Con luces y sombras: el plan de Estados Unidos para controlar la crisis migratoria

No cabe duda de que el problema encomendado a Kamala Harris es pantanoso. Desde que la crisis migratoria se acentuó en la frontera al sur de Estados Unidos, la vicepresidenta se convirtió en la cara visible de aquel país en su cooperación con América Central. Por eso fue más que natural que la primera visita internacional de Harris desde que asumió el cargo fuera a esta región.

La vicepresidenta visitó Guatemala y México, en donde detalló la dirección que tomará el Gobierno estadounidense para controlar la migración. La idea es atacar las causas por las que miles se ven obligados a tomar camino hacia Estados Unidos, como lo son la pobreza, la persecución y la corrupción.

En ambos territorios firmó sendos acuerdos con los mandatarios Alejandro Giammattei y Andrés Manuel López Obrador, a la vez que dejó claro el destino de aquellos migrantes que decidan emprender la travesía hasta la frontera con México: no serán bienvenidos.

Kamala Harris durante su visita al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador. Foto: Jim Watson / AFP

Migrantes, a su suerte

El viaje de Harris no dejó contentos a muchos. Sobre todo al sector más progresista de su partido, que señala como seria afrenta la nueva política. Creen que es inapropiado mantener la dureza en la frontera cuando el país alcanzó en abril un récord histórico de migrantes en la frontera, con 178.000, según la Oficina de Aduanas estadounidense. Rechazarlos sería dejarlos a su suerte, debido a la crisis que también atraviesan los campamentos de migrantes en México.

No vengan, no vengan”, fueron las palabras de Harris en Guatemala, recibidas como un gesto contradictorio con la promesa de resolver humanitariamente la crisis hecha por el presidente Joe Biden en las primeras semanas de su mandato. Alexandria Ocasio-Cortez, representante demócrata y vocera del sector progresista del partido, calificó el discurso de Harris como “decepcionante”, señalando que “buscar asilo pasando la frontera estadounidense es totalmente legal”.

La estrategia asumida por el Gobierno de Biden es tibia, o incluso contradictoria. Como señaló Zolan Kanno-Youngs en el diario The New York Times, “la postura de Harris en los últimos dos días ha revelado un acercamiento moderado que busca proyectar la percepción de que la frontera está bajo control, incluso si eso significa rechazar a los mismos solicitantes de asilo a los que ella dijo que Estados Unidos estaba dispuesto a ayudar”.

El discurso de Harris ha sido catalogado también como una estrategia política para satisfacer a los simpatizantes republicanos y a sus representantes en un tema que es espinoso desde hace décadas. Sin embargo, los propios republicanos, como el senador John Cornyn, consideraron el viaje de Harris una “oportunidad perdida”. Para la vicepresidenta, más que conseguir resultados inmediatos, el propósito de su visita a América Central era más que nada simbólico.

Kamala Harris junto al presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei. Foto: Jim Watson / AFP)

Además, varios especialistas apuntan a la responsabilidad moral que Estados Unidos tiene con los más pobres en América Central. Como señaló en USA Today Jeff Faux, experto del Economic Policy Institute, Estados Unidos tiene mucho que ver en la crisis política, social y económica de sus vecinos del sur, citando las operaciones encubiertas de la CIA para derrocar al presidente electo en 1954, así como la intervención de tropas estadounidenses en la guerra civil de El Salvador en los 80, y la negativa del gobierno de Barack Obama de calificar como golpe de Estado la salida del presidente hondureño en 2009.

Faux señala que “las décadas de intervención estadounidense han dejado los gobiernos de América Central debilitados y frágiles, fortaleciendo oligarquías y carteles de drogas que han, a su vez, alimentado la corrupción y la violencia de pandillas, que han llevado a los residentes de estos países a huir”. En todo caso, no es el único factor que ha ocasionado la inestabilidad en la región.

Atacar la raíz del problema

El plan que la vicepresidenta tiene en mente podría repercutir en la prosperidad de América Central a largo plazo. La idea es que por medio de la inversión estadounidense en la región, se logre mejorar la calidad de vida de la población vulnerable y proclive a emprender camino hacia el norte.

La idea es fomentar empleos sostenibles, mejorar la seguridad y apoyar los programas anticorrupción. En consecuencia, esto haría que los posibles migrantes vean más factible permanecer en su país. En México, el gobierno estadounidense otorgará préstamos destinados a construir viviendas, infraestructura y a fortalecer el sector del cacao y el café. 

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En México también se invertirán unos 130 millones de dólares para proteger el empleo mexicano, y entrenar a los oficiales locales para encontrar a los miles desaparecidos en camino a la frontera.

Los acuerdos también apuntan a que los gobiernos de Giammattei y López Obrador fortalezcan el paso fronterizo entre Guatemala y México, con el fin de frenar las caravanas de migrantes lo antes posible. Pero el plan no estima qué hacer con los migrantes que quedan varados en medio de la crisis migratoria actual.

Mientras tanto, el actual Gobierno mantiene vigente la ley de emergencia impuesta durante la era Trump, que le permite a los agentes fronterizos devolver a los migrantes sin permitirles aplicar para un asilo. La ley, en principio, había sido aprobada como medida de precaución durante la pandemia, pero se mantendría en pie a pesar de que Estados Unidos cada vez está más cerca de la normalidad anterior a la pandemia.

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