Petróleo, gas y carbón enfrentan a Petro y Hernández. ¿Es posible acelerar la transición energética en Colombia?

Aunque Gustavo Petro y Rodolfo Hernández coinciden en la propuesta de una transición energética, todavía hay bastantes dudas sobre los plazos y la forma en la que debería ejecutarse para no afectar la economía de Colombia.

La transición energética, un asunto ampliamente discutido en todo el mundo, ha cobrado especial interés en Colombia en los últimos meses debido a las propuestas y los debates sobre el futuro de la extracción y el uso de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas, y el tránsito hacia fuentes de energía alternativas o limpias, como la solar o la eólica.

Hasta que Rusia invadió Ucrania, buena parte de las políticas, planes e inversiones estaba encaminada a fomentar las energías limpias, con el fin de cumplir los objetivos de descarbonización que los países se han propuesto a través de mecanismos como el Acuerdo de París. Esto, con el fin de hacerle frente al calentamiento global y evitar que la temperatura del planeta sobrepase los 1.5 grados centígrados, lo cual podría ser catastrófico.  

Colombia se ha sumado a esos compromisos, pero a través de una transición progresiva. Desde el punto del consumo interno de energía, según la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen), la matriz de generación es la sexta más limpia del mundo, pues el 68.3 por ciento es hidráulica, 30.7 térmicas (carbón y gas) y el poco restante corresponde a energías alternativas. Ahora bien, el Gobierno de Iván Duque va a dejar proyectos construidos y otros en ejecución con los que se espera que, en cuatro años, el diez por ciento de esta energía sea renovable.

Por otro lado, el país es un productor de petróleo y carbón. El primero, en su mayoría es para exportar, así como el segundo, que también se envía al exterior y suple el consumo interno. Las proyecciones del Estado muestran que, para 2050, la demanda interna de estos seguirá aumentando pese a las políticas de transición energética. Esto, sin contar con la alta dependencia del Gobierno, los departamentos y municipios de las rentas petroleras.

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Petro y Hernández: dos caminos, dos proyectos hacia la transición energética

Supuestamente, para dar pasos importantes en la transición energética, el candidato por el Pacto Histórico, Gustavo Petro, propone un “desescalamiento gradual” de la dependencia del petróleo y el carbón. Así, en el corto plazo, prohibirá la explotación y exploración de yacimientos no convencionales; detendrá los proyectos piloto de fracking y no otorgará nuevas licencias para la exploración de hidrocarburos. 

Rodolfo Hernández, de la Liga de Gobernantes Anticorrupción, también está de acuerdo con quitarle protagonismo a los combustibles fósiles. A su parecer, “el problema de generación de dióxido de carbono en el país no es tan grave”. Propone, entonces, el diseño de una “política responsable en el uso de los recursos no renovables que, en el largo plazo, elimine la dependencia de la industria extractiva fósil”. Su posición sobre el fracking ha sido muy ambigua: en ocasiones se ha manifestado como un férreo opositor y, en otras, ha dicho que hay que hacer pilotos. 

Estas posiciones dejaron en evidencia la preocupación de la industria en el primer ‘round’ electoral. Hernández se impuso en los cinco departamentos que concentran el 86,2 por ciento del total de la producción de petróleo nacional: Meta, Casanare, Arauca y Boyacá, de acuerdo con Campetrol.

Solo Meta, por ejemplo, aporta el 51,3 por ciento de la producción petrolera del país. Allí, Hernández ganó con el 52,37 por ciento de los votos.

Resultados electorales en Meta. Foto: Registraduría
Resultados electorales en Meta. Foto: Registraduría

Petro solo pudo imponerse en ocho municipios de estos departamentos: Uribe, Neiva, La Salina, Sacama, Villavieja, Altamira e Iquira. 

Pero el asunto no es tan simple. Hernández se impuso en Puerto Wilches, municipio santandereano que ha estado protestando contra los pilotos de fracking. Así mismo, Petro obtuvo la mayor votación en el Cesar y La Guajira, departamentos que concentran el 90 por ciento de la producción de carbón, según la Agencia Nacional de Minería, y ganó en Barrancabermeja, el llamado puerto petrolero de Colombia.

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Puerto Wilches protesta contra el fracking. Foto: Twitter.
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¿Cuándo sería una realidad?

El miedo, la dependencia de los hidrocarburos, la desinformación y otros factores tuvieron un rol importante en algunos resultados de primera vuelta. Una de las claves sería también el tiempo que la transición energética tomaría. Petro, por ejemplo, habló de cuatro años; después, de ocho y, finalmente, de 15, en los que Ecopetrol sería protagonista. Hernández, por su parte, ha hablado de gradualidad, pero no ha dado límites de tiempo. 

Para algunos expertos, es posible que el país deje de producir petróleo en el lapso propuesto por el candidato del Pacto Histórico, pero a un costo fiscal enorme, casi impagable, que podría dejar al país más expuesto en materia fiscal.

“En este momento, el galón de gasolina debería esta por encima de los 17.000 pesos y está 9.000, gracias a que el país es autosuficiente y puede darse el lujo de financiar el producto en periodos como este. Si no se explora, se encuentran nuevos yacimientos o se optimizan los actuales, en varios años no habrá suficiente petróleo para cargar las refinerías de Cartagena y Barranca, y tendrán que importarlo de Venezuela u otro país, solo para abastecer el mercado local”, dijo a Diario Criterio un miembro de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg).

Además de ser importante para el transporte, el petróleo es clave en la producción de gas propano (GLP), producto que ha sido fundamental para disminuir el uso de madera y carbón en los hogares. Este combustible es usado por el 22 por ciento de las familias en el territorio nacional, lo que equivale a 3.400.000 hogares o a 12.000.000 millones de colombianos.

Ahora bien, con esto en mente, no parece probable dejar de consumirlo en ese límite de tiempo. “El tema de consumo va más allá, por la gran dependencia a diferentes productos que son producidos por petróleo y que, en el corto plazo, no se evidencia un sustituto integral”, dijo a Diario Criterio Clara Inés Pardo, doctora en Economía y profesora de la Universidad del Rosario.

En esto coincide Nestor Sánchez, profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Sabana. “El petróleo no solamente le apunta al sector energético. También le apunta a otros sectores e insumos, como los plásticos. No podemos decir adiós al petróleo, lo que necesitamos es buscar alternativas a ese uso, mientras vamos avanzando tecnológicamente en otras energías”, aseguró a este medio.

Este proceso, además, requeriría importantes inversiones en infraestructura, que también tomarán tiempo, para transformar progresivamente el sistema actual. En este sentido, una de las alternativas es la masificación de las fuentes de energía renovables, como la eólica y la solar. “Para hacer esa masificación necesitamos, entre otras cosas, construir y hacer una correcta expansión de las redes de transmisión de energía; desplegar dispositivos de almacenamiento para compensar las fluctuaciones que tienen estas fuentes y hacer una conversión del mundo del transporte para electrificarlo”, dijo a Diario Criterio Carlos Adrián Correa, doctor en Energía y Procesos y profesor de la Universidad Javeriana. 

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El plazo para la transición tampoco es muy claro en el plan energético nacional 2020-2050. Las proyecciones indican que, en 2050, Colombia seguirá demandando altas cantidades de combustibles líquidos para actividades como el transporte terrestre, así se logre una reducción de aproximadamente el 20 por ciento en la demanda. 

También se plantea que los energéticos de mayor consumo serán la electricidad y el gas natural, “con un 46 por ciento de participación en la matriz energética del país”, explica Correa y agrega que las mezclas de diésel y gasolina, por su parte, alcanzarán un pico de consumo en 2040 y “continuarán participando en más de la tercera parte de la oferta de energía del país”. 

“Son metas bastante alejadas de lo que son los compromisos internacionales y lo que se está discutiendo de un acelerado desmarque de los combustibles fósiles. En sí, no es un plan que deje de depender de los combustibles fósiles”, dijo Correa.

El peso internacional

Estos tiempos también están relacionados con los planteamientos internacionales. Si los países cumplen los compromisos de descarbonización, en unos años habrá una disminución de la demanda mundial de combustibles fósiles que podría poner en jaque la economía colombiana de no alinearse con la apuesta por las energías limpias. “Tenemos que pensar en la disminución de la dependencia si los compromisos internacionales no son de papel”, comenta Correa al respecto. 

Ya hay varios países que han dado pasos importantes. Alemania espera que en el 2045, el 80 por ciento del abastecimiento eléctrico y el 60 del energético tengan las energías renovables como fuentes. Este proceso ha tenido un impulso inesperado con la guerra en Ucrania, pues Rusia es su principal proveedor de energía y, a cambio, Alemania le paga 200 millones de dólares al día, dinero con el que estaría “financiando”, indirectamente, la invasión. Esto ha obligado a Alemania a fortalecer su estrategia para abandonar completamente los combustibles fósiles y acelerar la transición. 

En Estados Unidos, la transición energética se acelerará en los próximos tres años, de acuerdo con el Instituto para la Economía y Análisis Financiero de la Energía (IEEFA).

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Estos avances todavía siguen muy crudos. Tanto así que los científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) han advertido que las medidas han sido insuficientes en la lucha contra el cambio climático y el calentamiento global, por lo cual las emisiones seguirán en aumento, lo que pone a temblar las metas que buscan mantener la temperatura a raya.

Gran parte de las barreras tienen que ver con la resistencia de la industria. En Estados Unidos, por ejemplo, las petroleras hacen ‘lobby’ para debilitar o frenar leyes que buscan acciones climáticas prontas. 

Así las cosas, si los países —por lo menos los más contaminantes— no cumplen con las metas de transición, estas energías seguirán siendo rentables y, como consecuencia, varios países de América Latina y el Caribe seguirán apostándoles.

Y la economía en la transición energética…

Como explicó la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg), quitar estos combustibles de tajo en Colombia tendría grandes afectaciones en la economía nacional: el sector del petróleo representa 2,1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y, en los últimos años, ha aportado 153 billones de pesos en ingresos fiscales, según cifras oficiales. 

A su vez, el petróleo y sus derivados representaron el 52 por ciento de las exportaciones en la primera parte del 2021. 

No hay, entonces, propuestas claras de cómo podría hacerse la transición en un corto plazo sin generar graves afectaciones a la economía del país. “El presupuesto general de la Nación se construye teniendo en cuenta los aportes de esta industria. Por ello se requiere de comenzar a definir estrategias que permitan diversificar los ingresos del país para cubrir los huecos fiscales por su no producción, además del desempleo y la reducción de inversiones regionales por regalías”, explicó Pardo. 

Fracking en Colombia

El carbón, por su parte, conforma entre 15 y el 20 por ciento del país, y entre 1,5 y 2 por ciento del PIB nacional. 

Para los expertos, una transición energética rápida dejaría sin recursos al proceso mismo. “Se debe trabajar con programas de sustitución de combustibles con los ingresos y/o regalías actuales que permitan diversificar la economía colombiana y, cuando ya se tenga una menor dependencia, sí se podría hablar de un cese de producción”, agregó Pardo. 

Correa aseguró que, precisamente, hay que apostarle a la disminución de los combustibles fósiles al mismo tiempo que se invierte en las nuevas energías. “A través de las energías renovables puede haber un impulso para la diversificación de la matriz. Hay zonas con alto potencial para la energía solar, la energética y el hidrógeno. Un ejemplo son la Guajira y el Chocó. Llama la atención que estas zonas con potencial suelen ser lugares con necesidades básicas insatisfechas. No obstante, podrían encontrar oportunidades en las energías verdes”, dijo.

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