Vaginas parlantes

Quisiera decir que la poética composición de este título es de mi autoría. Pero no, debo darle los créditos a un sujetillo de apellido Jaramillo que se dedica a hablar de patadas al balón y que, si bien no la inventó, la desempolvó de la escasísima literatura erótica del medioevo sin darse cuenta.

Por supuesto, el veterano periodista no tiene las pelotas neuronales para saber de dónde viene esa creación literaria, ni mucho menos para aceptar que no fue su “sensible sapiencia” la que le dio vida. Él, simplemente, hace algunos días invirtió el venerable sentido de las vaginas parlantes para convertirlo en un vulgar insulto a las mujeres a través de un trino (ese sí de su autoría). Veamos:

“El mundo del deporte es otro. Pasa por comunicadores serios, hay muchos; otros incompetentes. Mujeres periodistas con clase y vedetes insulsas, vaginas parlantes y culos prominentes sin memoria y sin cerebro que hacen cualquier cosa para llamar la atención. Si señores, es otro”.

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Y sí, el mundo es otro. Bastaron segundos para que miles de cibernautas abuchearan al tipejo por semejante adefesio, viéndose obligado a cambiar el mensaje por otro mamarracho con una sarta de disculpas. Pero ya era demasiado tarde.

Sus gónadas misóginas habían gestado una monstrua decapitada con culos sin clase, prominencias descerebradas, amnesias insulsas, vulvas parlanchinas y otras tantas “deformaciones” (a su juicio). Bestia que no generó miedo sino una furia colectiva que tenía demasiadas pruebas para evidenciar que su violencia no era un lapsus, sino parte estructurante de su ser. Como es el caso de muchos machitos marchitos que van por ahí deambulando la palabra.

Hay cuantioso material en esas líneas para reflexionar sobre el régimen patriarcal y clasista que persiste y moldea todos nuestros sistemas, desde el solar, donde todo gira alrededor del macho iluminado que alumbra la vía láctea, hasta las fibras más íntimas de los sistemas que integran nuestros cuerpos.

Pero es un material tan obvio y tan grotesco que no merece la pena detenerme en él. La verdad, poco me importa dicho lenguaraz del fútbol con ínfulas de sol, y mucho menos el troglodismo deportivo que se hace en este país, del que se salvan pocos Pinos, De Franciscos y Peláez. Lo único que mi vulva parlanchina no puede callarse, y que debe suplicar antes de seguir con sus intenciones textuales sobre las bondades vaginales, es lo siguiente: señores, háganse el favor de replantear el formato en el que ustedes, amos del fútbol, solo les abren micrófono a las mujeres periodistas para que a modo de porristas o patinadoras informativas que les sirven, animen sus discursos sosos con datos curiosos. No sean patéticos.

Ahora si me concentraré en lo más poderoso: las vaginas parlantes.

En la imponente Abadía de Melk desde la cual se admira el caudal del Danubio, fue hallado el trozo de uno de los primeros poemas eróticos medievales, conocido como Espina de Rosa. Según algunas investigadoras del Instituto de Estudios Medievales de la Academia Austriaca de Ciencias, el fragmento data de 1300, no se conoce su autor(a) ni la razón de su destrucción. Aunque algunos suponen que fue por su trama.

Las líneas trazadas en un pergamino del tamaño de un cuadernillo de escuela, narran el diálogo entre una bella dama y su vulva, en medio del esplendor de un jardín en temporada de rosas. En el poema, la vagina toma vida propia y se hace parlante gracias a que la mujer ingirió una planta “medicinal”. Las dos discuten sobre cuál de ellas hace posible que los hombres se rindan a sus pies. La elegante moza asegura que es por su apariencia que logran seducir a los hombres, mientras que la vagina le reclama exceso de vanidad y, afirma, que los caballeros se ven atraídos por el placer que ella es capaz de dar en la oscuridad de su guarida. Ante el desacuerdo, deciden separarse para comprobar quien tiene la razón. Pero rápidamente se extrañan y vuelven a unirse.

Es poco probable que alguna vez conozcamos el final del poema. Será siempre el hermoso misterio de un destello que empezó a alumbrar la resistencia, mediante la emancipación de una vagina parlante.

Tener vagina no es un obsceno ultraje, como lo insinuaba el señor en su trino. Llevamos décadas sacudiéndonos del cuerpo esas narrativas cristiano-patriarcales en las que nuestros genitales se suponen ofensivos y tentadores, por lo que deben ser escondidos y cubiertos. No somos el pecado original porque no existe tal, nuestra vagina no es inmoral y tampoco permitiremos más censura corporal. Así que bienvenidos los “culos prominentes” y la apertura vaginal.

Nuestros labios ya no temen abrirse desde la profundidad de su rojo para expandir los deseos que nos habitan. Durante siglos, se aprovechó que los genitales masculinos fuesen mas notorios que los femeninos, se juntó este hecho con otro tanto de artimañas, y se impuso la imagen de dureza y poder en ellos, y de recogimiento y pudor en nosotras. Nos negaron el placer sexual, nos condenaron a la culpa y nos castraron la palabra.

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Ya no nos guardamos nada. No somos secreto, ni silencio, ni anonimato. Somos la compuerta que, entre pliegues de pregones aterciopelados, da la bienvenida a este mundo. A usted y a mi, a todos los humanos.

Exuberantes vaginas parlantes como la de Espina de Rosa, que hemos salido de la guarida para liberarnos del jardín de Adán y de nosotras mismas. Cuando nos reencontramos, es porque hemos descubierto otra forma de habitarnos. Más integradora y amorosamente desparpajada.

Y sí, es ahí cuando “hacemos lo que sea por llamar la atención” a quienes intentan clausurar con vilipendios nuestras bocas, todas. Las que se abren para hablar, o para tirar, o para cantar, o para parir, o para crear, o para amar, o para mamar, o para todo a la vez.

Eso somos, una comunión erótica de carne, ingenio, sabiduría y delirio para nuestra propia venturanza. No buscamos aprobarnos en los hombres, y menos en los que a duras penas balbucean el recorrido de un gol. No somos para ellos ni por ellos ni de ellos. Somos un tropel fascinante de vaginas parlantes.

10 Comentarios

  1. Andrés Guapacha

    Tal como aquel abultado marcador de un olvidable partido entre Real Madrid y Millos.
    Camila Rivera G. (8) vs Esteban Jaramillo (0) o mejor tal vez KO.

  2. Genial!!, me gustó mucho. Las mujeres se deben ver como el eje central de esta sociedad, porque aportamos, producimos y generamos muchos beneficios en todos los sectores productivos; y no como un objeto sexual que se “tira” y se recoge cuando los hombres quieren.

  3. Maria Camila felicitaciones. Su pluma está llegando con temas muy vigentes y con una mirada objetiva y crítica. En este artículo presenta una abierta defensa a nuestra dignidad como mujeres. Estaré muy orgullosa de compartirlo.

  4. Es impresionante como encara los diferentes temas de sus columnas de manera tal, que les hace un profundo análisis con textos que enganchan de una manera muy poderosa. Deliciosa lectura. Gracias

  5. Sebastián Batista

    Me encanta como enlaza sus comentarios con alusiones literarias.
    Un vaya y coma v…., Don Esteban, elegante y distinguido.

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