colombia, característicamente musulmanes. Allí queda, de hecho, la mezquita más grande del país.

Como dato curioso, testigos señalan la presencia en los almacenes de personas de origen sirio o libanés, con cédula de ciudadanía colombiana, pero que no hablan español. En esa misma línea de tiempo, en 2015, fue detenido el exregistrador de Maicao, Basilio Segundo Lindao, señalado de expedir cédulas falsas a inmigrantes ilegales y de delitos electorales.

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El negocio verdadero

La sociedad constituida en Barranquilla con el nombre Tierra Santa aparece gerenciada por Bilal Gebara Karameddin, cuyo suplente es Khaled Ahmed Gebara Karameddin, descendientes de Ahmad Gebara y María Karameddin. Hay otras sociedades que aparecen vinculadas, como Sam Capital SAS, a nombre de Llach Samir Gebara.

En entrevista con el diario local El Heraldo, Gebara manifestó que el primer almacén se abrió en 2003, en Barranquilla, y, dos años después, inició una operación de expansión que incluía franquicias que solamente eran otorgadas a miembros de la familia; que en 2017 ya completaba 25 almacenes propios y casi 50 franquiciados y que tenían unos 2.500 empleados. Su poder económico les ha dado para ser patrocinadores del equipo local, Junior de Barranquilla, que ahora está en la mira de las autoridades por recibir sus dineros.

Todo este entramado comercial y filial mantiene su epicentro en Maicao y tiene en común el comercio de textiles importados, principalmente de China, un 65 por ciento, pero ese no sería su negocio principal.

Fuentes relacionadas con la Dian, que por la peligrosidad del tema pidieron no ser citadas, señalaron a este medio que harían parte de una organización multicriminal que se dedica al lavado de dineros provenientes del narcotráfico.

Es allí donde aparece el nombre de Jean Feghali, quien, según los cables de la embajada de Estados Unidos en Panamá –revelados dentro de la filtración de Wikileaks–, lo señala de blanquear recursos de las mafias.

Jean Ibrahim Feghali Waked (Jean Figali) es un reconocido lavador de dinero. Información confiable señala una larga historia de lavado de dinero en Panamá y Colombia desde 1990 como lugarteniente del ahora fallecido capo Pablo Escobar”, dice el cable.

Feghali es quien está realmente detrás de la operación ilegal de lavado de activos que compromete a Tierra Santa y a otras sociedades, varias de ellas, con sede en Barranquilla”, señaló la fuente, que agregó que es tanto el poder corruptor de este entramado que ha cooptado los estamentos políticos, judiciales y policiales.

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La operación

La operación ilegal de lavado se ejecutaría así: con el dinero que las mafias del narcotráfico intentan ingresar al país se comprarían contenedores de textiles en China y otros proveedores que ingresan al país vía Buenaventura o Panamá-Barranquilla.

Posteriormente, personal de aduanas, policial y portuario cooptado conspira para ingresar la mercancía al país, ya sea con registros adulterados (peso y volumen no coinciden) o sin ningún tipo de rastro. Una vez fuera, son distribuidas para ser vendidas a bajo costo; se restituye el dinero a los dueños de la operación y queda un margen generoso de utilidad. 

También puede darse el caso de empresarios locales que no desean declarar todos sus impuestos, por lo que parte de sus ingresos se los entregan a la organización, que les regresa dólares puestos en el exterior.

Tierra Santa sería apenas una parte de la enorme operación que incluiría, además, a múltiples sociedades en Barranquilla y otras ciudades del país que operan en concurridos sitios comerciales, como San Victorino, en Bogotá; El Hueco, en Medellín, y los diferentes Sanandresitos que operan a lo largo de Colombia. 

Es lo que sucede cuando hay que lavar las utilidades de más de 1.000 toneladas de cocaína que produce Colombia al año”. sentenció la fuente.

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