¿Ya no quedan federalistas en Colombia?

Pese a que la academia se ha pronunciado repetidamente sobre las ventajas que pudiera ofrecer un estado federal para los colombianos, los políticos profesionales de los últimos dos siglos se han alejado, por prudencia o cobardía, de este crucial tema estructural, prefiriendo ocuparse de otros políticamente más correctos o que estén adornados por vistosas urgencias. Al fin de cuentas, al tema le pusieron cachos y cola: lo satanizaron.

Eso se puede deber, en parte, a que en nuestro país, las discrepancias entre federalistas y centralistas, o entre “carracos” y “pateadores”, fueron casi siempre sangrientas, arrancaron a partir del grito de independencia el 20 de julio de 1810, y se dieron a lo largo del siglo XIX.

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En efecto, es conocido que desquebrajado el florero, de inmediato Cundinamarca se proclamó Estado con orientación centralista, en el que llegó a ser presidente Antonio Nariño. En paralelo, otras provincias y ciudades crearon la República de las Provincias Unidas de Nueva Granada con orientación federal, de la que uno de sus presidentes fue Camilo Torres. Ahí empezó nuestra primera guerra civil, que a la postre ganó La Corona Española con Morillo. La “Patria Boba”, que llamamos.

De suerte que llegó Simón Bolívar, quien organizó la cosa en el más férreo centralismo, hasta que otra guerra civil entre el Partido Liberal y el gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez, el mismo que ofreció gratis el país a los gringos, se dirimió por primera y única vez, en favor de los insurrectos federados comandados por Tomás Cipriano de Mosquera.

Entonces, volvimos a ser federalistas por pocos años con la constitución de Rionegro de 1863, que nos colocó el pomposo nombre de “Estados Unidos de Colombia”. La dicha fue efímera, por la exuberancia libertaria de la denominada “constitución para ángeles” como dizque la denominó el inmortal escritor francés Víctor Hugo.

Como en el siglo XIX todo se resolvía a bala, en julio de 1885 los federalistas perdieron la batalla de La Humareda. Una vez conocido el resultado de esta, el presidente Núñez salió al balcón del palacio de gobierno y proclamó: “La Constitución de Rionegro ha dejado de existir, sus páginas manchadas han sido quemadas entre las llamas de la Humareda”

Se inició así el imperio de la Constitución de 1886, que proclamó una república unitaria manejada con puño de hierro desde Bogotá. La Constitución de 1991, aunque no le quebró la espina dorsal a la anterior, adoptó importantes medidas de descentralización administrativa, como la elección popular de alcaldes y gobernadores. Pero hasta ahí. Porque los gobernantes regionales solo pueden ejercer como ejecutores de la política que dicten los ministros desde el poder central. Igual ocurre con asambleas y concejos municipales que únicamente coadministran y ejercen control político sobre estos.

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Los resultados de la férula centralista en nuestro país no han sido halagadores, y aunque no volvimos a tener guerras civiles clásicas, tampoco hemos gozado de un solo día de paz por los conflictos sangrientos con el bandolerismo, las guerrillas, los grupos paramilitares o las bacrin, algunos más sangrientos que las guerras decimonónicas.

No obstante, a mi juicio, las ventajas del federalismo para un país con grandes diferencias culturales y geográficas como el nuestro son evidentes: reparte y equilibra el poder entre el gobierno nacional y los gobiernos estatales, lo cual implica mayor eficiencia estatal y menores posibilidades de tiranía o de corrupción. Además, como los ciudadanos están más cerca de las decisiones políticas que les atañen, se propician respuestas más rápidas, el empoderamiento, la participación, la resolución de los conflictos, y permite la innovación y la creatividad política.

El federalismo posibilita la profundización de la democracia, es connatural con las ideas liberales, insumisas a las absolutistas. Por eso, cuesta entender por qué en el siglo XX y XXI, los grandes líderes liberales como López Pumarejo, Gaitán, Lleras Restrepo, Galán y el mismo Petro no hayan actualizado, profundizado y promovido el debate sobre los conceptos federales. 

Porque ahora que comienza a coger tono la contienda electoral a la presidencia de la república, y ante el recrudecimiento de la guerra, el derrumbe institucional y el estruendoso fracaso del actual gobierno, el debate engavetado sobre la forma como se debe organizar país territorialmente, no se pueden escamotear, ni por prudencia ni por cobardía.

Urge quitarle los cachos y la cola que le pusieron a la federalización, tanto las guerras civiles del siglo XIX, como los dueños del país de todas las épocas que son los que nos reparten las rodilleras.

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6 Comentarios

  1. Luis Marino Quijano

    Si se va a hablar de Estados Federales, le quitaría una buena tajada de la torta a los corruptos. Les quedaría muy poquito para repartir y robar. Eso del Federalismo no es de su interés, por eso no progresa. Pero sí sería una buena opción para el progreso de las regiones. Aquí tenemos el caso de Buenaventura, que el Centralismo la tiene en el más infame abandono. Con un Valle Federal, se le puede cambiar la cara y tendríamos un puerto ejemplo para la región y el mundo.

  2. Alfonso Díaz Bonilla

    Excelente Pedro con todos y cada uno de sus escritos muy bien fundamentados en la historia de nuestro país, los leo con sumo cuidado para llenarme de la sabiduría que Dios te ha otorgado, gracias Pedro Luis, bendiciones.

  3. Cómo se lamentaba el Maestro Antonio Caballero del desconocimiento de la etapa de la República de nuestro país, ya que las clases de historia fueron abolidas en el bachillerato, por lo tanto, al leer tu importante y bien documentada exposición te pidió el favor que amplíes en próximas más aspectos concernientes a ella. Personalmente me gustaría que ampliaras el insólito ofrecimiento de Mariano Ospina Rodríguez a los “gringos”.

  4. Conocer La historia de nuestro país que tanta falta hace fue abolida de la enseñanza en el bachillerato, de ahí tanto profesional que desconoce lo que fue el acontecer y la evolución de los partidos y la política en nuestro medio. Gracias por divulgar y enseñarnos lo que fue de nuestra colombia

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