Yael Martínez, el fotógrafo que registra a los migrantes y los desaparecidos en Centroamérica

A propósito de ‘Miradas testigo’, una exposición en Bogotá sobre fotografías tomadas durante crisis humanitarias, Diario Criterio habló con el mexicano sobre su trabajo con los migrantes centroamericanos. 

En Bogotá se lleva a cabo, por estos días, una muestra fotográfica gratuita y al aire libre que permite ver de primera mano los horrores que las guerras, la violencia y los desastres naturales causan en el mundo. 

Se trata de Miradas testigo, organizada por Médicos sin Fronteras y la agencia Magnum Photos, una exposición de 32 fotografías emblemáticas sobre crisis humanitarias en los últimos 50 años, y que estará entre el 24 y el 30 de septiembre en la plazoleta del Carulla de la calle 85 con carrera 15, y entre el 1 y el 6 de octubre en la calle 103 con carrera 15. 

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Se podrán ver imágenes de los campos de refugiados en Tailandia durante los años sesenta; la crisis humanitaria de Etiopía en los ochenta; el genocidio de Ruanda, 1994; la Guerra de Kosovo, a finales de los noventa; el reciente conflicto en países como Líbano y Afganistán, y el terremoto de Haití, en 2010, entre otros sucesos.

A propósito de la muestra, Diario Criterio habló con el fotógrafo mexicano Yael Martínez, ganador del World Press Photo. Sus fotografías sobre la crisis de migrantes en México y Honduras no solo hacen parte de la exposición -que ya estuvo en Francia e Italia-, sino que muestran de una forma cercana e íntima el drama de cientos de familias que buscan un mejor lugar para vivir.  

Yael Martínez en una imagen tomada de su página web.

“Toda realidad se modifica con el simple hecho de llegar y sacar una cámara”

Diario Criterio: ¿Cómo comenzó a tomar fotografías y a interesarse en temas de conflicto y crisis humanitarias? 

Yael Martínez: El trabajo que he venido desarrollando por años ha sido en torno a la desaparición forzada y la violencia en Guerrero, mi estado en México, uno de los más pobres y violentos del país, y donde se produce la mayor cantidad de goma de la amapola, que es usada para fabricar la heroína. Yo empecé desde 2003 a documentar las desapariciones forzadas, porque perdí a dos miembros de mi familia. Entonces,  comencé a trabajar con mi familia, a hacer fotos, y posteriormente eso se extendió a familias de Guerrero, Sinaloa, Veracruz y el estado de México. 

Diario Criterio: ¿Y cómo era el proyecto? 

Y.M: La idea era hablar de cómo se vive la violencia en el día a día, pero mostrando de forma íntima a las familias. Mirando más allá del duelo, de los bloques de búsqueda que organizaron para encontrar a sus seres queridos y de la constante lucha que ellas tenían contra el Estado y el crimen organizado.

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Diario Criterio: En ‘Miradas Testigo’, la exposición de Médicos Sin Fronteras que se presenta en Bogotá, hay fotos suyas sobre los migrantes en Centroamérica, ¿cómo empezó a interesarse por este tema? 

Y.M: Lo que empezó a unir ese trabajo previo con el que ahora se presenta en Bogotá es que había mucha gente que estaba migrando a causa de la violencia. Eso era algo muy común en Centroamérica, pero también en Guerrero, donde había mucho desplazamiento forzado a causa del crimen organizado. Así que empezamos a plantearnos un proyecto en el que habláramos de la migración. Y yo quise hacer una vuelta de tuerca: en lugar de seguir la lógica de México solo como un lugar de paso migratorio, mirar a México como un país que también expulsa a mucha gente. Eso lo sumamos un poco con la migración de hondureños a causa de la violencia y de las inundaciones. Porque no solo la violencia causa migración en Centroamérica, también estas problemáticas que se generan a causa del cambio climático. 

Diario Criterio: ¿Por qué hacer un registro de estas situaciones con fotografía? ¿Qué es lo que más le gusta de las fotos?

Y.M: Yo empecé en 2008 a trabajar con la fotografía. Antes tenía intenciones de hacer pintura y de documentar todo esto a través de la pintura, pero me encantó la fotografía por la posibilidad del trabajo de campo y de realmente estar en el espacio, conocer a las personas, a las comunidades y entender cuáles son los conflictos que se están generando alrededor de ellos. Era la manera más próxima para generar un documento de registro y un punto de vista propio sobre estas problemáticas. A lo largo del tiempo eso ha venido cambiando…

Diario Criterio: ¿Cómo?

Y.M:
Mi trabajo ya no solo es foto fija, sino que también incluye otras técnicas o posibilidades de expansión de la documentación. Y habló de entrevistas, videos y piezas experimentales. Pero de alguna forma el corazón de todos estos proyectos sigue siendo el mismo: el valor de la memoria histórica como documento. Todo se trabaja dentro de la comunidad, pero con distintas formas de representar la realidad. 

Diario Criterio: El trabajo de campo para documentar este tipo de situaciones es difícil, ¿cómo abordas tú a estas personas que normalmente pasan por un muy mal momento y no piensan en fotos ni en registros?

Y.M: Regularmente solo me vinculo a proyectos por los que sienta una conexión personal y que muestren situaciones que, de  alguna forma, yo haya vivido en primera persona. El de las desapariciones partió justo del hecho de que había perdido a dos miembros de mi familia. Y el de la migración me interesó porque fui inmigrante ilegal hace 12 o 15 años en Estados Unidos.

Yo creo que eso me abre una posibilidad distinta de generar empatía y un acercamiento distinto con las personas que me cuentan sus experiencias y me muestran su vida. Siempre les hablo de mi experiencia y de por qué creo que es importante generar estos documentos históricos. Esto es importante porque yo siempre he creído que la fotografía es un arte coral y colaborativo, que se genera de la suma de energías de la persona que está fotografiando y las personas que están interactuando en ese tiempo y espacio específico. 

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Diario Criterio: ¿Usted sigue teniendo relación con ellos luego? Lo pregunto porque algunos fotorreporteros vienen de una escuela en la que está mal visto generar conexiones o relaciones con las personas a las que fotografían…

Y.M: Yo no me considero fotorreportero. Siempre he dicho que mi trabajo está más vinculado a la fotografía documental. Sé que hay diferencias porque justamente el reportero trata de entablar una relación lo más objetiva posible: él está documentando una realidad y trata de no modificar esa realidad. Yo, en cambio, creo que toda realidad se modifica con el solo hecho de sacar una cámara. Para mí lo más importante es generar diálogo y conexión con las personas con las que estoy trabajando y me interesa que las imágenes que se generen sean resultado justo de ese diálogo y de esa conexión. Así que yo trato de seguir en contacto con las personas.

Diario Criterio: ¿Por qué es importante que la gente vaya y vea la exposición que se está haciendo en Bogotá? 

Y.M: Ahora mismo es importante ser empáticos y aplicar el concepto de comunidad. Por situaciones que nos está poniendo la vida nos hemos dado cuenta de que cada vez es más valioso fortalecer el sentido comunitario. Así que conocer estas situaciones y meternos, de alguna forma, en una pequeña fracción de esas experiencias permite generar un diálogo y abrir la empatía para tratar de entender, por ejemplo, qué motiva a un padre, a una madre o a una familia a poner en riesgo su propia integridad y su vida solo para tratar de preservarla o de tener mejores condiciones. 

Foto: © Yael Martínez / Magnum Photos. Coatzacoalcos, México. Karen Yoselyn Reyes, de 7 años, ha estado viajando durante 12 días con su madre y su hermana pequeña. Partiendo de Yoro, en Honduras, caminaron desde Tapachula (Estado de Chiapas) hasta Coatzacoalcos (Estado de Veracruz).

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