¿Trabajo o explotación sexual?: un debate más allá de las redes sociales

Una discusión en Twitter puso de nuevo sobre la mesa las diferencias para abordar la prostitución. Diario Criterio le explica por qué es importante ampliar el debate y entender todas las perspectivas de esta problemática.

¿La prostitución es un trabajo o un crimen? Este y otros interrogantes empezaron a ser parte del debate que se abrió esta semana por una entrevista que el senador Gustavo Bolívar le hizo a la periodista y modelo erótica Amaranta Hank, encuentro que al final tomó otro rumbo y desató un debate en redes sociales que aún no termina.

Ambos dialogaron durante más de una hora, en el canal de YouTube Cuarto de hora, sobre el trabajo que realizan las webcamers y los problemas que afrontan quienes se dedican a este oficio. Sin embargo, todo se subió de tono cuando Claudia Quintero, una defensora de los derechos humanos que trabaja con las víctimas de explotación social y prostitución, pidió participar.

“Gustavo, invíteme a mí, soy sobreviviente de prostitución y tengo un refugio con varias víctimas de la ‘webcamer’… Escuche todas las voces”, le escribió Quintero a Bolívar desde su cuenta de Twitter. El senador aceptó y la invitó a la entrevista. 

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En el programa, cuando Quintero hizo su intervención, manifestó no estar de acuerdo con la conversación que avanzaba entre Bolívar y Hank. 

“Yo quiero hablar, porque es que Amaranta habla por ella, y yo quiero hablar por un universo de mujeres que yo atiendo en mi casa refugio y que no son Amaranta. […] Mujeres que les tocó acostarse con un hombre por comer (…) El daño emocional de las víctimas de explotación, como yo, es similar a un veterano de guerra”, dijo exaltada, ante un Bolívar que repetía continuamente que esa no era la manera de abordar la situación. 

Hank tomó la palabra y le dijo a Quintero que asegurar que todas las mujeres trabajadoras sexuales son víctimas era una posición machista. “Porque nos crees tan inútiles y tan torpes de que no somos capaces de ser autónomas de nuestro cuerpo y de nuestra sexualidad, eso que haces es machismo puro”, expresó la modelo. 

Luego del espacio, la discusión se extendió a las redes sociales y, como era de esperarse, terminó en un mar de opiniones, debates y confusiones, al punto de llevar a afirmaciones de que la prostitución en Colombia es un delito, que debe ser prohibida y que todos los que ejercen este oficio son víctimas, entre otras.

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Este hecho no solo reavivó una discusión que se ha dado por años en el país, sino que puso sobre la mesa las diferentes orillas desde donde se puede abordar el trabajo sexual. Diario Criterio consultó algunas fuentes para entender a fondo los argumentos de sus protagonistas.

¿Qué pasa con el trabajo sexual en Colombia?

En Colombia, el debate sobre si debería abolirse o no la prostitución lleva años sobre la mesa; sin embargo, esta actividad no es ilegal ni está penalizada. 

Quienes están a favor de abolirla aseguran, entre otras cosas, que muchas mujeres inician esta actividad económica antes de la mayoría de edad. Por su parte, quienes están en contra basan sus argumentos en la libertad sexual y el derecho al trabajo. 

Según explicó a Diario Criterio Iván Daniel Jaramillo, abogado del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario, la prostitución en Colombia es una actividad comercial lícita siempre que se desarrolle por un mayor de edad “de forma voluntaria y consciente, en cumplimiento de las normas que existen en el mundo laboral. Luego, no está prohibida y de hecho está reconocida en la Constitución”.

El abogado añadió, además, que el llamado de la Corte Constitucional es a habilitar estas actividades siempre y cuando se enmarquen en los principios de libertad y voluntariedad. “La idea no es impedir ni abolir la prostitución, a través de medidas penales, sino proteger y entender que esta es una forma de trabajo, ya que la Constitución tiene una promesa en el artículo 25 en el que se garantiza el derecho al trabajo en condiciones dignas y justas en todas sus modalidades”, aseguró. 

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En ese sentido, lo que sí se intenta restringir es la explotación sexual, puesto que genera afectaciones a los derechos fundamentales. De hecho, el convenio 29 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ratificado por Colombia en marzo de 1969, prohíbe este tipo de prácticas. Es decir, “todo trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena cualquiera y para el cual dicho individuo no se ofrece voluntariamente”, según explica la OIT. 

Además, estos convenios, que son una obligación para el Estado, han sido fuente principal para el orden interno en materia laboral. “Justamente, el convenio 29 es una obligación para el Estado colombiano. Ya la Corte ha advertido la necesidad de que la prostitución sea vigilada. No solo es deseable, sino que ya hay un llamado de la Corte Constitucional para hacerlo”, manifestó Jaramillo. 

Sobre la abolición de la prostitución, el experto explicó que podría darse, pero que habría que tener cuidado con las condiciones en las que se enmarque. “Una hipotética ley que lo restringiera, que fuera absolutista y que no tuviera caracteres de voluntariedad, sería una ley con serios problemas de constitucionalidad”, advirtió Jaramillo.

¿Trabajo o explotación sexual?

Así las cosas, si bien esta es una probabilidad, no es el camino que desde la Constitución se le ha dado a esta práctica, puesto que, como manifestó Jaramillo, hay un reconocimiento de la labor siempre y cuando esté ajustada a los principios anteriormente mencionados. Lo que no existe en el país es “una política de verificación, vigilancia y control del cumplimiento de las condiciones laborales para este tipo de trabajo”, puntualizó. 

En esto coincide la especialista en historia del género y sexualidades Leidy Jazmin Torres Cendales, quien aseguró a Diario Criterio que, “para el caso de la prostitución, la protección de las personas que están en la actividad es la clave: eliminar la criminalización de las trabajadoras sexuales, generar las garantías para el contrato verbal, penalizar la violencia y cualquier coerción, asegurar atención en salud, pero, sobre todo, brindar educación y ofrecer alternativas laborales en caso de querer dejar dicha actividad”.

Los problemas del debate

Para Carol Ann Figueroa, periodista, guionista y creadora del canal de Youtube LaPíldora, el encuentro entre Amaranta Hank y Claudia no fue un debate como tal, sino que fue “un encuentro conducido inadecuadamente”.

La también escritora explicó a Diario Criterio que, a pesar de esto, fue un espacio valioso por los actores involucrados, “incluyendo a Gustavo Bolívar”, ya que es un momento en el que podemos ver sin decorado cuán delicado puede llegar a ser el tema, cuán profundas pueden ser las emociones involucradas en algo que últimamente se está reduciendo a una cuestión netamente económica, desconociendo el trasfondo social que tiene y lo dañino que es esto para las mujeres”. 

Torres Cendales, por el contrario, señaló que “Gustavo Bolívar no tenía la información ni la preparación, y no tiene la sensibilidad para hacer esa discusión en los términos que debería hacerse”. 

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Torres y Figueroa coincidieron en que la forma en que Claudia Quintero abordó el tema fue agresiva y revictimizante. Sin embargo, plantean que es importante escuchar lo que cada una opina frente al tema de la prostitución y entender cómo, desde cada orilla, tanto Quintero como Amaranta terminan teniendo más cosas en común de lo que parece. 

Todo presenciado y potenciado por un político que ha dado muestras de su machismo, a pesar de denominarse progresista, y que promovió el espacio sin tener ni idea de la complejidad del problema y la sensibilidad que implica. Por ello se le salió de las manos y, lo peor, termina legitimando la violencia sufrida por Amaranta como parte del ‘ímpetu’ de Quintero”, añadió la historiadora Torres.

¿Cómo abordar el trabajo sexual?

Para Figueroa, es problemático que el discurso sobre el trabajo sexual se esté dirigiendo solamente al placer individual de la trabajadora sexual, un argumento que, según explicó, ha planteado Amaranta en diversas ocasiones. “Claro que es algo valioso, pero no es un argumento de peso para contrarrestar toda una situación económica y social a la que están expuestas muchas mujeres vulnerables”, expresó.

Pero más allá de las posturas que se puedan dar sobre esta temática, la escritora cree que lo más importante es pensar en cómo se debe entender el trabajo sexual y el fenómeno webcam en un contexto como el colombiano.

Finalmente, Figueroa manifestó que “la manera en que Claudia maneja el trabajo sexual es valiosa porque ella lo aborda desde el lugar de la urgencia de proteger a mujeres vulnerables y resaltar el contexto en el que vivimos y cómo el trabajo sexual está vinculado con los mismos clientes de la trata y la explotación”.

“Muchas de las luchas de las trabajadoras sexuales son importantes, necesarias y merecen que el Estado responda realmente como un garante de sus derechos, pero no únicamente pensando en derechos laborales, sino derechos humanos”, añadió la escritora.

Por su parte, Torres Cendales aseguró que el debate debe centrarse en dos vías: la desaparición de la explotación sexual y la regularización del trabajo sexual. “Esto porque lo que tenemos es un negocio que mueve millones de dólares y está manejado en su casi totalidad por hombres que se lucran con el cuerpo femenino y la estructura machista de nuestra sociedad”, dijo.

El debate sobre el trabajo sexual

Un debate que solo es la punta del iceberg

“La discusión entre Amaranta Hank y Claudia Quintero es el reflejo de un debate mundial entre regulacionistas y abolicionistas de la prostitución y el trabajo sexual”, explicó Torres. “Las regulacionistas parten de la creencia en la autonomía de las personas sobre sus cuerpos y su sexualidad, y admiten la existencia del trabajo sexual”, precisó la historiadora.

En ese sentido, las regulacionistas piden a los gobiernos reconocer dicha actividad para que quienes están en ella (en su mayoría mujeres) puedan acceder a los derechos laborales que tienen otras personas: consenso en la remuneración y mecanismos para la exigencia de pago, registros y permisos de trabajo, seguro médico, pensión, etcétera. 

De acuerdo con Torres, estos modelos regulacionistas, como el alemán, tienen claro que el trabajo sexual no es como cualquier otro, “por lo cual integran atención especial en salud, programas para quienes quieran salir, medidas de protección contra abusos como el castigo a la prostitución forzada y la trata de personas, entre otras cosas”.

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Por otro lado, están las abolicionistas, que, en un principio, estaban ligadas a un sector conservador que repite argumentos que se han dado desde el siglo XIX y que piden prohibir la prostitución por razones morales: porque la virginidad y la sexualidad femenina deben resguardarse y direccionarse al matrimonio, porque se atenta contra la familia, etcétera., o por razones de salud pública como la expansión de enfermedades. 

“Esta postura no la tiene ninguna de las invitadas en el debate, pero existe en la sociedad”, dijo Torres.

Ahora bien, hay un abolicionismo que se plantea desde el enfoque de derechos o desde sectores progresistas, de acuerdo con la experta. Bajo ese enfoque, “prostitución y trata son lo mismo y todas quienes la ejercen son víctimas, pues (estas abolicionistas) no consideran que sea un trabajo y que se ejerza por voluntad, sino bajo extorsión o por física necesidad, pues la falta de otras opciones laborales o la precariedad de salarios impulsa a las personas a hacerlo. En ese sentido, la autonomía y libertad serían falacias”, precisó Torres. Esa parece ser la postura de Claudia Quintero.

Este no es un debate en blanco y negro, pues tiene muchos matices. Si bien hay un sinfín de opiniones, todas coincidieron en que la explotación sexual tiene que terminar.

Es importante seguir escuchando las voces de quienes están vinculadas con esta actividad para encontrar hilos comunes que conduzcan a la protección de sus derechos fundamentales.

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