El eje del mal de las disidencias y narcos que acecha a Cali (IV)

La capital del Valle se convirtió en la joya de la corona sitiada por disidencias del Cauca, bandas criminales, ELN y capos de la mafia.

Cali tiene dos trofeos que se pelean a muerte los grupos armados ilegales y el crimen organizado. Por un lado, está ubicada en el centro de un corredor estratégico que conecta al interior del país con el mar pacífico. Por el otro, es una urbe tan grande y con una economía tan pujante, que permite mimetizar fácilmente las rentas ilegales y a sus capos, y también generar otros lucrativos negocios ilegales, como el del microtráfico.

A ello se suma que la capital del Valle se convirtió en el tránsito obligado de todas las víctimas del fenómeno de violencia que golpea al pacífico colombiano, a tal extremo que esas migraciones formaron cinturones de pobreza que son caldo de cultivo para reclutar jóvenes en la ilegalidad.

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El problema es tan evidente, que este año hubo una operación conjunta entre las autoridades colombianas y la DEA, que permitió la captura de Carlos Requene Gallo, alias Negro, una ficha clave de los enlaces entre los carteles mejicanos y la columna disidente Óliver Sinisterra de las Farc, que delinque en Nariño.

Una migración criminal similar ocurre con quienes integran las bandas La Local y La Empresa, de Buenaventura, tal como se evidenció con el asesinato de Junior Jein, el cantante de salsa choke. O de emisarios de los grupos disidentes del norte del Cauca como la Dagoberto Ramos y la Jaime Martínez, de las Farc.

Precisamente, uno de ellos ha sido el protagonista de acciones violentas en Cali. Ocurrió en la mañana del sábado 26 de junio de este año, cuando disidentes incursionaron en el sector de Pance, zona rural de la ciudad, y asesinaron al patrullero Christian Muñoz Restrepo.

Christian Muñoz Restrepo, patrullero asesinado por disidencias

Fuentes de inteligencia militar y policial coinciden en asegurar que esa zona montañosa de Cali se convirtió en el santuario de disidentes que buscan controlar la ruta que conduce hacia los Farallones de Cali y por ende llegar al mar pacífico.

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De hecho, todo ese corredor de la cordillera occidental, que arranca desde el norte de Nariño, pasando por el Cauca hasta llegar al Valle, es considerado la ‘joya de la corona’ de las organizaciones criminales, no solo porque permite mimetizar cultivos y laboratorios para procesar la coca, sino porque son verdaderas autopistas por donde transita la ilegalidad.

Y uno de esos disidentes que amenaza las goteras de Cali es Johany Noscué Bototo, alias Mayimbú, el temido exjefe guerrillero de las Farc por quien el Gobierno ofrece una recompensa de 1.000 millones de pesos. De Mayimbú las autoridades vienen hablando desde las mingas indígenas con bloqueos sobre la vía Panamericana que une a Cali con Popayán.

Alias Mayimbú

Su nombre salió del anonimato y se convirtió en objetivo de alto valor para las autoridades, luego de ser señalado como el presunto autor de la masacre de seis personas en el norte del Cauca, ocurrida el 01 de septiembre de 2019, en la que fue ajusticiada Karina García, candidata a la alcaldía de Suárez.

Fuentes militares revelaron en su momento que Mayimbú ingresó a las Farc en 2003, cuando aún era un niño. Pese a tener una condena a 30 años de prisión, la pena fue suspendida cuando se acogió al proceso de paz que firmó el Gobierno Santos con las Farc.

Sin embargo, Mayimbú aprovechó esa libertad para volver a su lugar de origen en el norte del Cauca y disputar a sangre y fuego el territorio, hasta conformar su propia disidencia. La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) lo expulsó en noviembre de 2019.

Pero las disidencias no son los únicos males en materia de inseguridad que afectan a la capital del Valle. A la eterna puja mafiosa entre capos del narcotráfico, ahora se suman pequeñas bandas locales que se disputan a muerte el dominio de sus comunas donde expenden drogas, roban y extorsionan.

Así lo describe Fernando Tamayo, concejal de Cali que ha estado vigilante del problema de orden público en su ciudad, al advertir que muchos de los homicidios están relacionados con organizaciones delictivas asociadas a extorsiones y narcotráfico.

“La presencia de grupos al margen de la ley afecta principalmente a la comuna 15, donde se advierte el reclutamiento de jóvenes para trabajar en actividades ilegales asociadas al microtráfico, narcotráfico y ‘gota a gota´”, dijo el concejal conservador tras añadir que esa comuna del oriente de Cali “vive una guerra interna originada por un grupo delincuencial organizado que está desplazando a pequeños expendios que tenían el negocio del microtráfico”.

Tamayo aseguró que en sectores como Siloé hay ajustes de cuentas entre las bandas de Tombo, Nacho y Los Bríñez, “que incluso manejan armas de largo alcance y son los que mandan allí”.

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Esas denuncias coinciden con el fenómeno delincuencial que se refleja en las estadísticas. Según el Observatorio del Delito, durante el primer semestre se cometieron 733 homicidios, es decir, un incremento del 29,5 por ciento comparado con el mismo periodo de 2020, año en el que los caleños estaban encerrados por la cuarentena.

Otra cifra escandalosa la reveló Gustavo Orozco, politólogo experto en seguridad, quien se puso a la tarea de tabular las cifras oficiales sobre extorsiones en la última década y encontró que el fenómeno se incrementó en un 938 por ciento.

“En la última década, la capital del Valle pasó de registrar 54 denuncias por extorsión a la increíble cifra de 531 casos, concentrando el 56 por ciento de los reportes en el departamento”, afirmó Orozco. Esos datos solo confirman que el problema de inseguridad en Cali tiene muchas variables. En el caso concreto de las nuevas vendettas mafiosas, las disidencias de las Farc y bandas criminales que rodean sus montañas, llevan la delantera.

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