Valoración de Jaime Jaramillo Escobar

Jaime Jaramillo Escobar fue, sin duda, el mejor exponente del Nadaísmo, ese movimiento entre literario y publicista que hizo mucho ruido en la rezandera Medellín, un poco menos en la fogosa Cali y en la gélida Bogotá, y menos aún en la siempre alborotada América Latina. En Europa pocos saben qué fue esa cosa llamada Nadaísmo, que tanto entusiasma a los jóvenes cuando se acercan a las letras colombianas. Con todo, Los poemas de la Ofensa alcanza el más alto podio ofrecido por este grupo cuyos integrantes se presentaron como rebeldes consumados y terminaron, varios de ellos, amangualados con el poder. Basta recordar el caso emblemático de Gonzalo Arango y su campaña proselitista con Alfonso López Michelsen.

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Era emocionante, al menos yo me emocionaba, ver a Jaime Jaramillo Escobar, con su saco y corbata de notario, tomar el rollo de sus versos y escucharlo leer Perorata. Era un performance ciertamente altisonante y algo patético, pero a mí me subyugaba escuchar a ese hombre de cuerpo magro con una voz tan poderosa. La Sarta al río Cauca, su Ruego a Nzamé, Mamá negra y algunos de sus textos de Sombrero de ahogado y Poemas de tierra caliente son dignos de celebrar. Pero nunca me pareció un poeta inmenso. O al menos su poesía no me ha conmovido tanto como la de César Vallejo, la de Pablo Neruda o la de Octavio Paz; o entre nosotros, como la de Álvaro Mutis o la de Giovanni Quessep.  

Estuve unos meses en su taller, en el año noventa del siglo pasado, cuando las entrañas de Medellín eran devoradas por las llamas del narcotráfico y las bandas criminales. Las sesiones, en aquel habitáculo de la Biblioteca Pública Piloto, nos sabían consolar, porque en cualquier parte donde se habla o se lee poesía surge el consuelo ante la calamidad y la tragedia. Resultaba tan subyugante escuchar a ese hombre bajito y seco, con la mirada entre apagada y extraviada y vestido tan impecablemente, que me parecía increíble que la pasara desnudo en sus aposentos íntimos mientras escribía. 

“Resultaba tan subyugante escuchar a ese hombre bajito y seco, con la mirada entre apagada y extraviada y vestido tan impecablemente, que me parecía increíble que la pasara desnudo en sus aposentos íntimos mientras escribía”

Pero cuando se ponía a valorar la literatura ocurría algo diferente. Sus gustos y opiniones al respecto no me satisfacían del todo. Por aquel entonces había irrumpido como un meteoro de luz y escoria, la poesía de Raúl Gómez Jattin. Jaime Jaramillo Escobar y Darío Jaramillo Agudelo pregonaron que se trataba del gran poeta esperado, de la palabra veraz del maldito, la grande y libre y desgarrada expresión de una sexualidad tórrida. Cuando me aproximé a esos poemas tan celebrados, solo vi una zoofilia excesiva atravesada por fulgores edípicos y otros asuntos tristes. Jaramillo Escobar, además, se entusiasmaba tanto con los poemas que unos chicos buenos mozos le presentaban que yo, la verdad sea dicha, me quedaba perplejo. Y bueno, como él nos decía que le mostráramos nuestros textos –para eso era su taller entre otras cosas–, con gran vacilación le pasé algunos de mis Viajeros. Mi intuición no me engañó. Permaneció desdeñoso y, como acostumbraba calificar la poesía, jamás pude sacarle más de 3.5. 

Luego Jaime Jaramillo Escobar publicó una antología del ensayo antioqueño. Se la encargó una de esas instituciones regionalistas que ansían buscar muchos laureles donde quizás no los hay. Jaramillo Escobar escribió un prólogo ceniciento donde las mejores ideas vienen de Jaime Alberto Vélez (un verdadero cultor del ensayo), y seleccionó una pléyade de autores que, por su número y calidad, provocan una mezcla de reproche y decepción. Nunca supe, por ejemplo, ¿qué significaba poner allí, entre las decenas de ensayistas que había hallado el antólogo de Pueblo Rico, a Belisario Betancur? ¿Era un acto de servilismo político tan propio de los nadaístas insumisos? ¿Un acto de miopía intelectual? ¿O simplemente se trataba de un asunto de gustos con los que yo siempre iba en contravía? Y ni qué decir de muchas de sus reseñas, publicadas en el Boletín Bibliográfico del Banco de la República, llenas de anotaciones acartonadas, de un esquematismo lamentable y de juicios reprochables.

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Al ganar el premio Rómulo Gallegos, me llegó una invitación suya para que fuera a su taller prestigioso. Me sonreí ante las ironías de la vida. Quise comentarle lo de mis malas notas en el pasado. Pero decidí ir y olvidarme de tales nimiedades. Cuando me saludó, dijo que se había encontrado, hacía tres días, con mi padre. Lo miré desconcertado. Mi padre había sido asesinado hacía más de treinta años y nunca conoció personalmente a ningún poeta ilustre. Pero tampoco dije nada. Se veía tan anciano que supuse que desbarraba. Después, cuando me preguntó cosas delante del público, se notaba que no había leído ninguno de mis libros.

44 Comentarios

  1. Coincidi con Pablo Montoya en ese taller de Jaime Jaramillo. Pero mi recuerdo es distinto. Recuerdo si la herida que le produjo Jaime al calificar sus poemas. Veo que no se ha cerrado. Es posible igual que Pablo Montoya se gane el Nobel o sea un gran escritor. Pero eso no hace que su valoración sea la que uno esperaría de un escritor profesional como él: decir de Jaime prefería los poemas de hombres lindos… el desdén innecesario que demuestra o que no logra disimular no parece algo de índole muy literaria. Hablando de reseñas está también dejara rastros tristes. Pero ya no estará Jaime Jaramillo para ponerle el 3,5.

    1. Uffff Pablo que gran resentimiento se nota en tu nota, no soy amante de la. Poesía, de hecho es un género que evitó, pero quedé impresionada con la fuerza que tiene la de Jaime.
      Yo siempre he opinado de usted qué luce como un vendedor puesta a puerta de enciclopedias que se usaban cuando yo era chica, con una gran diferencia ellos eran más dignos que ud

      1. Francisco Medina López

        Pablo, ¿qué has puesto en esta calumnia? ¿Cómo se atreve la Universidad de Antioquia a dejar en las manos de un personaje tan inmaduro como estos el resultado de un premio de cuentos? Sentí que leía a un jovencito con mucha rabia, no a un verdadero escritor. Pablo, de todas formas tus escritos ni merecen 3.5, si acaso un uno. Qué barbaro. Mira a ver dónde se te subió el ego, porque bien alto sí lo tienes.

          1. Pablo, qué poco hombre es usted. Sus novelas son cansonas. Usted no merece más de un tres.

      2. Muy cobarde escribir esto cuando Jaime ya estaba muerto… Yo sí quería ver la respuesta, esa sí en un poema, como lo sabía hacer bien.

        1. Se sigue preguntando al espejo: espejito, espejito, qué tan lindo soy? Qué mejor soy? quién me quiere más? Qué tan famoso soy? Quién escribe mejor? Si Asia no me conoce, no existo? Mientras embalsama el alma en un enredo de huesos y delgadas carnes, que logran ser conocidas alrededor de las aulas y tableros, tizas que salivan el azogue del espejo. También quiere la imagen verse reconocida en la rezandera Medellín, a quien se dirige tan despectivamente.

    1. Jorge Humberto Sánchez Franco

      Pobre Pablo, la mezquindad, que no puede ser otra cosa que la horfandad de nobleza, aflora por las viejas heridas.
      Imposible surgir parándose sobre el cadáver de un inmortal, y más cuando no se tiene ni pies ni cabeza.
      La miopía de tu columna calumnia me confirma que los inmortales no necesitan defensa.

  2. Juan Manuel Estrada Jiménez

    Indignación siento al leer las tonterías que tan cobardemente escribe Pablo Montoya sobre el maestro Jaime Jaramillo Escobar. Se equivocó la UdeA al contratar como jurado del Primer Premio Internacional de Cuento a un personaje intelectualmente tan inmaduro.

  3. Seguro que los comentaristas son paisas, no soportan que alguien se atreva a mostrar una visión crítica de alguno de ellos…para dolor de muchos el ensayista – columnista Pablo Montoya, está por encima de sus comentarios, lo respalda su tremenda obra y sus reconocimiento, es un estudioso de miedo…dudo de los comentarios, no del autor de la columna.

    1. Pablo M, coloca a JJE en su justo lugar. Los poemas de la ofensa es un gran libro; ese es su único libro valioso, sus opiniones y reflexiones son muy superficiales y obviamente está por debajo de poetas realmente geniales. Bien por Pablo Montoya

  4. Lamentable columna, no sólo por el contenido tendencioso, sino por sus notables errores de forma y ortografía. Sobre lo tendencioso, se evidencia que poner la discusión sobre la valía de la literatura consiste en “satisfacer”, como dice Montoya, con esa combinación de palabras tan mal hilvanada “satisfacía del todo”, no sólo es precario, sino falso. Otros pensamos que la poesía no tiene nada que ver con el sentimiento de la satisfacción, sino, más bien, con el acto de incomodar. Pero Montoya y su literatura, al parecer, se centra en la satisfacción de sus lectores, tal y como su homónimo Pablo Coehlo. También se observa lo tendencioso en su mención de los muchachos buen mozos, como si los lindos no pudieran escribir bien. El concepto de que los hermosos son brutos o incapaces para la escritura, es lamentable en el texto de un escritor que es profesor en una institución que apela por la inclusión, la ciencia y las humanidades como la Universidad de Antioquia. En lo ortográfico deja mucho que desear de él como escritor: un español precario, falta de tildes (en la frase “En Europa pocos saben que fue esa cosa llamada Nadaísmo”, es claro que el “qué”, lleva tilde, pero tal parece que el eminente escritor tuvo un olvidó), errores de sintaxis.

  5. Juan Guillermo Valderrama Santamaría

    Señor Pablo, conocí muy bien al Maestro Jaime, cosa que, queda clara, usted no logró, o quizás no pudo, según entendí en sus rabietas de niño: por feo, dicho claramente en su columna.
    Le aseguró, si algo tuvo él Maestro fue generosidad, pues fue tan generoso que le dio a usted un 3,5. Yo mirando su columna le daría mucho menos.
    Yo estuve el día en que usted fue invitado al Taller, sentado al lado de Jaime, no Jaime al lado suyo, y, sí, usted tiene razón: era un hombre de cuerpo magro, pero, usted, muy a pesar de su altura, se veía mucho mas chiquito que él.

    P.d. Señor Pablo, me hizo recordar esos pasquines que mandaba el otro señor Pablo, desde las montañas de Colombia. ¿Se acuerda?

  6. A juzgar por los clichés de esta columna (la rezandera Medellín, la fogosa Cali, la gélida Bogotá…) no me sorprendería que sus poemas fueran dignos de un 3.5.

  7. No hay poesía en esta columna, como tampoco hay poesía en el resto de su obra. Ni merece ser leído un escritor que quiere fama por medio de un muerto. La obra de Pablo no vale la pena, con un solo libro tuve para darme cuenta.

    1. Pablo Jaramillo Escobar

      Usted no es nadie, señor Pablo, para que se venga a creer tanto. Qué falta de todo le hace a su pobre escritura, llena de odios vencidos. Le recomiendo una visita al psicólogo, para que pueda superar el trauma que le ha dejado un 3.5 bien merecido.

  8. Pablo, así no es. Ni que fueras el gran escritor para juzgar a otros. Un Rómulo no te da el derecho. Eres malo entre los malos.

    1. Sobre Belisario Betancourt yo le sugerí que lo incluyera en la antología sobre la poesía de medellin editada por el i.t.m. Y en la que yo también figuro. La crítica sobre Jaime Jaramillo que hace el escritor Pablo Montoya es muy mala calidad.los poemas de Jaime son paradigmas de la literatura colombiana.

  9. Pablo Montoya es el escritor más aburrido de la literatura colombiana. Su egocentrismo no lo deja ver más allá de sus bien escritas pero inmamables novelas. Y su poesía no mueve a nadie.

  10. Paz.
    Que vaina. Montoya tiene su punto, lástima no saber el de Escobar. Igual, con lo de Jattin hay algo de cierto y es que lo han engrandecido porque sí. Con lo del 3.5, el autor lo dijo, son nimiedades…

  11. Se veía que algún día sacaría su gran obra solo para poder insultarme mejor, echándomela a la cara y diciendo Sí ve, tal por cual, usted siempre se rió de mí, nunca me tomó en serio creyéndose mejor que yo. Ahora míreme nomás, voy directo al Premio Nobel. Ya oirá de lo que soy capaz…
    (Quién iba a pensar que las grandes obras serían también grandes venganzas. Tal vez esto no se le ocurrió nunca ni se le pasó siquiera por las mientes al inventor de la dinamita.)

  12. Puede que Jaime Jaramillo Escobar, a sus 80 y pico de años, no recordara muy bien las cosas; pero quién olvida estos poemas: Mamá negra, La llaga incurable, Ruego a Nzamé, El deseo, La búsqueda, entre otros.

  13. Pues estoy de acuerdo. Jaime Jaramillo escribía unas reseñas patéticas. Su vejez ya no lo dejaba ser objetivo. Una tristeza.

  14. Creo que las palabras del señor profesor Pablo Montoya merecen una respuesta, no sólo desde el punto de vista académico sino humano. Su negación del valor social y literario del movimiento nadaísta refleja un desconocimiento de la historia de las vanguardias en América Latina, especialmente las que surgieron a mediados de siglo. Movimientos como “El techo de la ballena” en Venezuela, “Los Tzántzicos” en Ecuador, “Los huevos del Plata” en Uruguay, “Los Mufados” de “Eco Contemporáneo” en Argentina, tuvieron amplia y profunda relación con el movimiento nadaísta. De esto yo soy testigo activo, presencial, ya que tuve contacto con ellos en mis viajes por América Latina, durante las décadas del 60 y el 70. Debo señalar las publicaciones sobre el nadaísmo en México, Venezuela, Argentina, Ecuador, y muchos otros países latinoamericanos. En cuanto a Europa, la editorial Sibila de Sevilla, España, publicó “Antología del nadaísmo”, edición que se agotó casi de inmediato y recibió críticas muy favorables en la prensa. Estudios sobre el nadaísmo se han publicado en las revistas académicas más importantes de los Estados Unidos, valga citar el caso de la “Revista Iberoamericana” de Pittsburgh. Ensayos críticos sobre el nadaísmo se han presentado en congresos académicos en Francia, Italia, Alemania, España y otros países europeos. Tengo por entendido que el señor Montoya es profesor de una prestigiosa universidad en Colombia, por lo tanto creo que debería tener un poco más de cuidado al juzgar académicamente a un movimiento literario, que de paso, fue un movimiento social. Como lo señala Eduardo Escobar, Gonzalo Arango no tuvo ninguna relación política con Alfonso López Michelsen, y por otro lado, Belisario Betancurt fue un intelectual de prestigio en Colombia (así lo atestigua su gran amigo el poeta Fernando Arbeláez), no importa que su posición política sea discutible para muchos.
    Creo que el profesor Montoya tiene derecho a no ver favorablemente gran parte de la obra de Jaime Jaramillo, lo que sí me parece impropio de un educador es describir a este ser humano con adjetivaciones como las siguientes: “ese hombre de cuerpo magro”; “ese hombre bajito y seco, con la mirada entre apagada y extraviada”; “Se veía tan anciano que supuse que desbarraba.” Si el profesor Montoya me lo permite, quisiera recomendarle leer el “Discurso sobre la dignidad del hombre”. Tal vez luego de leerlo podrá comprender que un ser libre y altamente intelectual como Jaime Jaramillo, nos recuerda lo que decía el poeta belga-francés Henry Michaux, al referirse a su cuerpo: “Ya no habito esos lugares”.

  15. Conozco a Pablo, lo he leído y hasta lo entrevisté, me pareció un hombre sencillo y buena gente.Sobre lo que dicen creo que hay mucha sinceridad, y poca meledicencia cómo algunos anotan.No entiendo por qué tenga que mentir.Y sobre los nadaistas, creo que dijo la verdad, también lo advirtió Gabo, en definitiva el Nadaismo fué más rollo que película,..

  16. jotamario arbelaez

    Nunca había visto el debut de un columnista tan unánimemente abucheado, en un medio tan respetable como Criterio, y por un profesor de la solemne Universidad de Antioquia, recientemente laureado con la presea Rómulo Gallegos, que seguramente lo acabó de egolatrizar. Respira por la heridita el bueno de Pablo, cosa que ni le luce ni le conviene. Muchos buenos prosistas no pasaron con sus versos del 3.5, ver Gabo. Aunque tengo noticia de que el Poe no utilizaba ese tipo de puntajes, sino que expresaba sus comentarios, elogiosos o ácidos cuando correspondía. Ahora es X-504 quien ante este avezado prosista merece menos del 3.5. Pero tampoco era para que se quejara de que el profesor tuviera predilección por los jóvenes poetas más carilindos, lo que equivale a sapearlo de homosexual, tema que X asumió valientemente desde sus primeros escritos de los años sesenta, a partir de los aclamados Poemas de la Ofensa. Sus poemas y sus facciones no dieron para que lo invitara a contemplarlo escribir desnudo, cosa que en la columna se pretende cobrar descalificándolo, lo que lo haría quedar como un maricón resentido. A sabiendas de que es el poeta más inmortal de todos los tiempos de la literatura en Colombia, así hubiera sido nadaísta, ahora este avezado prosista lo calidfica con menos del 3.5. Y de paso a uno de sus discípulos, el ya legendario Raul Gómez Jattin.
    Y Gonzalo no le hizo nunca campaña presidencial a López Michelsen. Esos fuimos Elmo Valencia y yo, y después le digo por qué. Él le hizo una campaña muy personal a Belisario “porque era su amigo”, según nos dijo, la que no fue muy bien recibida por la publicistas oficiales, como Antonio Montaña. Y no veo nada imposible que este Belisario, que era un intelectual mejor que político, hubiera podido escribir una página digna de figurar en un tomo colectivo de ensayos antioqueños. Un nadaísta también ganó el Rómulo Gallegos en poesía, gracias a la influencia de su maestro Jaime Jaramillo Escobar. Jotamario Arbeláez

    1. Carlos Alberto Martinez Cabal

      El poeta Jaime fue muy generoso en sus evaluaciones, al punto de incurrir en inexcusables excesos.
      Dese por bien servido el iluso diplomado,
      “Hace más un toro en la plaza que un tonto en la casa”

  17. David Corver Oconner

    El nadaísmo es una especie de náusea sartreana, unas arcadas y agrieras que no pasan de un simple alka-seltzer, es decir, un rótulo de mucha carátula y valla publicitaria y tal. Un asco. Bien asestada la estocada final a aquel estiercolero por PJMC. No se pierde nada, nadita. Nadaísmo es eso: Una nada más un ismo. Una moda -como la botacampana, el pelo y las patillas largas. Y otras porquerías. Deleznable. ¡Fó! Agradezcan que todavía alguien se ocupa de semejante temática.

  18. JULIO CESAR LONDOÑO

    Lo poco que conozco de Jaramillo es bueno, pero no me rasgaré las vestiduras si Pablo Montoya tiene una opinión distinta. La opinión de Pablo es eso, una opinión, y está muy bien escrita. La literatura no es una ciencia y la crítica, por lo tanto, no tiene porque ser objetiva ni exacta. No veo resentimiento ni vendetta en el comentario. Es una tranquila y agradable reseña. La calentura está en los comentarios al comentario. El hecho de que un poeta esté muerto, ¿nos obliga a hablar bien de él?

  19. Tiberio Gutierrez

    Lo mejor para mi de toda esta larga carreta de “críticos” embadurnados de envidia, es el comentario de Julio Cesar Londoño, obviamente después de la columna de Pablo Montoya. No los une el sabor del saber sino la envidia.

  20. la opinión del escritor Pablo Montoya, claramente es controversial. Sin embargo, y como ocurre en nuestro país, criminalizar la opinión del otro es deporte nacional. Sólo tiene validez lo que sale de mi impoluta cabecita: ¡quién no está conmigo está en mi contra. ¡Qué desfachatez! ¿Qué tiene que ver la opinión del escritor con la “altura” de su obra? La obra de Pablo Montoya es colosal, es gran representante de la literatura colombiana. Muchas veces al quitar velos se descubre podredumbre.

  21. Mauricio Velásquez

    No sé si sean críticas a la opinión, intentos magros de columnas, resentimientos que todo lo leen en clave de resentimiento, aspavientos dialécticos, ejercicios de orden superior intelectual, o confundidos que no se han enterado que hay una red para el odio llamada Twitter. Quienes deberían revisar los perfiles psicológicos de su obrar son aquellos que en un comentario transparente y genuino leyeron hasta el “ego” de Pablo. Cómo tendrán de lacerada la autoestima para llegar hasta ahí, en defensa de esas valoraciones por corrientes llenas de aspaviento y visaje como el nadaismo.

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