‘Las Meninas’ de Juan Gabriel Vásquez

La obra del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez indaga en la culpa, la vida privada, la violencia y el peso del ayer.

Por: Ana Cristina Restrepo Jiménez*

“Aunque no nos interese el pasado de Colombia, 

nos interesa el modo de contar el pasado de Juan Gabriel Vásquez.”

(Jordi Gracia, catedrático de la Universitat de Barcelona)

Hace apenas dos años, Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) recibió por primera vez un galardón literario en su país: en el VI Premio Biblioteca Narrativa Colombiana, los cuentos de Canciones para el incendio fueron declarados finalistas con las novelas Donde nadie me espere, de Piedad Bonnett, y Guayacanal, de William Ospina. El ganador dedicó los cinco minutos y 24 segundos de su discurso protocolario a proclamar su admiración por la obra de sus contendores, y a escudriñar la creación de sentido en Gabriel García Márquez, Flannery O’Connor, Elizabeth Bishop, César Vallejo y George Eliot.

Aquel formalismo revela tres claves para comprender quién es Juan Gabriel Vásquez, el artista: observa a los otros (vida y obra), lo hace a partir de una historia o tradición común, y desde esa perspectiva transforma su creación literaria en un espejo para el lector. 

Juan Gabriel Vásquez habla de Volver la vista atrás
Juan Gabriel Vásquez. Foto: Andrés Buitrago.

Lo suyo no es novela histórica sino de memoria. Su interés −¡obsesión!− indaga en la culpa, la vida privada, la violencia y el peso del ayer, las formas en que la historia, la política y la realidad social moldean la existencia del individuo.

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La obra de Vásquez

Mirar detrás del hombro (¿del hombre?) al artista en su proceso creativo es asomarse a una obra que conjuga tradiciones literarias y cruza umbrales, y que para los lectores abarca desde Persona (1997), su primera novela, hasta Volver la vista atrás (2020), la más reciente; e incluye traducciones, cuentos, ensayos, una biografía y análisis periodísticos merecedores de reconocimientos en América y Europa. Es imaginarlo por las calles bogotanas en los convulsionados noventa, huyendo de las clases de derecho para perseguir los ecos de Jorge Eliécer Gaitán, Rafael Uribe Uribe y José Asunción Silva (la ciudad es un personaje, como Lima en Vargas Llosa, o Dublín en Joyce). Es saberlo ansioso en una audición con Polanski. Es espiar las entonaciones previas a su narración documental sobre García Márquez. Es intuir sus temores ante las traducciones de su obra a 28 lenguas. Es sentir cómo se desvanecen las voces de Mariana, Carlota y Martina, su esposa e hijas, cuando aprieta el límite de entrega de un texto para El País.

Es reconocerlo habitante de Bogotá, París, las Ardenas belgas, Barcelona y un bote en el Támesis; y navegante en las coordenadas de Joseph Conrad, Philip Roth, Ánton Chéjov, Ricardo Piglia o Miguel de Cervantes. (Su perfil de WhatsApp es un retrato del escritor con algunas de sus influencias literarias).

Para Vásquez, Las Meninas, de Diego Velásquez, “son una novela disfrazada” en la que el artista mira los reyes y los espectadores desde adentro del cuadro. “Convierte a cualquier espectador en rey”

Las obras de Vásquez son óleos sobre el lienzo de su época, disfrazados de literatura y periodismo. Cada pincelada pinta la Historia pero también el artista. Leer sus novelas y cuentos es sentirse interpelado, acompañar sus epifanías en la exploración de cartografías humanas: “Los seres humanos somos el mejor invento de la novela”, dice. Sus análisis de la actualidad nacional defienden los mecanismos de reconciliación y cuestionan las trampas de la verdad oficial: convierten a cualquier “rey” en espectador de su oquedad.

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La autorreferencialidad en sus letras dista de la vanidad, hoy exacerbada por las redes sociales. A veces es Diego Velásquez, con su paleta; otras, Alfred Hitchcock desafiando su lente y, con frecuencia, Virginia Woolf, buscándose en su propia habitación.               

* Periodista, columnista y escritora de ‘El hereje: Carlos Gaviria’

2 Comentarios

  1. J. Conrad, con algo de tristeza en su mirada balcánica, sugería a todo joven aspirante a escritor a “mantener el barco en la estela de la luna..” Frase de un hombre que la mitad de su vida se la pasó en el mar como empleado de la marina británica para, medio arrepentido, dedicar la otra mitad de su vida a escribir obras cumbres en la narrativa inglesa. Lord Jim; la Locura de Almayer; el Corazón de las Tinieblas, etc., etc.
    Su influencia, brutalmente catastrófica, nos aivsn que estamos vivos, que todavía nos queda alguito de tiempo.
    Tanka! Tanka!. Chuladas de novelas

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