Un encantamiento que perdura

María José Navia presenta en Colombia ‘Una música futura’, su libro más oscuro a la fecha.

Por Pablo Concha*

Atrapar a un lector con una historia breve, de corto aliento, donde en muchas ocasiones se requiere de la imaginación activa de ese lector para llenar vacíos y completar finales abiertos, no es sencillo. Las escritoras modernas que se dedican a cultivar el género del cuento en nuestro idioma son pocas, y las que lo hacen con maestría son un número reducido: Liliana Colanzi, Katya Adaui, Samantha Schweblin, María Fernanda Ampuero y María José Navia, por nombrar las más conocidas. Esta última acaba de publicar en Colombia su cuarto libro de cuentos, Una música futura, obra que fue merecedora del premio Mejores Obras Literarias 2019 en la categoría de cuento inédito en Chile y publicado originalmente por la editorial Kindberg.

Debido a la gran acogida que tuvo en Colombia el anterior libro de la autora, Kintsugi, publicado por la editorial independiente Himpar, deciden publicar también Una música futura, con una portada diseñada por Sandra Restrepo que remite a uno de los relatos del libro, “Panda”, el favorito de la autora. Se trata de un cuento que retrata la vida de una chica que va a estudiar un doctorado a Estados Unidos, en Washington, pero la experiencia está lejos de ser el sueño americano materializado o algo cargado de emoción y aventuras. La mujer está sola, sufre de ansiedad, no cuenta con el apoyo de su familia (les miente y dice siempre que la pasa de maravilla) y no tiene amigos de verdad.

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Después de una experiencia traumática, lo único que la calma y logra apaciguar su mente es ver los pandas del zoológico a través de una app en el celular. “Me gustó mucho escribirlo. Pude mezclar eventos reales, con cultura pop, con cosas mías (reales, absurdas) y quedé muy contenta con el resultado. Yo siempre lo paso bien escribiendo, pero este cuento fue una verdadera felicidad. Como hacer una pirueta difícil sin caerte”, dice la escritora.

Navia (Santiago de Chile, 1982) es autora de la novela Sant (Incubarte Editores, 2010) y de los libros de cuentos Instrucciones para ser feliz (Sudaquia Editores, 2015), Lugar (Ediciones de la Lumbre, 2017) y Kintsugi (Kindberg, 2019), y no es ninguna extraña en tierras colombianas. El pasado mes de octubre estuvo en la Fil Cali presentando Kintsugi y en la FILBo lanzó Una música futura en un conversatorio con la escritora Catalina Navas.

Una música futura portada
Portada de ‘Una música futura’.

Una música futura está compuesto por siete cuentos en donde la mayoría de personajes atraviesa momentos difíciles y muy oscuros, aunque a medida que avanzan las historias aprendemos que sus vidas nunca han sido fáciles o felices. Da la impresión de que resulta más sencillo narrar historias desde esas vidas que están tratando de recoger los pedazos que desde alguien que se encuentre en su plenitud, así suene contradictorio.

“Creo que no hay ningún escritor o escritora que cuente a personajes en su plenitud. Por lo general, uno entra por las grietas, por las fisuras. Allí se encuentra la historia. En esas crisis que tienen potencialidad de cambiar (o destruir) cosas”, señala Navia. “La lectura de ‘Una música futura’ fue para mí una experiencia incómoda: los personajes son terriblemente solitarios, están atrapados en trabajos precarios, son personajes que habitan el límite. Sin embargo, a pesar de esa incomodidad y esa frustración, aparecen en el libro y por ende en mi experiencia, la esperanza del vínculo afectivo, los amigos, el arte. Me encantó estar al vaivén de estos dos movimientos”, señala Catalina Navas (Correr la tierra, El movimiento en la crisálida). 

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La tecnología, aunque importante en la vida de los personajes, vital en ciertos casos, no brinda felicidad o bienestar; en cambio, parece ahondar la tristeza o insatisfacción de sus vidas. Lo que lleva a preguntarse si la tecnología es la mayor fuente de infelicidad en los adultos. El personaje del cuento “Panda” dice algo al respecto de las redes sociales: “Yo cada vez trato de meterme menos. Es lejos la peor transacción: todo el tiempo que me quitan, me lo devuelven, con creces, en baja autoestima y paranoia”. Agrega la autora: “Creo que es una fuente de muchas cosas. Creo que está ahí para acompañarnos y ayudarnos en la vida, pero a veces le damos mucho poder y eso puede ser peligroso. En mis libros es un personaje más”.

Una música futura continúa explorando el género del cuento como en los libros anteriores de la escritora, pero toma un giro hacia temas más oscuros y macabros, algunos incluso bordeando la ciencia ficción. ¿Qué llevó a la autora tomar ese desvío temático en esta obra?

“Me gusta siempre ir probando cosas nuevas. Así no me aburro ni pierdo el interés. De un libro como ‘Lugar’, que es una colección de cuentos más tradicional, a ‘Kinstugi’, donde se juega a armar una novela a través de los relatos, paso a este libro en el cual continuo mi interés por la presencia de la tecnología en nuestras vidas, como una máquina de construir ficciones, de cierto modo. Es, para mí, la continuación ‘natural’ del último cuento de ‘Kintsugi’, “Blanco familiar”, en el que las pantallas y la vigilancia acaban por comerse lo cotidiano. Mi nuevo libro de cuentos, ‘Todo lo que aprendimos de las películas’, va por otro lado. Y en mi próxima novela ya entra la luz de frentón. Me aburrió la oscuridad. Espero que este sea mi último libro oscuro. Me parece que el desafío ahora es escribir la luz (al menos para mí)”, dice Navia.

María José Navia. Foto María Jesús Miranda.
María José Navia. Foto María Jesús Miranda.

Aunque la mayoría de escritores suele leer mucho, la autora chilena lee muchísimo más que cualquiera; en el 2020 realizó un hilo en su perfil de Twitter donde recomendaba una escritora por día, llegando a leer más de 300 libros ese año, algo que no es raro en ella. ¿Cuáles fueron esos libros de cuentos que sirvieron de inspiración o que están en comunión con Una música futura?

“Muchos. Siempre estoy leyendo mucho y creo que todo va inspirando lo que escribo. Pero así más puntualmente conectados con lo que estaba haciendo en ‘Una música futura’ puedo nombrar: ‘Sorry Please Thank You’ de Charles Yu, ‘The Relive Box’ de T.C.Boyle, ‘Your Duck is My Duck’ de Deborah Eisenberg, ‘Demonology’ de Rick Moody, todos los libros de cuentos de Laura Van den Berg, ‘Certain American States’ de Catherine Lacey, todos los libros de Mavis Gallant y muchos, muchos más”, señala la autora.

Los cuentos, al ser breves, podrían pensarse como una ventana que se abre en la vida de alguien y que permanece abierta por un corto tiempo y después se cierra. Lo que alcancemos a ver por esa ventana y a saber de esas vidas debe ser suficiente. Puede que queramos saber más, saberlo todo, pero a veces no es posible. Con los cuentos de Navia se da la casualidad de que con algunos personajes podemos saber más de sus vidas, lo cual es una suerte con la que cuentan sus lectores. El niño Marlon que aparece en el cuento que le da título al libro es el mismo Marlon que había aparecido en el libro Lugar, siguiendo una especie de tradición o propuesta de la escritora de que sus libros tengan alguna relación o conversación entre ellos.

“Marlon aparece en el cuento “Afuera” de ‘Lugar’. Es el mismo niño, me gusta que los lectores lo reconozcan. El cuento se vuelve más devastador de esa manera. Me gusta pensar en mi obra como una serie de libros en conversación constante. En mi próxima novela reaparece Sofía de ‘Kintsugi’. Y la que viene después (escribo de a varios libros simultáneamente) es una extensión o exploración del mundo de “Panda””, afirma Navia.

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“Los libros de María José Navia se pueden leer como relatos independientes o como un sistema interconectado. Su obra me hace pensar en esos sistemas vegetales en los que los árboles se comunican unos con otros a través de los hongos que conectan las raíces de distintos individuos. En esos sistemas, los árboles advierten condiciones de sequía, bacterias patógenas, un nutriente excepcional. A mi juicio, una de las cosas más bellas de Navia es esa capacidad de narrar la particularidad de un árbol –la belleza de sus flores, la dureza de sus hojas–, pero entender el ecosistema entero”, dice Navas. 

Al haber tantas posibles definiciones de lo que es un buen cuento, lo que debe lograr también varía dependiendo del escritor. Para Navia, lo más importante que debe lograr un cuento es: “Encantar. En el sentido de un embrujo, de un encantamiento. Convertirse en esa canción favorita que te acompaña y que no puedes dejar de tararear”, señala.

 Es indudable la erudición de Navia y como habrán podido notar, la chilena lee muchas escritoras norteamericanas, la mayoría de las cuales no son tan conocidas ni leídas en Hispanoamérica. ¿Qué le aportan esas autoras a su obra y qué tiene su narrativa de diferente a las escritoras de nuestras latitudes?

“Espero que luz. O eso es lo que yo admiro mucho en ellas. Creo que son autoras que, a pesar de escribir muchas veces de temas terribles y dolorosos, le abren ventanas a sus historias por las que siempre entra la luz. Hay también una manera de acercarse a lo cotidiano y a los afectos de una forma más calmada e inteligente, en algunos casos. Con más humor, también. Me pasa con ciertas escritoras (y escritores) de Latinoamérica que pareciera que todo es grito y oscuridad. No me gusta tanto que me griten, ja. Y, como te comenté anteriormente, estoy algo cansada de la oscuridad en la literatura. Hay proyectos valiosos, y los respeto mucho, pero no es lo que me interesa leer. Últimamente, la literatura que más me llama la atención es la que logra conjurar el absurdo y lo luminoso (incandescente incluso) sin perder de vista la ambición y seriedad/profundidad de lo que se está contando (pienso en escritoras como Joy Williams, Laura Fernández, Sayaka Murata, Gunnhild Oyehaug, Dorthe Nors, Megan Mayhew Bergman, Sabrina Orah Mark, Claire Keegan, Sarah Manguso, el último libro de Claire-Louise Bennett: Checkout 19, y tantas más) o bien literatura enamorada de la literatura o, como yo les llamo, “libros que leen” como todos los de Rodrigo Fresán o esa maravilla de Peter Orner: Am I Alone Here? Notes on Living to Read and Reading to Live“, dice Navia.

Si necesitan más razones para leer Una música futura, la escritora peruana Katya Adaui (Nunca sabré lo que entiendo, Aquí hay icebergs, Geografía de la oscuridad) aporta lo siguiente: “María José entiende a sus personajes, los hace muy singulares, con pasados intensos. Y piensa muy bien la puntuación, esos puntos seguidos bien puestos que hacen vértigo. El cuento “Cuidado” recuerdo que empieza: ‘Soy yo quien los desconecta;. Es una primera línea estupenda y temeraria. Los personajes y la propia narradora ya están desconectados de la realidad, pero te preguntas a qué otras cosas más se abrirá el texto. Ha comenzado en “Soy”. ¿Conectar con qué o con qué no? ¿Qué soy y qué no soy? Y todo eso potenciado en la promesa de la primera línea. María José puede escribir de lo que quiera y como quiera. Que te digan inclasificable creo que es el mejor piropo. Libro a libro va creciendo, en lenguaje, en trama, en capacidad asociativa, en ahondar al objeto que estudia; atestiguar su talento expandirse, como sus propios textos, es precioso”.

* Escritor colombiano. Autor de los libros de cuentos Otra Luz y La piel de las pesadillas. Colaborador literario en varios medios culturales.

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