La terrible frase de Alcocer que desconoce lo difícil que ha sido para las mujeres hacer periodismo en Colombia

No hay que olvidar que en el periodismo, profesión ejercida históricamente por hombres, las mujeres han luchado para ganarse un espacio y así lo han hecho. Afirmaciones como las de Verónica Alcocer, esposa del candidato Gustavo Petro, desvirtúan la historia de las mujeres en este oficio.

En esta campaña, el “todo se vale” parece haber cobrado protagonismo. No han faltado las mentiras, las denuncias de filtraciones, los señalamientos, las mentiras o afirmaciones que han sido centro de intensos debates, incluso por encima de las mismas propuestas de los candidato a la Presidencia de la República. Verónica Alcocer, esposa del candidato presidencial Gustavo Petro, está en el centro de las polémicas. 

En un video compartido en redes sociales, Alcocer se refirió a las periodistas de Colombia y cuestionó su crecimiento laboral, en medio de un debate interno de la campaña que ha hecho parte de los nuevos ‘Royvideos’ o ‘Petrovideos’: “(A las periodistas) les va bien porque todas entran de reporteras y todas terminan en lo mismo, casándose con los dueños. Para eso entran ahí”, se le oye decir. 

El comentario, muy desafortunado y estigmatizante, como ya lo han hecho saber varias periodistas, generó tal revuelo e indignación, que Alcocer tuvo que salir a ofrecer disculpas y aseguró que dichas grabaciones, que se dieron inicialmente en un espacio privado, habían sido sacadas de contexto. “Pido sinceras disculpas a las periodistas que les hayan ofendido las grabaciones ilegales y sacadas de contexto, que no representan mis ideas“, dijo. A su vez, aseguró que respeta a las profesionales y que trabaja para “fomentar que se respeten y valoren a todas las mujeres de este país”. 

Si bien no se conoce el contexto de la grabación, en la que además se mencionan algunos nombres de reconocidas comunicadoras, sus afirmaciones muestran un desconocimiento de lo que ha sido el trabajo de las mujeres por ganarse, cada vez más y por fortuna, un espacio en un mundo que históricamente había sido controlado por los hombres; ni mucho menos, del complejo panorama de acoso laboral y sexual que se vive en una parte del medio periodístico nacional. Que una afirmación de estas, proveniente de quien pudiera ser la próxima primera primera dama de la Nación, desató las protestas y rechazos, no solo de las periodistas, sino de directores y reporteros.  

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Un entorno complejo

A  finales de 2021, la Fundación Karisma y la Red de Periodistas con Visión de Género dieron a conocer un informe sobre la situación de las mujeres en los medios de comunicación. Los datos revelaron un panorama poco alentador: el 67 por ciento de ellas dijo haber sufrido acoso sexual en el desarrollo de su labor.

Los principales perpetradores de estas violencias son sus colegas hombres (51,3 por ciento), seguidos de sus jefes o supervisores (38,8 por ciento) y sus fuentes (27,2 por ciento). 

Además, el 73 por ciento de ellas han vivido uno o más actos de violencia psicológica. Entre ellas, ser interrumpidas en una reunión o conversación personal (35,7 por ciento); seguida de los gritos, manipulaciones y humillaciones (31.7 por ciento). 

Mujeres acoso sexual (periodistas)
Acoso sexual a periodistas. Foto: informe.

Estos datos demuestran lo repetitivo y naturalizados de estos comportamientos en las salas de redacción, así como la forma en la que algunos hombres usan su posición de poder o autoridad para perpetrar algún tipo de violencia. Esta es, de hecho, una de las principales conclusiones del informe: “Los múltiples patrones sistemáticos del patriarcado” llevan a que las mujeres “aprendan a evadir y minimizar estas violencias, mientras que sus colegas hombres toman ventaja de sus privilegios y su posición de poder para ejercerlas impunemente”. 

Y denunciar estos comportamientos es bastante complejo en la mayoría de los casos por el miedo a recibir señalamientos, malos tratos, humillaciones, la posibilidad de ser ignoradas o cuestionadas sobre la veracidad de lo sucedido; y por la posición de poder en la que, generalmente, el victimario se encuentra. Incluso, el temor se extiende a ser vetadas de otros medios, en un futuro, por atreverse a denunciar.

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Como la cifra misma lo demuestra, han sido varios los casos de acoso sexual y algunos ya se han ido conociendo. Uno de los más recientes es el de Vanesa Restrepo, que denunció ser víctima de acoso sexual por parte de uno de sus compañeros, mientras trabajaba en el periódico El Colombiano, de Medellín. Según describió, informó al medio sobre lo sucedido, pero no se le prestó atención. Finalmente, en respuesta a una tutela presentada por Restrepo, la Corte Constitucional reconoció que el periódico no aplicó protocolos para evitar lo sucedido ni tomó medidas para atender su denuncia. 

El informe de las organizaciones también recoge otros casos de acoso sexual. Una periodista, por ejemplo, contó que en repetidas ocasiones le dijo a un compañero que no le tocara el cabello, que le incomodaba, pero este continuó. Otra describió que, cuando era practicante en un periódico, uno de sus compañeros la agarró de las manos, contra el muro: “Yo le dije ‘¡¿Qué le pasa?!’, ¡suelte!”. Y el tipo: “No grite, no grite que eso vuelve y sale”, y luego se cagó de la risa. Todos los hombres que había alrededor me decían: “Tan boba usted…”. Me acuerdo de que salí corriendo. Desde entonces le cogí cierto miedo y eso le daba más risa al tipo”.

Otro hecho a destacar es que esas posiciones privilegiadas de algunos colegas les permiten, además, hacer solicitudes de favores sexuales, lo que se constituye, precisamente, como acoso sexual. “Muchas veces, incluso, se espera que [las periodistas] ‘paguen’ con favores sexuales; un avance, contratación o ascenso en sus trabajos en los medios de comunicación”, dicen las dos organizaciones al respecto. 

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Años abriendo camino

Pero esto no es lo único que con esas afirmaciones se pasó por alto o que puede causar algún daño, pues la generalización, que parte quizá de algunos (pocos) casos, desconoce el trabajo de años de periodistas para dignificar su labor.

A las mujeres les ha tocado ganar espacio en una profesión ejercida históricamente por hombres. Emilia Pardo Umaña, considerada una de las pioneras en ejercer profesionalmente el periodismo en el país, se enfrentó al machismo de la sociedad y de la profesión en los años 40 del siglo XX. Era brillante. Fue una gran reportera y columnista política. Y, valiéndose de sus capacidades y talento, llegó a escribir en medios como El Espectador y El Siglo. Su trabajo le abrió camino a muchas otras.

Más adelante, en los años 70 y 80, “una nueva generación de jóvenes periodistas le dio una nueva dimensión al ejercicio profesional, después de décadas de menosprecio”, como dijo en sus redes sociales la escritora y periodista Olga Behar. Algunas de ellas son Cecilia Orozco y María Jimena Duzán. Y “ninguna […] terminó en la cama de los jefes”, recordó Behar.

Los años siguientes no fueron nada fáciles. Además de enfrentar los contextos ya mencionados, también tuvieron que hacer frente a las circunstancias de un país asfixiado por la violencia, el narcotráfico y los grupos armados ilegales o guerrilleros.

En los últimos años, aun con dificultades para ejercer su profesión, las nuevas generaciones también han hecho lo suyo, conquistando otros espacios y poniendo en la agenda temas que antes no se discutían, como el hacer cubrimientos periodísticos durante la menstruación; la endometriosis o las mayores dificultades que tienen las mujeres para ejercer el periodismo en las regiones.

En Colombia no es fácil hacer periodismo siendo mujer. Aunque algunas han dado importantes pasos para el respeto de sus derechos, todavía queda un largo camino por recorrer. Y afirmaciones como las de Alcocer desconocen todo esto. Y aquí es donde el aceptar que se cometió un error cobra un papel crucial. Como le dijo la periodista Behar a Alcocer: “así como Sofía Petro dijo que su papá, Gustavo Petro, está en deconstrucción, sé que usted también está en ese proceso. Y eso es lo positivo de todo lo sucedido. Ojalá nos vemos todos y todas con respeto, y esto sea una anécdota que ayude a crecer”.

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