Los pueblos indígenas en aislamiento: historias desafortunadas que no se pueden repetir

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En la década de los 60 del siglo pasado, la colonización de Guaviare estaba en pleno apogeo. Miles de colonos, auspiciados por el gobierno y por habitantes de la región, llegaban a San José del Guaviare en busca de tierra. De allí unos partían a lo que sería El retorno y Calamar, otros se internaban en las selvas noroccidentales en donde ahora queda la vereda El Capricho y otros tantos siguieron el curso del río Guaviare, al oriente de San José.

En este último frente de colonización, que comprende la actual vereda de Charras, en 1965, ocurrió el primer contacto documentado entre los nukak y los occidentales que culminó de manera violenta con varios muertos y el apresamiento de indígenas. Era la primera vez que esta cultura intentaba relacionarse con los blancos, luego de que, a inicios del siglo XX, decidiera desplazarse hacia las selvas ubicadas entre los ríos Guaviare e Inírida y aislarse de manera voluntaria.

Indígenas Nukak en 2017
Nukak en la actualidad. Foto: ONIC.

El desafortunado encuentro llevó a los nukak a volver tomar la decisión de aislarse. Si bien hubo algunos contactos esporádicos entre ellos y los blancos, el que selló su futuro (trágico, por decir menos) ocurrió en 1988, cuando un grupo de ellos llegó al municipio de Calamar. Para ese momento sufrían de epidemias de gripe y otras enfermedades a las que no eran inmunes y bastaron unos cuantos años para que el 40 por ciento de la población desapareciera.

La migración a Calamar era la prueba tangible del daño que había ocasionado la colonización a una de las ultimas comunidades indígenas nómadas contactadas. La deforestación, apertura de vías y consolidación de fincas ganaderas y expansión de cultivos de coca, fracturaron el territorio y cortó con los circuitos o recorridos que ellos hacían de manera cíclica, como parte de su forma de vida nómada.

Poco a poco, buena parte de los nukak se volvió sedentaria, tanto en su territorio ancestral como en los municipios de Guaviare. La indigencia apareció y aun hoy es común ver a familias enteras pidiendo limosna en las calles de San José Guaviare.

Reserva natural Nukak
Reserva Natural Nacional Nukak

Luego del publicitado contacto de 1988, el Estado emprendió planes y programas con el fin de detener la desaparición de esta cultura. Un año después el INDERENA creó la Reserva Natural Nacional Nukak Maku que comprende el territorio ubicado entre el Caño Tigre, al occidente; al norte, el río Inírida; al oriente el Río Papunaua, y al sur por, los caños Aceite, Bacatí y Guaracú, para salvaguardar a esta cultura. Adicionalmente, en 1993 se creó el Resguardo Nukak que se superpone con parte de la reserva natural por el norte.

Sin embargo, los resultados han sido agridulces. En las décadas siguientes los nukak fueron víctimas de la expansión de la frontera agraria y del conflicto armado que enfrentó a paramilitares y las FARC por el control territorial. Con la desmovilización, primero de los paramilitares en la década del 2000 y de las FARC en 2016, se creyó que los hostigamientos hacia ellos disminuirían, pero, por un lado, las bandas de paramilitares y de las FARC que no se desmovilizaron siguieron disputándose el control de su territorio y por el otro, la expansión de cultivos agroindustriales, de la ganadería extensiva y de la coca volvieron a poner en jaque los nukak.

Deforestación en el resguardo Nukak
Deforestación en el resguardo Nukak

Según la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible entre abril de 2018 y marzo de 2022 se han perdido 8.391 hectáreas de bosque “para ampliar lotes preexistentes, aperturas de vías, ganadería y nuevos cultivos de uso ilícito”. Y en el último periodo comprendido entre abril de 2021 y marzo de 2022 el territorio nukak concentró el 20 por ciento de todos los resguardos indígenas del Arco Amazónico.

En el mundo ambientalista y de organizaciones sociales hay un amplio consenso sobre que lo sucedido con los nukak fue una suma de errores cometidos por la sociedad colombiana, desde el Estado para abajo. Para que no vuelva a suceder lo mismo con las demás culturas indígenas no contactadas que existen en Colombia, los indígenas de la Amazonía tomaron el liderazgo de su defensa.

En la actualidad, se sabe con certeza que hay dos pueblos: los yuri y passé, cuyo territorio ancestral es el parque nacional natural río Puré, en el departamento de Amazonas, y se presume que hay otros 18 más.

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Aunque en las crónicas del siglo XVIII, los yuri y passé eran conocidos como los yurupixunas o “bocas negras”, no se supo nada de ellos hasta 1969, en otro sonado caso de encuentro entre blancos y no contactados. La historia, que mojó prensa por días y fue la inspiración de libro ‘Perdido en la selva’ de Germán Castro Caycedo, comenzó con la desaparición Julián Gil, un exinfante de marina que viajo al Amazonas en busca de fortuna en la selva circundante a La Pedrera (población sobre el margen izquierdo del Caquetá cercana a la frontera con el Brasil).

Amazonia indigenas

Su hermano Efraín viajó con un grupo de rescate a la región a buscarlo y allí capturaron a una familia de indígenas que tenían algunas pertenencias de Julián, a los que se les denominó “caraballos” por su parecido con el boxeador Bernardo Caraballo. Al no poder comunicarse con ellos y no tener indicios sobre el rastro de Julián, la Familia fue liberada. Según Darío Silva Cubeo, líder indígena y representante de la Asociación de Autoridades Indígenas de Pedrera Amazonas, esta historia “contada por blancos” convierte a Julián en una víctima, cuando él en “realidad había viajado a la región a esclavizar indígenas”.

Para proteger a los yuri y passé, los pueblos indígenas llegaron, en 2014, a unos acuerdos para sacar una reglamentación que protegiera a los pueblos no contactados. Darío recuerda que por esos años los abuelos sabedores de los pueblos curare, miraña, tarapaca, arica, circundantes al parque natural nacional río Puré, les encomendaron esta misión: “Ellos nos dijeron ‘nietos, ustedes que escriben documenten, escriban algo sobre los yuri passé para que nadie entre a molestarlos ni a contactarlos. También asuman la defensa de ellos y de su territorio para que no les pase lo que no pasó a nosotros’”.

Y fue así como nosotros, sin entrar en contacto con ellos -explica Darío- emprendimos la labor de armar una mesa de consulta previa. En algunas ocasiones nos decían: ‘¿Ustedes por qué los defienden si ni siquiera los conocen?’ Y nosotros respondíamos: ‘lo hacemos para garantizarle la vida a ellos y la permanencia de la selva que ellos cuidan. Lo hacemos porque si nosotros, que ya entramos en contacto con la sociedad mayoritaria, el Gobierno no nos ha garantizado nada, ¿Cómo será cuando nuestros compañeros salgan y tengan contacto?’”.

Malocas de los Yurí. Foto: tomada del libro Cariba Malo (2012), de Roberto Franco García.
Malocas de los Yurí. Foto: tomada del libro Cariba Malo (2012), de Roberto Franco García.

Las negociaciones rindieron fruto y a mediados de 2018 el presidente sancionó el Decreto 1232 que establece “medidas especiales de prevención y protección de los derechos de los pueblos indígenas en aislamiento”. Sin embargo, al tiempo que se daba la noticia, la minería ilegal de oro en los ríos Caquetá y Puré ha aumentado de manera exponencial y con ella la presencia de bandas armadas y mafias internacionales.

Se teme que estos grupos y otros dedicados a la coca y la extracción ilegal de maderas los contacten. Además, hay preocupación por la salud de los más de 200 de indígenas pertenecientes a los yuri (un cálculo que no se ha podido comprobar por respeto a su aislamiento), pues los ríos de los que ellos se alimentan contienen altos niveles de mercurio. Ante esta situación, las comunidades indígenas de la Amazonía le piden al Gobierno que cumpla con el Decreto y evite un nuevo episodio de una tragedia que los pueblos indígenas han vivido desde la conquista y que no ha dejado de suceder, como lo muestra el caso de los nukak.

Este artículo pertenece al especial Amazonia, al filo del hacha, en el que participan Diario Criterio y el proyecto Unidos por los Bosques, de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) y la embajada de Noruega. El especial cuenta con el apoyo de Andes Amazon Fund, ReWild y las embajadas de la Unión Europea y Reino Unido.

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