Un socialismo nuevo en América Latina

Al ver el panorama actual del planeta, y el cataclismo provocado por el neoliberalismo en los últimos años, me pregunto si el futuro de la humanidad no estaría mejor en manos de un socialismo de carácter civilista y pacifista, defensor de los derechos humanos, esencialmente democrático y destinado al respeto de la naturaleza.

No desconozco la faz utópica de este porvenir. Lo difícil que significa enrumbar a una humanidad consumista, ególatra hasta el descaro y narcisa hasta el delirio, hacia una meta de armonía social. Con todo, el socialismo ha apuntado siempre a proyectos, unos acertados y otros equivocados. Lo suyo ha sido, en realidad, una metamorfosis permanente en busca del bien común.

Entre ese tipo de comunismo primitivo –que planeaba en algunos de los primeros grupos cristianos atravesados por un dios único, cierta abstinencia sexual y el vegetarianismo– y las eco aldeas de hoy en día hay parentescos interesantes.

Uno de ellos es la voluntad comunitaria de alejarse de formas de vida impuestas por un injusto régimen imperial (era el caso de Roma y sus conquistas) o (y esta sería una coyuntura actual) por democracias donde la corrupción y la acción de las multinacionales privadas y sus voraces plataformas publicitarias prevalecen. La divisa ha sido, pues, tratar de vivir en medios independientes, autosostenibles y saludables.

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Hay un caso llamativo de ese primer socialismo cristiano impregnado de ideas platónicas y creencias religiosas del Asia menor. Su representante se llamaba Epifanio, vivió en el siglo II, y podría ser el precursor de los socialistas utópicos decimonónicos.

Epifanio, que murió a los diecisiete años, proclamaba un mundo bueno gobernado por un Dios bueno. Uno donde la luz y el cielo y la naturaleza fueran patrimonio de todos y no de unos cuantos. Decía, además, que no debían existir ni ricos ni pobres, ni amos ni esclavos y que la justicia tenía que ser igual para todos.

Nada raro que Ernest Renan, quien menciona a Epifanio en su monumental historia del cristianismo, lo tome más como un utopista, en cierta medida un charlatán, que un verdadero cristiano. En todo caso, mucho de ese socialismo primero, diseminado por el mundo antiguo y que despertaría las condenas de los jerarcas de la Iglesia, palpita, a mi juicio, en muchos proyectos comunitarios actuales.

Pero estos últimos están afincados en las ideas de los socialistas del siglo XIX, tipo Fourier, Saint-Simon y Owen. Los de ahora, por otra parte, son de esencia ecléctica y se nutren de la defensa de la ecología y del respeto a la madre Tierra, de la equidad de género y aboga por el uso de medicinas ancestrales.

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Ahora bien, este es un socialismo insular y pacífico, propio de pequeñas comunidades dispersas en la geografía americana. Y mientras no se proponga tomarse el poder político –cosa que sería insensata para sus propios fines–, es tolerado.

Pero está el otro, el institucionalizado en algunas partes del planeta. Un socialismo, aunque sería mejor hablar de comunismo, nutrido de las revoluciones armadas. Que proclama, como su mayor manantial, un cierto ideario de la ciencia, la economía y la filosofía. Y que ha tenido en Marx y Engels, en Lenin y Mao, sus baluartes.

Descendientes de este comunismo militar, están los que rigen ciertos países latinoamericanos. Como olvidar, sin embargo, que estos proyectos están fundados asimismo en una especie de antimperialismo norteamericano proveniente de los pensamientos de Bolívar, José Martí y Sandino. Según aquellos, es el Estado, y no la empresa privada, quien debe ser el garante del bienestar material de los pueblos. Es decir, el responsable de la educación, el trabajo, la salud y la recreación de los ciudadanos.

En mi juventud, apoyé con algo de entusiasmo estas luchas que abogaban por un socialismo para América Latina y, desde entonces, he tratado de respetar la autodeterminación de tales colectividades de ser gobernadas por doctrinas semejantes. Pero como el patriarcado militar me suscita, desde hace tiempos, un hondo rechazo y estos regímenes han derivado hacia dictaduras y totalitarismos varios, considero que no son los modelos políticos necesarios para enfrentar el incierto mañana.

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Ante una derecha vulgar y obtusa, abiertamente neonazi y fascista, que se pavonea hoy por nuestras coordenadas, y un centro insípido y confuso que no logra consolidarse, ha surgido ahora un nuevo perfil socialista que suscita cierta esperanza. Un socialismo ante todo ecológico y no burocrático, no racista y segregacionista, y cuya bandera principal es defender a los sectores más desfavorecidos y a la naturaleza de la voracidad del mercado.

Es, igualmente, un socialismo que sospecha de las armas y pretende desmontar los ejércitos. Estas, repito, son circunstancias casi utópicas. Bastante de lo que propone esta nueva izquierda latinoamericana está sobre el papel y allí se ve muy bien. Llevarlo a la práctica será una ardua labor. Pero de quimera en quimera, la humanidad ha avanzado un poco en su atropellada historia. Y si existe un país donde no hay ejércitos, porque no sospechar que otros más puedan presentarse en la geografía del planeta.

Antes era impensable que un presidente colombiano –todos ellos calamitosamente guerreristas– se pronunciara por una paz genuina. Hoy soplan vientos que hacen pensar, si el cambio climático lo permite, en futuras sociedades sin armas en este continente armado vilmente desde los tiempos de la conquista y la colonia, y en las que la justicia social sea el patrimonio de todos y la depredación de los poderosos pueda ser reducida.

Un mundo que podría remitir, acaso, al sueño utópico de Epifanio.

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3 Comentarios

  1. Elizabeth Morales Villalobos

    Te das golpês de pecho Pablo?
    Por tu confucion cristiana, olvidas que nuestras culturas monoteistas proyectan una vision Patriarcal del Mundo.
    Estamos en plena busqueda de nuevos valores y y de una nueva identidad. Nosotros los latinoaméricanos talvez los encontremos en los vestigios de nuestra genesis, aniquilada con la llegada de los europeos.
    Volvera Bachué a anidar en los corazones de los que hoy somos americanos!
    La Utopia ya esta aqui, demosle la bienvenida.

  2. Luis Germán Sierra J.

    Amanecerá y veremos, Pablo. A pesar de que no soy muy optimista, sí creo que son mejores gobiernos más sensatos (no los llamemos de izquierda ni socialistas, esos “apellidos” ya casi no dicen nada), que los burdos, malintencionados y mentirosos de siempre. Es asunto de ética (y hasta de estética).

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