‘Tortuoso arado’: los surcos abiertos de América Latina

Esta novela de Itamar Vieira Junior ha sido un fenómeno editorial de los que hace años no se veían en Brasil. Ya se consigue en Colombia y su traductor al español explica las claves de su éxito.

Por Felipe Cammaert

Cuando Tortuoso arado, primera novela del escritor brasileño Itamar Vieira Junior, fue publicada en 2019, solo unos pocos imaginaron el éxito que llegaría a tener. Publicado inicialmente en Portugal (tras haber recibido, en 2018, el Premio Leya) y luego en Brasil, Tortuoso arado es un libro que pudo haber sido escrito ayer, como también hace 200 años. Hay algo en esta novela que hace de ella un libro intemporal, no solo por el tema que trata, sino también por la manera como Vieira Junior logra dotar a sus personajes de una voz única que atraviesa el tiempo y el espacio. 

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La novela devela el destino de una familia campesina afrodescendiente del estado de Bahía, y sus condiciones de vida en una hacienda agrícola en la región rural de la Chapada Diamantina. Vieira Junior (1979), geógrafo y funcionario del instituto brasileño para la reforma agraria (Incra), traza la historia de la comunidad palenquera de Água Negra, cuyos miembros trabajaron durante décadas para los propietarios latifundistas de la tierra en unas condiciones de servilismo que no distan mucho de aquellas de los tiempos coloniales. 

A pesar de que la esclavitud fue abolida en Brasil en 1888, Itamar Vieira Junior denuncia en su libro que las prácticas de dominación hacia las poblaciones afrodescendientes se mantienen vivas en pleno siglo XX. La familia del líder y curandero Zeca Chapéu Grande, al igual que el resto de moradores de la hacienda, llega a Água Negra a trabajar en los sembrados sin ningún tipo de salario y, además, sin autorización para construir casas de albañilería en esa tierra que trabajan de sol a sol. Aunque las mujeres y los hombres en sus tiempos libres están autorizados a cosechar sus propios alimentos para su consumo personal, una parte de estos tiene que ir para los señores de la tierra. 

Tortuoso camino portada
Tortuoso camino, de Itamar Vieira Junior.

La metáfora del arado, que da origen al título, es una imagen impactante en torno a la cual se articulan varias realidades asociadas a la trama. En primer lugar, el instrumento usado para surcar los campos es una herramienta estropeada, que simboliza las faenas cotidianas de estos campesinos en unas tierras que sufren sequías e inundaciones por igual. Aunque la traducción literal del título, Torto arado, sería torcido arado, en la edición de Tusquets (de la cual soy el traductor) se optó por el adjetivo ‘tortuoso’ ya que, entre otras razones, esta es la historia de la espinosa lucha de estas comunidades negras brasileñas por unas tierras sobre las cuales no tienen ningún derecho. 

Además de la herida relacionada con la ocupación del territorio, Tortuoso arado ahonda en otro tipo de traumatismo que tiene que ver con la invisibilidad de la palabra. Uno de los personajes femeninos, abocado al silencio, afirma sobre sus intentos de expresar sus sentimientos a través de las palabras: “Era como un tortuoso arado, deformado, que penetraba en la tierra de tal forma que la dejaba infértil, destruida, dilacerada“, podemos leer (p. 161). No entraré a revelar aquí las circunstancias ni la identidad del personaje que profiere estas palabras; mencionaré apenas el hecho de que, en la novela, el destino sinuoso de la comunidad palenquera se refleja también en la imagen del tortuoso arado como metáfora de la incomunicabilidad y el silenciamiento de las mujeres negras. 

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Otro elemento constitutivo de esta historia de reivindicaciones históricas en el Brasil contemporáneo es la fuerte presencia de las prácticas religiosas sincréticas de los afrodescendientes. En un tratamiento que recuerda, de algún modo, la fuerza del realismo mágico latinoamericano, Vieira Junior muestra la importancia que tiene el universo del jarê (variante local del candomblé, en cuyas festividades los espíritus participan albergándose en el cuerpo de los asistentes) en los acontecimientos que definen la vida y la muerte de la comunidad de Água Negra.

Es tan fuerte esta dimensión creyente que los espíritus (llamados “encantados”) hacen también parte de la estructura narrativa de la historia, dividida en tres partes. Mientras que las dos primeras secciones de la novela son narradas sucesivamente por las hermanas Bibiana y Belonísia, en la tercera las voces de los encantados, deambulando entre la naturaleza y los seres vivos, tienen el privilegio de cerrar esta historia sobre el nacimiento de una conciencia social de una comunidad. 

Itamar Vieira Junior
Itamar Vieira Junior

Tortuoso arado es, en últimas, el testimonio de la manera como una comunidad ancestral olvidada, y cuya historia en tierras brasileñas tiene muchos elementos comunes con la historia de la población de todo el continente americano, se relaciona con la tierra. Las palabras del curandero Zeca a su hijo Zezé son reveladoras: “Esta tierra en donde crece monte, crecen la catinga, el moriche, la palma, no es nada sin trabajo. No vale nada. Hasta puede valer algo para esa gente que no la trabaja, que no abre un surco, que no sabe sembrar ni cosechar. Pero, para la gente como nosotros, la tierra solo tiene valor si se trabaja. Sin el trabajo, la tierra no es nada” (p. 238). 

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