El marañón de Vichada, promesa agroindustrial y alimentaria para el mundo

Gustavo Delvasto D.

Agencia Anadolu

Con la inauguración este año de la planta de producción Marañones de la Orinoquía en Puerto Carreño, su gerente aspira a surtir parte del consumo nacional, a que el país deje de importarlo y llegar a mercados extranjeros.

Sara Beltrán no se imaginó que, hace casi 10 años, durante un viaje familiar por el departamento del Vichada, en el sureste del país, a varios días de camino de Bogotá, llegaría una idea que abarcaría todas sus expectativas de vida, como profesional del derecho, como aspirante a empresaria, como persona interesada en labor social y como medio para alimentarse mejor sin recurrir a la proteína animal.

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“Empecé derecho en búsqueda de ayudar a la gente. ¿Qué mejor que construir país y generar empleo?”, con el marañón, un fruto seco que crece en condiciones como las de la Orinoquía colombiana, aquella región limítrofe con Venezuela, olvidada desde hace años y muchas veces subestimada por la capital colombiana, donde se toman decisiones sin conocer las necesidades y potenciales de regiones apartadas del país.

El marañón se conoce en otros países como anacardo, merey, nuez de la India y castaña de cajú, en portugués; Cashew, en inglés; pero su nombre en botánica es Anacardium occidentale.

El árbol de marañón es de altura media, puede alcanzar los ocho o nueve metros de ancho, hojas biches y tronco delgado; se cultiva en la región del Vichada desde 1988 y produce un exótico fruto tipo almendra que puede tener diversas aplicaciones en la industria de alimentos o el sector farmacéutico, entre otros. 

En ese entonces, cuenta Beltrán a la Agencia Anadolu, “tuve la oportunidad de conocer algunos pocos cultivos que se daban y me enamoré del marañón, yo, siendo vegana. Para mí, el marañón me da minerales, proteína, vitaminas. Como no como carne, pues me toca hacer de todo con el fruto: tortas, lasaña de marañón, hamburguesa. Me encanta”, asegura la joven de 34 años, gerente general de Marañones de la Orinoquía, la empresa que inauguró la primera planta en el país de procesamiento del fruto, en la localidad de Puerto Carreño, capital del departamento.

Ese 11 de julio, día de la puesta en marcha de la planta, quedó marcado para la historia personal de Sara Beltrán como la culminación de un recorrido iniciado formalmente en 2016, después de que ella decidiera que sus pequeños experimentos de cultivo se tornaran en una promesa agroindustrial con todas las de la ley, para que el marañón fuera una opción sostenible comercialmente y una alternativa de consumo.

Marañón, producido e importado

Beltrán cuenta que, pese a las propiedades de este fruto y a las ventajas geográficas y climáticas de los llanos orientales, el 98 por ciento del marañón que se consume nacionalmente es importado.

En un texto de análisis en el medio digital Agronegocios, la empresaria afirma que, de acuerdo a “Trademap.org, en 2020 se importaron 211 toneladas de marañón procesado sin cáscara, de las cuales 126 tuvieron a Brasil como país de origen y 85, a India”. Algo que no es del todo extraño, ya que en el nordeste de Brasil los portugueses iniciaron los cultivos del producto y, posteriormente, lo llevaron a otras regiones como Asia, India, Vietnam, y África, especialmente en Costa de Marfil, debido a las condiciones climáticas similares.

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Así que, para Sara Beltrán, sus familiares, amigos, pequeños empresarios —todos, socios de este emprendimiento—, el marañón tiene un enorme potencial en el mercado nacional. De igual forma, esta abogada y empresaria aspira llegar a Estados Unidos —el mayor importador de marañón—, así como a la Unión Europea y el Reino Unido

En el mundo hay una altísima demanda de nueces, de frutos secos, por la evolución que ha sufrido el consumo de los seres humanos a productos más sanos. Entre las frutas secas del clima tropical está el marañón. Sin embargo, la demanda no está satisfecha. Existen cerca de cuatro millones de toneladas que se demandan en el mundo y solo se producen dos millones“, asegura Laura Arango, ingeniera agrónoma con énfasis en mejoramiento genético, consultora y asesora técnico científica de Marañones de la Orinoquía. 

La experta, una de las más destacadas del país en cuanto a productos agrícolas, dice que esto se debe a que las áreas donde se siembra el marañón en el mundo muchas vecesya están copadas, donde se puede producir bienAhí es donde el Vichada tiene un potencial de producción con cerca de 700 mil hectáreas, que no tienen otras opciones de producir. Solo el marañón”.

Sara reitera en su análisis que Colombia podría competir con referentes mundiales como India, que cosecha 743.000 toneladas al año; Costa de Marfil, que cosecha 793.000; Vietnam, con 225.000; y Brasil, con 139.000, todos, países exportadores, pero, a su vez, con gran demanda interna. Una buena producción en la región del Vichada, a juicio de Sara, disminuiría las importaciones, abarataría los costos del marañón y, posteriormente, permitiría fortalecer la oferta comercial en el exterior.

La agrónoma, residente en Palmira, Valle del Cauca, afirma que el Vichada tiene un clima “excepcional”, comparable o similar a la mayor zona productora en India, que es Kerala, una región donde el fruto se produce naturalmente.

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Sara habla de que, hasta el momento, tienen cerca de 680 hectáreas cultivadas, a lo cual se suma esta primera planta, con tecnología de punta, en un área de 1.400 metros cuadrados, “con una capacidad instalada de procesamiento de 1.000 toneladas de nuez al año, para favorecer el aprovechamiento de todas sus partes”. 

De igual forma, dentro de los beneficios que menciona está la creación de 150 empleos, entre directos (50) e indirectos (100).

En muchos momentos dudé. Todavía no me lo creo”, confiesa Sara, cuando se le pregunta sobre si en algún momento intentó ‘tirar la toalla’, especialmente debido “al tema del transporte, de accesibilidad; pero pensaba (que) si un vietnamita, indio o africano venían a comprar marañón acá, sin procesar, y todavía era negocio para ellos, pagando flete, ¿por qué no transformarlo acá y generarlo acá, en esta región que tanto necesita empleabilidad?”.

Sara, con la ayuda técnica de Laura, aspira a propagar las buenas prácticas agrícolas en la región, “que la gente siembre el marañón que es, la genética que es, para que en cinco años un campesino o pequeño productor no esté quebrado porque sembró el clon que se da más fácil, pero no el que más rendimiento da”, explica, con entusiasmo.

La joven gerente quiere ser una aliada más para que los agricultores de la región transformen su producto, generar empleo capacitado y convertir el marañón colombiano en un fruto de alta demanda, especialmente con su marca Kjú, “insignia de gran calidad”, que saldrá de su planta. 

Ella afirma que “en una industria nueva lo importante es la generación de oportunidades. Con esta planta de procesamiento, el campesino, con su familia, con sus amigos (busquen sembrar) marañón y sepan que hay alguien para que se los procese. Es una planta que está sobredimensionada para lo que hoy producimos”. Su sueño es que todo ese marañón que se siembra en el Vichada se conozca, “bien sea de mi marca, la de otros campesinos. Hay que incentivarlo, hay mercado nacional e internacional” para hacerlo. 

De igual forma espera que el Gobierno del presidente electo Gustavo Petro conozca la iniciativa en esta región olvidada y apartada, ya que dentro de sus propuestas de Gobierno está el incentivar la agroindustria y alejarse de los hidrocarburos y ganadería en diversas zonas, donde, a juicio de ella, se “necesita generación de vínculos sociales, económicos, agrícolas, pues esto es el primer paso para una industria (que es una) promesa para el país, entonces que nos tengan en cuenta para lo que sea”.

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